Un gran golpe de efecto, pero con dudosas consecuencias electorales

Por Pablo Esteban Dávila

Luis OlgaSi buscaban un golpe de efecto no hay dudas que lo lograron. La fórmula Luis Juez – Olga Riutort rompió con cualquier especulación previa. Nadie, excepto los protagonistas de esta novela, suponía este desenlace.
No obstante, todavía falta mucho para comprobar si la espectacularidad del anuncio se traduce en los votos necesarios para llegar a la intendencia de Córdoba. En lo inmediato, existen dudas legítimas sobre el efectivo comportamiento electoral de la flamante alianza.
Es un hecho que, con esta decisión, la señora Riutort acaba de diferir peligrosamente sus oportunidades de ocupar el Palacio 6 de julio. Hasta que el anuncio se hiciera público, era una seria candidata para desplazar a Ramón Javier Mestre del ejecutivo municipal. Ahora esta chance se ha evaporado. Aun triunfando, su rol estará constreñido al Concejo Deliberante. Es difícil que, siendo Juez el Intendente, acepte cogobernar con alguien que no sea el Secretario General del SUOEM.
En este sentido, no resultan convincentes –mucho menos realistas–las afirmaciones de ayer respecto a que “los problemas (en la ciudad) son tan grandes que hacen falta dos intendentes”. Si esto es cierto, el modelo bifronte que se promete tiene riesgos enormes. No sólo por el hecho –tantas veces comprobado– sobre que en el municipio efectivamente cohabitan dos intendentes (uno el formal, el otro, Rubén Daniele) sino porque, hace más de una década, la propia Olga intentó un esquema similar con Germán Kammerath.
Los memoriosos recordarán que, conforme se acrecentaban las dificultades del liberal en la intendencia, la entonces poderosa Secretaria General de la gobernación ideó un plan de salvataje que, en los hechos, funcionaba como una intervención. Kammerath, lógicamente, se resistió a tales pretensiones lo que determinó, finalmente, la ruptura de la sociedad política con José Manuel de la Sota. Con semejante antecedente, y mal que les pese a los flamantes socios, no parece aconsejable repetir ninguna experiencia de cogobierno en el distrito, máxime teniendo en cuenta las personalidades en juego.
Junto al inexplicable paso al costado de Riutort es posible ratificar, una vez más, el cínico oportunismo del senador del Frente Cívico. Juez no tiene ningún prurito en recoger el barrilete de sus acusaciones toda vez que le conviene. Lo hizo en reiteradas ocasiones respecto de sus referentes nacionales. Cuando observó que el socialista Hermes Binner no levantaba cabeza en las encuestas, no dudó en volver sobre sus pasos y declararse un admirador de Mauricio Macri, pese a que, en el pasado reciente, hubo de obsequiarle con adjetivos tales como “boludo” o “niño rico”. Ahora parece haber olvidado sus deseos de hacer justicia con la otrora corrupta señora Riutort. Basta recurrir a google para anoticiarse que, trece años atrás, Juez la denunciaba penalmente por ingresar “ilegalmente” millones de pesos en bonos LECOR desde Chile. Evidentemente, sus cacareadas acusaciones tienen la fecha de vencimiento que le aconseja el calendario electoral.
¿Qué puede, a priori, ofrecer esta fórmula tan variopinta a la ciudad? Los perfiles de la fórmula son bien distintos, pero no necesariamente complementarios. La concejala tiene fama de mujer de carácter, capaz de acometer las empresas más difíciles sin reparar en costos. Aunque hace ya muchos años que no ejerce ninguna función ejecutiva, todavía goza del prestigio del ejecutor, algo siempre valorado si del municipio se trata. Por el contrario, Juez no dejó una imagen equiparable en su gestión. Los fantasmas de los nombramientos masivos de parientes de empleados municipales y de su equipo de fútbol, junto con la utilización populista de las tarifas de los servicios públicos –entre otros desatinos– lo persiguen impiadosamente.
Tanto Daniel Giacomino (su sucesor y antiguo amigo) como el propio Mestre se han desgañitado señalando los desaciertos de su gobierno. Esta posición ha sido también refrendada por Riutort en varias ocasiones. En octubre de 2009, por ejemplo, señaló en que “la gestión de Luis Juez fue pésima, peor que la de Kammerath”. Es llamativo que ahora se haya decantado por él para corregir el rumbo de la Capital.
Juez tampoco puede mostrar ningún éxito en su hagiografía anticorrupción. Ni la señora Riutort (una de sus primeras abonadas) ni ninguna de sus demás víctimas mediáticas fueron jamás a la cárcel. Casi en ningún caso un magistrado hizo lugar a sus denuncias. Ni estadista ni justiciero… ¿cómo se complementará simbólicamente con su nueva aliada y antigua sospechosa?
Algún malintencionado querrá sugerir que Riutort padece el síndrome de Estocolmo en su relación con el senador, pero esto sería forzar el argumento. En realidad, lo que explica mejor los fundamentos del acuerdo es su negatividad. Juez pretende cobrarle a Mestre sus desaires antes y durante el experimento de Juntos por Córdoba, en tanto que la edila intenta dirimir sus cuitas pendientes con el peronismo delasotista. El hecho que haya aceptado ser segunda permanecerá por un tiempo en el misterio. Si ninguna encuesta seria la colocaba por debajo del exintendente, ¿por qué ceder el espacio de esta manera? Triunfar en las narices de Unión por Córdoba sería una explicación plausible, aunque en el fondo estuviera teñida de hedonismo.
Es inevitable, en función de estas especulaciones, preguntarse sobre qué sucederá con la entente. No parece que Juez ni Riutort sean caracteres homologables, por lo que el riesgo de protagonizar dos campañas en una se encuentra a la vuelta de la esquina. Tampoco debe esperarse que el resto de los contendientes se queden de brazos cruzados. Tanto Giacomino como Tomás Méndez (un candidato que pretende emular al primer Juez) intentarán mostrar la incoherencia de este proyecto por todos los medios a su alcance. No les faltarán archivos. Así, mientras que los candidatos de la Fuerza de la Gente procurarán atacar a Mestre, el resto intentará destrozarlos a ellos. Mientras tanto, el intendente seguirá cortando cintas y hablando como si ya hubiera sido reelecto.
Queda por ver el otro capítulo de esta historia. Como se sabe, el senador pretende conservar su banca de la mano de Macri quién, a su vez, tiene un acuerdo global con el radicalismo. Es de cajón que la UCR manifestará su indignación por esta movida dentro del acuerdo nacional. Una cosa era que Juez permaneciera prescindente en las elecciones municipales (lo aparentemente acordado con el jefe de gobierno) y otra muy distinta disputarle el poder a Mestre en persona, tal como ocurre ahora. No hay que ser demasiado perspicaz para advertir que la pomposa Triple Alianza gestada en Córdoba acaba de estallar frente a las narices del PRO. Emilio Monzó debe estar dándose golpes en la cabeza para despertarse de semejante pesadilla.
Sin embargo, y como cantaba Atahualpa Yupanqui, para Juez las pesadillas son ajenas. Él ya tiene asegurada su banca de Senador, aunque haya jurado que renunciará a ella en caso de ser electo intendente. Bien lejos de Cortés, sólo quemará las naves de Juntos por Córdoba, no las suyas. Su reciente amor por Macri es, con las pruebas a la vista, de menor cuantía que su odio contra Mestre, paradójicamente, su socio institucional en las últimas elecciones provinciales.