Scioli mira el día después de mañana

Por Marcos Duarte

DYN19.JPG[dc]L[/dc]a estrategia del candidato oficialista en nuestra provincia tiene algunas excepcionalidades. El esquema político cordobés no replica el de la mayoría de los distritos, es por esto que la hoja de ruta que se diagrama en el bunker naranja es particular.
En el casi todas las provincias, los aliados del kirchnerismo hegemonizan la estructura del PJ. Esa característica le permitió al gobernador bonaerense construir una estructura de referentes a su medida. El mendocino Adolfo Bermejo y el santafesino Omar Perotti cultivan un perfil compatible con el postkirchnerismo que cultiva.
En cambio, el peronismo cordobés mantiene una posición de autonomía y es crítico al gobierno nacional. Además, la candidatura presidencial de José Manuel de la Sota retendrá la adhesión de la poderosa estructura justicialista en las PASO.
Esto obligó a Scioli, muchos dicen que contra sus deseos, a montar una candidatura propia sobre los cimientos del Frente para la Victoria local. El primer paso fue despejarlo de todo vestigio de kirchnerismo ideologizado. Como muestra, eligió el descafeinado nombre de “Córdoba Podemos” para designar a su sello provincial. El segundo escalón fue la candidatura de Eduardo Accastello, figura proveniente de la estructura del peronismo tradicional y despojado del “diktat” oficialista. Para coronar este blanqueo, entronizaron a Cacho Buenaventura como compañero de fórmula del villamariense.
Esta táctica persigue dos objetivos. El primero es conseguir una buena performance en las elecciones provinciales del 5 de julio. Sin una buena cosecha de votos se le dificultará el desembarco en un territorio tan complejo como Córdoba. Además, los apoyos que consiga Accastello pueden convertirse en la plataforma del desempeño de Scioli en las primarias de agosto.
Los estrategas del bonaerense esperan un buen resultado de Mauricio Macri en las PASO polarizando con José Manuel de la Sota. En ese contexto resulta dificultoso conseguir una buena cosecha electoral. Pero también vislumbran una oportunidad en la primera vuelta. Si, como esperan, Sergio Massa derrota al gobernador cordobés en las primarias de su espacio, la poderosa figura del gobernador cordobés no estará en las boletas en octubre. Esto abre, para Scioli, la posibilidad de pescar en el electorado peronista.
Para lograr esto necesita incrementar su presencia en nuestra provincia. En este sentido, no es casual que eligiera Córdoba para el primer baño de masas de su fórmula. La principal dificultad es que, a diferencia del 2011, las listas legislativas de Unión por Córdoba quedarán adheridas a la boleta del triunfador de la primaria de UNA. Además, están integradas por pesos pesados de la estructura justicialista local lo que aseguraría la lealtad de los potentes referentes territoriales.
Por otro lado, los representantes de la “ola naranja” se arriesgan a imaginar un nuevo esquema en una eventual presidencia del Daniel Scioli. En este sentido, entusiasman a Accastello para que se constituya en uno de los potenciales herederos del PJ cordobés para la próxima etapa.
En la era post delasotista (y seguramente también post schiarettista) el peronismo cordobés buscará un liderazgo de sustitución que lo mantenga competitivo. Ese horizonte pondrá en valor al intendente de Villa María. El sciolismo se imagina ese horizonte con expectativa, aunque tampoco descarta mejorar la relación con Juan Schiaretti una vez pasada la conflagración electoral.
Por ahora, estos razonamientos solo son especulaciones. Nadie puede pronosticar si todos los eventos necesarios para que esta carambola táctica tenga éxito. De todos modos, con estas audacias se construye la política.