Los deseos imaginarios del kirchnerismo

Por Gonzalo Neidal

2015-06-17_ZANNINI_webAl parecer, del kirchnerismo debe esperarse lo más obvio. Y ninguna otra cosa. Poner a Máximo como candidato a vicepresidente era realmente grotesco, carente del mínimo pudor y bien distante de cualquier sutileza. Se prestaba a la burla y al bochorno. Hubiera significado un salto político insólito: de la Playstation a la vicepresidencia. En caso de resultar triunfadora la fórmula, claro.
Pero la designación de Carlos Zannini no le va en zaga. Se trata, también, de alguien de la familia. De la “mesa chica”. De los que cortan la pizza. Aunque, hasta ahora no se haya mostrado excesivamente en público. Un típico monje negro. Es, casi, como si fuera la propia Cristina integrando la fórmula.
Hace un par de días, un intelectual prominente de Carta Abierta había manifestado su deseo íntimo: Máximo de vice y luego… una renuncia de Scioli. Él énfasis puesto por Andrés Larroque y Aníbal Fernández en tomar distancia de esa sugerencia alocada, se entiende: la idea vale también, y quizá mucho más, con Zannini. La historia de un vice K y un Scioli renunciante es una fantasía que seguramente abriga un amplio sector del kirchnerismo.
La consigna es rodear a Scioli. Llenarlo de kirchneristas de paladar negro. Armarle las listas de legisladores y luego, si gana, gobernar a través del gobernador bonaerense, continuando el modelo y los personajes que lo ejecutan.
Y Scioli, hasta hoy, parece dispuesto a aceptarlo. Parece haber comprendido que sus posibilidades de ser presidente están atadas al apoyo de la estructura kirchnerista. Es el precio de su ambición presidencial. Por su parte, en el gobierno se entusiasman con la perspectiva, que les parece al alcance de la mano, de un triunfo electoral que corone a alguien de quien desconfían pero que no podría gobernar de ningún modo sin la permanencia en el poder de todos los hombres de Cristina, con ella como conductora indiscutible detrás del trono. Cristina eterna.
En el pensamiento K existe un Chirolita llamado Scioli, manejado por los mismos que ejercieron el poder durante estos doce años. ¿Será todo tan simple?

La polarización se instala
La gran pregunta es si Zannini le suma o le resta votos a Scioli.
Por de pronto, abrazado por Zannini, Scioli ganará confianza entre los kirchneristas puros. Ellos tienen ahora menos motivos para desconfiar. Más allá de sus sentimientos íntimos, el gobernador bonaerense aparece hoy atado de pies y manos a los designios kirchneristas. Casi sin margen de maniobra. Cristina le proporciona no sólo el vicepresidente sino también abundante dinero para la campaña electoral, militantes para sumar votos, todo el aparato publicitario del gobierno y el piso de votos que le cede Cristina al consagrarlo como su candidato indubitable a la presidencia.
Queda poco margen para pensar que Scioli no es lo mismo que Cristina. Hasta ahora, Scioli mantenía aún una cuota de ambigüedad con la que podía aspirar a sumar franjas de peronismo crítico del gobierno. Los que decían que “Scioli es distinto, tiene otro estilo, hará cosas diferentes”. Con Zannini en su fórmula, ese aporte se reduce y tiende a desaparecer. Si en el imaginario K, Scioli es la continuación de Cristina por otros medios, esta idea tiende a difundirse en el conjunto del electorado.
Para bien y para mal. Con todo lo que ello significa.
El escenario electoral se va despejando.

Macri festeja
Dicen que en el núcleo cercano a Macri la noticia de la precandidatura de Zannini fue festejada con entusiasmo. Es razonable: la incorporación de alguien del riñón K a la fórmula presidencial desdibuja la imagen bonachona, tolerante, democrática y conciliadora que venía ofreciendo Daniel Scioli.
Más aún, con Zannini como compañero de fórmula, la sonrisa y la palabra calma de Scioli comenzará a sonar como hipocresía o intento de engatusamiento. Muchos pensarán que el verdadero rostro de Scioli es Zannini. El discurso del gobernador pierde sentido: la figura de Zannini habla por sí sola. Con toda una vida transcurrida al lado de los Kirchner, Zannini no deja duda acerca de su significado político.
De tal modo, los festejos de Macri son comprensibles.
Él queda con el monopolio del cambio. Scioli se ha transformado en continuidad pura. El panorama electoral parece haberse despejado completamente.
De un lado, más que Scioli, ahora está el gobierno.
Y del otro, Mauricio Macri.
No parece haber espacio para más.
¿Randazzo? Es probable que mañana inaugure un ramal del Tren Fantasma.