Dos millones más de inactivos en una década

caida economiaA diferencia de lo que se observa en países vecinos, en la Argentina la bonanza económica de la última década fue acompañada de una mayor proporción de gente que no participa del mercado laboral. Una de las principales razones del aumento en la inactividad laboral –según la consultora Idesa- es el énfasis en el asistencialismo.
En una década caracterizada por un contexto internacional muy favorable, que fue la base para un fuerte crecimiento en la actividad económica, el gasto asistencial creció tres veces por encima de lo que aumentó el Producto Bruto Interno (PBI), pasando a representar un 3,8% del PBI en la actualidad.
Para evaluar en qué medida este aumento del gasto asistencial contribuyó al progreso social, Idesa propone observar los cambios en el mercado de trabajo en la última década. Tomando datos oficiales publicados por la OIT, entre 2004 y 2014 la tasa de participación laboral en el Cono Sur tuvo el siguiente comportamiento: en Uruguay subió de 58,5 a 64,7 por ciento o sea aumentó 6,2 puntos porcentuales; en Chile pasó de 55 a 59,7 por ciento (4,7 puntos porcentuales más) y en Argentina bajó de 60,2 a 58,2 por ciento (se redujo dos porcentuales).
Del reporte se desprende que los vecinos tendieron a adoptar estrategias de promoción social basadas en una mayor incorporación de gente al mercado laboral. En la Argentina, en cambio, la bonanza fue acompañada de una caída en la participación laboral. Una disminución de dos puntos porcentuales equivale a un aumento de 1,3 millones de personas inactivas sólo en los grandes aglomerados urbanos, lo que proyectado al total de la población urbana da una cifra cercana a los dos millones de inactivos. En la mayoría de los casos, son personas que, si tuvieran la oportunidad de trabajar, lo harían para lograr su propio progreso.
A criterio de Idesa, uno de los principales motores que promueven la inactividad laboral es la forma en que se asigna el gasto asistencial. Por ejemplo, entre 2004 y 2014 las pensiones no contributivas pasaron de 340 mil a 1,5 millones. Teniendo en cuenta que los adultos mayores sin aportes accedieron a la jubilación a través de las moratorias previsionales, la gran mayoría de las no contributivas fueron destinadas a personas en edad de trabajar.
Para la consultora el impacto que se deriva de la Asignación Universal por Hijo es análogo. Tal como opera –dice- induce a que las madres no ingresen al mercado de trabajo, a la vez que el Progresar requiere del joven la inscripción en alguna acción educativa o de capacitación pero no de la participación laboral.
“El incentivo a la inactividad laboral se potencia por las reglas deficientes que rigen el mercado de trabajo”, agrega. Los impuestos al trabajo son muy altos al igual que las barreras burocráticas y los riesgos de conflictividad y litigiosidad. Bajo estas condiciones, sostiene el informe, sólo las empresas más grandes y tecnológicamente avanzadas pueden generar empleos “en blanco” y sólo los trabajadores más calificados pueden acceder a ellos. Para las personas con bajos niveles de educación y formación, el acceso a empleos de calidad está vedado pasando a ser dependientes cautivos del asistencialismo.
“Más dañino que una gran proporción de personas con posibilidades de trabajar dependa del asistencialismo es la arraigada idea de que eso genera dignidad –añade-. La dignidad no se promueve aumentando la dependencia de los sectores vulnerables respecto de funcionarios públicos de turno, sino con una estrategia de promoción social que tome como base la generación de empleos productivos y el acceso a ellos”.