Paradoja: Scioli se kirchneriza y candidatos a gobernador se sciolizan

Por Marcos Duarte
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0 ilustra scioli y acastello“Los jóvenes son el presente y el futuro de la Argentina” dijo Daniel Scioli en referencia a una consulta sobre su relación con La Cámpora. Con su estilo, brumoso y críptico, el gobernador bonaerense parece insistir en dar una imagen de seguridad ante los sectores más ideologizados del kirchnerismo.
Muchos apostaban a una rebelión silenciosa o, por lo menos, a un distanciamiento del candidato presidencial oficialista para con el cristinismo luego del cierre de listas. Nada más lejos de la realidad, luego del gesto presidencial de desbancar a Florencio Randazzo vino la nominación de Carlos Zannini como segundo término de la fórmula.
Inmediatamente, llegó el intercambio de halagos entre los miembros del binomio del Frente para la Victoria. “Charlé varias veces de manera muy sincera con Zannini luego de la designación y es el mejor para el puesto, es muy inteligente y con mucha capacidad intelectual” dijo Scioli intentando despejar las dudas sobre una supuesta imposición de su vice. Desde la otra orilla, una larga sucesión de declaraciones de lealtad llegó desde los referentes más connotados de la nomenclatura kirchnerista hizo las veces de devolución de gentilezas.
Hasta los intelectuales de Carta Abierta, otrora rigurosos custodios del relato épico oficial, se rindieron a la evidencia del pacto entre las distintas sensibilidades que componen el rompecabezas cristinista.
Una vez sofocado el único conato de rebeldía que representado por la negativa de Randazzo de aceptar el rol asignado, la alianza interna del Frente para la Victoria parce haber cerrado sus heridas. La persistencia de Scioli en no alejarse de los pilares simbólicos del modelo nacional y popular persigue el objetivo de terminar de ahuyentar las dudas que, en otras épocas, generaron los mismos pregoneros que hoy se rinden a sus pies.
Paralelamente a esta “cristianización” del discurso del candidato presidencial, se produce un fenómeno subterráneo que parece ir en el sentido opuesto. Los postulantes provinciales que responden a la estructura del justicialismo oficial son dirigentes que cultivan un estilo más cercano a la estética sciolista clásica que al formato tradicional del kirchnerismo ideologizado.
Buena muestra de esto son los candidatos a gobernador que han competido en las elecciones provinciales que se han llevado a cabo hasta hoy. El salteño Juan Manuel Urtubey, el mendocino Alfredo Bermejo, el santafesino Omar Perotti y el cordobés Eduardo Accastello tienen muchos puntos de contacto entre sí como para no trazar una constante.
En primer lugar, estos representantes del Frente para la Victoria provienen de la cantera pura del Partido Justicialista. Lejos quedaron aquellos perfiles con aspiraciones “progresistas” como fueron los de Carolina Scotto o el propio Agustín Rossi, que parecían cumplir un papel evangelizador llevando la “palabra” del proyecto nacional y popular a los territorios provinciales.
Los nuevos postulantes del peronismo presidencial cultivan la moderación, exhiben gestiones razonables y hablan de los “problemas de la gente”. No confrontan demasiado con sus rivales y se muestran alejados de todo dogma a la hora de expresar sus propuestas de gobierno. En resumen, estos dirigentes replican fielmente cada uno de los tópicos que caracterizaron a Daniel Scioli durante toda su carrera política.
Si bien no todos han conseguido la victoria en sus respectivos distritos, estos personeros de una suerte de postkirchnerismo de centro lograron mantener la base electoral del justicialismo en justas electorales muy complicadas como Mendoza o Santa Fe.
Finalmente, cada pieza integrante de esa extensa estructura que es el justicialismo parece haber encontrado su lugar. Cada integrante del mecanismo se sirve de la herramienta más apta para su realidad. Donde muchos quisieron ver conflictos internos entre facciones solo parece haber un amistoso intercambio de camisetas.