PRO ya comienza a pagar “costo Juez” en la provincia

Por Pablo Esteban Dávila

Luis OlgaMauricio Macri no podía imaginar, a comienzos de año, el calvario en que se transformaría Córdoba para sus ambiciones presidenciales.
Hacia septiembre del año pasado, la elección municipal en Marcos Juárez le deparaba la primera de las que –se descontaba– sería una serie de grandes alegrías provinciales.
A partir de aquél momento, los estrategas amarillos se dispusieron profundizar su alianza con los radicales y explorar la incorporación de Luis Juez (junto a su menguado séquito de adherentes) a un mega frente opositor.
Muchos mostraron su desagrado con esta última posibilidad. Ramón Mestre, previsiblemente, fue el primero dentro de la UCR que advirtió la inconveniencia de este fichaje. En la periferia del PRO (especialmente entre los dirigentes que provenían de la UCEDÉ) también se desaconsejó enfáticamente la movida, aunque en forma reservada. Ni unos ni otros lograron conmover la decisión macrista de sumar al senador a un armado que, con el transcurso de los meses, sería pomposamente denominado “Triple Alianza”.
Como se sabe, el ensamble no tuvo éxito en lograr el triunfo provincial. Oscar Aguad fue derrotado por Juan Schiaretti por un margen de siete puntos y Macri se quedó con las ganas de festejar en un distrito que consideraba propio. El resultado detonó las inconsistencias incoadas desde el mismísimo origen de la alianza. Tan pronto como se conocían los primeros resultados para gobernador, comenzó a expresarse un malestar que, con algún recato, los protagonistas se habían abstenido de hacer público durante la campaña.
Aguad, que había sumado a Juez como su general electoral, culpó a Mestre de no haber trabajado lo suficiente, una acusación que sirvió de catalizador para que el líder del Frente Cívico se sumara a las críticas con su característica maledicencia. El intendente, ni lerdo ni perezoso, respondió que la entente había logrado el triunfo en la capital gracias a su gestión, un extremo imposible de comprobar, tanto en uno como en otro sentido.
La proclamación de la fórmula Juez – Riutort fue la frutilla del postre que coronó esta historia de desencuentros. El radicalismo bramó contra la traición del senador y pidió su expulsión de la boleta de Cambiemos. Juez renunció ante escribano público (un gesto sin ningún valor práctico) y reafirmó su fe macrista, una convicción que, por estas horas, parece tener tanto valor como sus famosas denuncias anticorrupción.
La situación es compleja. Un Whatsapp que circula por estas horas resume el asunto jocosamente: “Juez apoya a Macri que a su vez apoya a Mestre, pero Mestre apoya a Sanz que apoyó a Lousteau contra Macri, que fue apoyado por Aguad que no recibió el apoyo de Mestre. A su vez, Juez apoya a Macri pero Olga apoya a Massa, y juntos enfrentan a Mestre que lleva a Lábaque por pedido de Macri…”. Pura –y anónima– sabiduría popular.
Como puede comprenderse, este galimatías ya trae serios dolores de cabeza al porteño. Una de las consecuencias más palpables es que no visitará nuevamente a la provincia antes de las PASO. En realidad, si se computan sus últimas incursiones al distrito, poco ha hablado de sus planes presidenciales y mucho de las insalvables diferencias que separan a sus nominales incondicionales. El desperdicio de tiempo y esfuerzo en mantener una tropa artificialmente unida durante el pasado reciente ha sido dantesco. Y, lo que resulta todavía más frustrante, los resultados obtenidos decididamente magros.
Su aliado y competidor, Ernesto Sanz, no tiene esas dificultades. Con Ramón Mestre definitivamente alineado a su lado (probablemente por el despecho producido por las ingenuas contemplaciones de Macri hacia las graves inconductas juecistas) estuvo el sábado promocionando su candidatura en la provincia. Seguramente no le alcanzará para acortar la brecha que lo separa del jefe de gobierno, pero constituye un símbolo de hasta dónde ha llegado la inconsistencia de la estrategia amarilla. Es un hecho que el mendocino se mueve hoy con mayor comodidad que aquél dentro de Córdoba.
Es, sin duda, un alto precio que paga Macri por el capricho de mantener a Juez dentro de Cambiemos. Dentro del radicalismo se expresa cada vez más a viva voz que este empecinamiento terminó por darle otra vez alas a un dirigente que había extraviado su credibilidad y sus votos, en tanto que existen sectores sociales genéticamente afines al PRO que comienzan a distanciarse por estos yerros tan bizarros. En voz baja, algunos encuestadores dicen haber detectado este malhumor: José Manuel de la Sota estaría próximo a aventajar a Macri en la provincia. Es la primera vez que ocurre desde que ambos se lanzaron a la carrera presidencial. Hay errores que pueden pagarse muy caros.
Existe otro factor que, no obstante que por ahora intrascendente, puede terminar afectando negativamente el ulterior desarrollo del PRO cordobés. Como todo el andamiaje político local fue gestado en la Capital Federal con muy escasa participación de los referentes territoriales, el partido es una entidad muda ante los inextricables sucesos desatados por Juez. Ninguna autoridad partidaria ha sentado una posición firme ante los últimos sucesos y, dado los antecedentes, es harto improbable que lo hagan. El resultado es el de una fuerza anómica, una entidad con un liderazgo tercerizado que difícilmente obre como una fuerza no ya de atracción, sino de mera referencia para la política mediterránea. El sainete al que voluntariamente se han prestado sus dirigentes, sea por acción como por omisión, ha transformado al PRO en una entidad subordinada a las disputas entre Juez y Mestre, una especie de suplente que nunca termina de entrar a la cancha para reclamar su posición en el campo de juego.
Lo ocurrido no deja de ser una lección para la post política. Tanto énfasis en superar las categorías ideológicas como meros asuntos del pasado para terminar siendo víctima de un dirigente sin ideología ni coherencia es, cuanto menos, paradigmático. Si fuera un experimento de la sociología electoral hasta podría resultar divertido. Pero, y lamentablemente, se tratan de asuntos muy reales, que determinan que Mauricio Macri, el macho alfa de los presidenciables en Córdoba, se aleje temeroso de su geografía ante la perspectiva de tener que explicar un culebrón que lleva su copyright antes de reclamar para sí el voto de sus habitantes.