La novela de los vices: ¿best seller o libro de saldo?

Por Pablo Esteban Dávila

0 ilustra los tres magosNo es una novela de Ágata Christie, pero el asunto tiene alguna dosis de misterio. Por estas horas, el mundillo político está expectante por saber quiénes serán los compañeros de fórmula de los presidenciables que habrán de competir en las PASO.
El primero en develar su porción de incógnita fue Daniel Scioli aunque, en propiedad, debe señalarse que también a él le fue revelado su candidato casi en simultáneo con el resto de los mortales. Cristina Fernández optó por nominarle a Carlos Zaninni sin siquiera consultarlo, una designación que se las trae. El actual Secretario Legal y Técnico es un quintacolumnista que pone en evidencia tanto la resignación de la presidente por tener que aceptar la candidatura del gobernador como su necesidad de entornarlo para continuar al timón de la política más allá de diciembre. Zaninni representa, por consiguiente, la continuación del kirchnerismo por otros medios. Merece estar en el podio (no obstante que, por ahora, en solitario) en cuanto a impacto político.
Mauricio Macri promete ser el siguiente en presentar a su segundo. Esta nominación, en rigor, viene siendo aplazada con cierta periodicidad. Desde su frase “tenemos un vicepresidente, ya se van a enterar”, proferida tras la victoria de Horacio Rodríguez Larreta en las PASO porteñas, han transcurrido casi dos meses. Las primeras especulaciones, que señalaban al senador Carlos Reutemann como el favorito, se fueron diluyendo en el tiempo. Las teorías, en la actualidad, apuntan a un candidato surgido del riñón del PRO y, entre estos, a alguien de la ciudad de Buenos Aires.
¿Cuán conveniente sería una fórmula, condensada en la aliteración “pro–pura–porteña”, para los intereses del propio Macri? Algunos sostienen que la utilidad de este enfoque es muy relativa. Las prevenciones apuntan, fundamentalmente, en que nominar a un compañero del palo sólo obraría como un fijador de los votos que de todas maneras ya están con él, haciendo que sus votantes potenciales siguieran escrutando otras posibilidades, especialmente aquellos situados allende la avenida General Paz. Sin embargo, los defensores de la estrategia (encabezados por Jaime Durán Barba, la pitonisa del oráculo macrista) insisten en que lo que está en juego es nada menos que el posicionamiento de Macri como monopolista del cambio respecto del orden kirchnerista, y que alguien surgido de su entorno es la mejor señal que podría darse para reforzar la idea. “El 70% de la gente quiere un cambio”, repiten hipnotizados los seguidores del ecuatoriano.
Suena un tanto incoherente que el purismo aplicado al plano nacional no haya sido utilizado con la pasión que se merecía en Córdoba, en donde el galimatías de la Triple Alianza macrista comienza a mostrar sus contradicciones en plena campaña provincial. Esto, por supuesto, favorece las chances de Juan Schiaretti y, por carácter transitivo, a José Manuel de la Sota, el otro presidenciable de quién se esperan definiciones.
Aparentemente, el gobernador tiene en claro que su candidatura debe ser complementada por alguien de la provincia de Buenos Aires, que es el territorio con mayor densidad electoral y en donde más cuesta penetrar. Además, y debido a que se proclama como “del interior” (es uno de sus atributos en el plano publicitario), necesita una proyección bonaerense que equilibre este posicionamiento. Dentro de este supuesto, la opción más viable sería la de Claudia Rucci, hija del Secretario General de la CGT José Ignacio Rucci, asesinado por Montoneros en septiembre de 1973.
De producirse, tal designación tendría como destinatario un público específico: el peronismo no kirchnerista que, razona De la Sota, abunda en aquél distrito. La señora Rucci no sólo tiene valía como dirigente, sino que representa un símbolo y un metamensaje dentro de una interna partidaria que confunde los planos históricos del pasado y del presente. Esta jugada, coherente en términos políticos tiene, sin embargo, riesgos implícitos: en principio, podría dejar afuera a independientes moderados no peronistas que simpatizan con el cordobés. En la política, como en la economía, cada decisión supone un cálculo de costos y beneficios pero, a diferencia de los negocios, sólo en el momento de abrir las urnas se descubre cuan acertada resultó aquella ecuación.
Este problema matemático perturba, como puede advertirse, también a Sergio Massa, otro candidato que guarda su fórmula en secreto. El diputado tiene el problema opuesto al del su contrincante en UNA. Se sabe demasiado bonaerense, por lo que requiere un punto de apoyo en el interior. Lo ha dicho explícitamente, y sólo cabe esperar que decida terminar con el misterio en las próximas horas.
¿Quién podría ser el elegido? Por el momento no hay nombres ni rumores. No está del todo claro si se decantaría por un dirigente peronista o por un extrapartidario, simplemente porque su perfil oportunista podría deparar sorpresas no necesariamente políticas. Además, cuesta imaginar algún referente provincial (como por ejemplo, un gobernador o un senador de nota) dispuesto a jugarse por él en el contexto de un país en donde el federalismo se ha convertido en un fósil digno del Valle de la Luna. Las represalias desde la Casa Rosada por tomar la decisión de acompañarlo podrían ser feroces.
Queda, por último, la pregunta sobre que hará Margarita Stolbizer. Como novedad respecto del resto de los presidenciables, ella acumula un par de rechazos públicos. El gobernador de Santa Fe Antonio Bonfatti –recientemente electo diputado provincial– descartó de plano el acompañarla porque “no puede faltar a su palabra” dada a sus comprovincianos, en tanto que el diputado nacional Pablo Javkin, ex precandidato a intendente de Rosario y presidente de la Coalición Cívica-ARI, también declinó su oferta.
La porfía de Stolbizer con los santafesinos se explica porque la “provincia invencible” es la única en donde el progresismo gobierna y lo hace con eficiencia. La centroizquierda en Buenos Aires (su propio distrito) es una comarca de intelectuales sin sueldo de la Nación y de bienintencionados que desconfían del liberalismo, lo que equivale a decir que su potencial electoral es decididamente escaso. La diputada tiene la certeza que sólo en aquél paraíso socialista puede encontrar los votos que necesita para reforzar sus chances. De momento, el partido de la rosa le viene dando civilizadamente la espalda aunque, eso sí, todos le prometen un solidario acompañamiento personal.
La novela de los vices, de cualquier modo, se acabará este fin de semana. Es la crónica de un fin anunciado, como en cualquier democracia. Sólo resta de comprobar si la expectativa que se ha desatado es digna de un best seller o, por el contrario, de un oscuro policial escrito a las apuradas.