Superdomingo: ha comenzado la vigilia política

Por Pablo Esteban Dávila

2014-09-02URNA_webLa semana que inicia será de vigilia política para todos los candidatos nacionales. Desde hoy hasta el jueves se sucederán frenéticos días de campaña, en tanto que a partir del viernes comenzará la obligatoria veda electoral. El domingo, finalmente, se elegirán los mandatarios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Córdoba y La Rioja. No hace falta recordar que los dos primeros son los principales territorios, respectivamente, de Mauricio Macri y José Manuel de la Sota. Ambos ponen mucho en juego.
Las expectativas, sin embargo, no son equivalentes. Mientras que el cordobés descuenta que Juan Schiaretti se alzará con la gobernación, Macri no podrá festejar aunque Horacio Rodríguez Larreta obtenga la mayor cantidad de votos. Sucede que en la Capital Federal rige el sistema de Ballotage y que, conforme las encuestas disponibles, el candidato oficialista no podrá superar la barrera del 50% en la primera vuelta. No faltarán quienes, especialmente desde la Casa Rosada, interpreten esta limitación como un llamado de atención al triunfalismo del PRO.
En rigor, ni siquiera el propio Macri consiguió triunfar en la primera vuelta en ninguna de las dos oportunidades en que accedió a la jefatura de gobierno. Pedirle a Rodríguez Larreta que haga lo que su jefe no pudo es, como dice Joaquín Sabina, pedirle demasiado. La justificación, no obstante, sería válida si las elecciones porteñas estuvieran desacopladas de un proyecto político de alcance nacional. Como de hecho no lo están –el macrismo ha transformado a la ciudad de Buenos Aires en un bastión electoral y una vidriera de gestión– lo que suceda con Rodríguez Larreta afectará, inexorablemente, las perspectivas de su presidenciable.
Ayer, el matutino La Nación publicó una encuesta que, a nuestro gusto, parece un tanto “PRO–edulcorada”. Allí se advierte que Martín Lousteau (ECO) y Mariano Recalde (FPV), aunque ganan un 2.5% y un 1%, respectivamente, sobre los resultados obtenidos en las PASO realizadas en abril (en el caso de Lousteau, sumando los votos de Graciela Ocaña) están muy lejos del postulante oficialista, que se estaría llevando algo más del 43% de la intención de voto. La novedad es que Rodríguez Larreta no logra convencer a todos los que apoyaron a Gabriela Michetti, pese a que los realizadores del sondeo aseguran que, con la proyección de indecisos, alcanzaría finalmente el mismo resultado (un 47%). No es un dato menor, que contribuye a alargar la incertidumbre amarilla dentro del distrito más importante para sus ambiciones.
Aunque estos números no estuvieran distorsionados por alguna preferencia editorial, la realidad es que, mientras De la Sota festejará con Schiaretti, Macri deberá explicar porqué los cordobeses dejaron de optar por “el cambio” y los porteños no ungieron, por única vez y sin necesidad de una segunda vuelta, a quien el jefe de gobierno ha presentado como su garante y sucesor. No hace falta decir que, dentro de la jungla de la política, festejar es siempre mejor que explicar.
Sergio Massa, el tercero en discordia en la oposición, no pone nada en juego y, precisamente por tal cosa, no tiene riesgos de continuar perdiendo aliados por la vía del derrotismo. Esto no significa que vaya a observar de soslayo lo que ocurra el 5 de julio. Por el contrario, intuye que un triunfo del delasotismo sería, en definitiva, una buena noticia para el acuerdo que los aglutina, en tanto que la previsible extensión del proceso electoral porteño implicaría una baja en la cotización de las acciones macristas. A estas alturas, su adversario no es tanto Daniel Scioli como el candidato PRO. Vetado por Jaime Durán Barba y descartado por Macri, el hombre del Tigre sentiría gran placer en morderle algo de su electorado natural.
Pero, y de extenderse la vigilia amarilla hasta el 19 de julio (fecha prevista para un posible ballotage), la espera bien podría valer la pena. Conforme la encuesta de La Nación, allí el PRO podría vencer con cierta holgura y su consiguiente festejo escucharse a lo largo de la Argentina. Como en la fecha designada no existe otra contienda provincial, los efectos se multiplicarían por varios días, especialmente en una prensa ávida de novedades de cara a las PASO. Si esto ocurriera, la línea optimista del macrismo podría hablar de un éxito en dos cuotas de su jefe, mientras que el resto de los competidores sólo tendrían una para regodearse. Se adivinaría, en este caso, la potencial jactancia de sus estrategas: “el que ríe último ríe mejor”.
Tal felicidad de segundo tiempo sería, empero, engañosa. Luego del ballotage, Macri no tendría ningún otro resultado para mostrar antes del 9 de agosto. Ya descartada Santa Fe y con la posible derrota en Córdoba ad portas, el presidenciable estaría en el mismo punto desde el cual partió, al menos territorialmente hablando. Debe, forzosamente, prescindirse de Mendoza en este análisis. Allí el radicalismo habría triunfado sin el PRO y sin el Frente Renovador, sus nominales aliados en la provincia. El triunfo fue sólo de Sanz; concluir algo diferente sería forzar la realidad.
La Rioja, entretanto, no cuenta mucho para esta dialéctica, excepto para Scioli y, menos previsiblemente, para Massa. El candidato designado por el gobernador Luis Beder Herrera, Sergio Casas, le dedicará su eventual victoria al ungido por Cristina Fernández (no hay dudas sobre esto) mientras que, de triunfar el hombre de la oposición –el radical Julio Martínez, que lleva como vicegobernador al intendente de Famatina y referente massista, Ismael Bordagaray– será el líder del Frente Renovador quien se adjudique parte del mérito. Esta posibilidad, que parecía muy tangible meses atrás, se ha diluido con el tiempo, especialmente desde que los Menem decidieran abstenerse y que el intendente de la capital, el también peronista Ricardo Quintela, optara a disgusto por cerrar filas con el gobernador.
La vigilia, por lo tanto, ha comenzado. Por unos días será del tipo activa, para luego comenzar a velar las armas de cara a las venideras elecciones. Todo hace suponer que De la Sota festejará (podría ser su único fasto), que Massa acompañará la algarabía de su socio y que, a un tiempo, deberá lamentar el traspié riojano, y que Macri cruzará un Rubicón de aguas ambiguas si Rodríguez Larreta debe disputar –como todo indica que sucederá– al clásico ballotage porteño. A no dudarlo: será un superdomingo opositor, aunque quien termine festejando sus resultados sea el propio gobierno nacional.