Oferta debut de Juez-Riutort: baja demagógica de impuesto

0 ilustra pinguino y gatubelaPor Yanina Passero
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Luis Juez prometió a los vecinos una administración municipal basada en la “justicia y sensibilidad”. Olga Riutort se mostró “avergonzada” por la escalada del impuesto inmobiliario durante la administración radical -asegura que creció 157 puntos- y la presunta ausencia de la contraprestación a la contribución vecinal. El tándem político, que pateó el tablero causando un alto impacto en las arenas de la política local, realizó esta puesta de sentimientos y deseos al comunicar su primer compromiso de campaña: la reducción del impuesto inmobiliario en un 25 por ciento.
Conviene no adjudicarles a la dupla Juez-Riutort la idea original de la propuesta para la ocasión. El electorado ha sido testigo de consignas similares. Recuerde: José Manuel de la Sota logró la gobernación de la provincia con su oferta de reducción impositiva del 30 por ciento. Ahora refrenda la iniciativa en su carrera por conquistar la Rosada. Tampoco olvide que Germán Kammerath hizo lo propio en el municipio.
A las claras, son iniciativas que seducen al electorado ávido de dirigentes que muestren moderación en materia de presión impositiva. ¡Ni hablar si ofrecen rebajas! La viabilidad de una propuesta (tan legítima como otras) y el análisis del beneficio/perjuicio de su aplicación, no debe incluir sólo la variable política. Es probable que la rebaja impositiva sea una buena carta para obtener resultados en una pugna electoral, pero no puede desprenderse de la realidad financiera del estamento del Estado que se pretende gobernar, en este caso la Municipalidad.
En la jornada de ayer, Juez y Riutort se subieron al tren de los ofrecimientos de campaña de alto poder de atracción, confiando en el concepto de memoria selectiva que afirma que podemos fijar en nuestros recuerdos hechos y anécdotas, mientras que olvidamos otros de forma deliberada.
Probablemente, no todo el electorado recuerde que hoy concurren aliadas dos figuras de la política local que desempeñaron el rol de denunciante y denunciada por graves episodios de corrupción; sin citar las descalificaciones mutuas que las páginas de los diarios atesoran como archivo de lo que hasta la semana pasada parecía un acuerdo político quimérico. Quizás tampoco tenga en mente el grado de responsabilidad de las acciones (directas o indirectas) de Juez y Riutort en el desdibujamiento de la silueta financiera de un municipio que a duras penas puede devolver impuestos en obras y no puede perforar el piso del 60 por ciento del presupuesto en dedicación a sueldos.
A la compañera de fórmula de Juez, en su función de presidenta de la junta Capital del PJ durante la administración de Kammerath, le correspondía jurisdiccionalmente el acuerdo político municipal que implicó la rebaja impositiva. Varios expertos coinciden con que el sostenimiento de la medida a pesar del contexto económico adverso fue el origen del caos. O en otras palabras, el inicio del desfinanciamiento del municipio.
Durante la administración juecista no sólo se mantuvo el descuento del 30 por ciento, luego derogado por el mestrismo; tampoco se realizaron las reactualizaciones impositivas necesarias, aunque impopulares. Sólo un ejemplo, el canon pagado a la empresa de recolección de residuos del momento era de 3.200.000 de pesos cuando la contribución inmobiliaria (que se destina a alumbrado, barrido y limpieza) era de 7.200.000 de pesos. Lógicamente, con la devaluación que comenzó por aquellos años la carga por la empresa Cliba comenzó a trepar y fue Daniel Giacomino, primero; y Mestre, después, quienes tuvieron que ponerse al día con las revaluaciones fiscales para recomponer la silueta del municipio.
Al estancamiento impositivo, se sumó el ingreso masivo de personal que explica, en gran parte, por qué la Municipalidad no puede devolver servicios de calidad al vecino, como exige Riutort. Peso que entra, peso que se va en sueldos. Juez ostenta el engrosamiento de la planta de personal en más de 4.300 empleados de dudosa cualificación. Otro dato: Riutort contribuyó pasivamente a la pérdida de los empleados más cualificados del municipio ya que se la sindica como la autora intelectual de las jubilaciones anticipadas en la provincia, plan al que la Municipalidad adhirió.
Como se evidencia, la reducción impositiva es válida si se estudia con “sensibilidad”, como promete ahora Juez dejando atrás lo actuado. La historia del municipio capitalino puede dar fe de manejos oportunistas o acertados. Aunque abundan los grises: en la actualidad, Ramón Mestre sostiene descuentos del 10 por ciento a los contribuyentes que mantienen sus impuestos al día.
La rebaja no sólo sirve para ganar una elección, sino también para levantar el perfil de una gestión obligada a continuar con la carga pesada del costo político por las revaluaciones que otros evitaron. Lo cierto es que todo descuento se admite sólo cuando la administración está del lado del debe y no del haber.