El cisne (Río) Negro

2015-06-15_CISNE_NEGRO_webEn una elección que se preveía altamente polarizada entre el candidato del Frente para la Victoria (FpV), Miguel Ángel Pichetto, y el gobernador de la provincia, Alberto Weretilneck (JSRN), el actual mandatario sorprendió y se impuso por más de 20 puntos.
Rápidamente, apenas pasadas las 20 y con tan solo el 2% de las mesas escrutadas, Pichetto salió a reconocer su derrota. “La tendencia es irreversible. El gobernador ha hecho una gran elección y ha tenido un digno triunfo”, admitió y dejó un mensaje de cara a su futuro político. “Tal vez esta sea mi última elección como candidato. Todo termina en la vida. Esperaba otra cosa pero la voluntad de los ciudadanos es lo que manda. La tendencia, incluso antes de las cifras oficiales, marca que está ganando muy bien el actual gobernador”, apuntó.
Escrutadas el 93% de las mesas, Weretilneck sumó 52,71% de los votos contra 33,95% que alcanzó el senador oficialista. Muy atrás quedaron la candidata de la Alianza Frente Progresista por la Igualdad y la República, Magdalena Odarda, con el 10,22% de los votos, y el ex gobernador por la UCR, Horacio Massaccesi (3,10%).
La teoría del cisne negro, elaborada por Nassim Taleb, hace referencia a un fenómeno que ocurre inesperadamente pero una vez que sucede y al ser pensarlo retrospectivamente, parece racional, hasta obvio. Lo que sucedió en Río Negro bien puede enmarcarse en esa metáfora.
Durante los últimos meses, los sondeos marcaban una pelea ajustada entre ambos candidatos peronistas. Sin embargo, en las últimas semanas la tendencia fue inclinándose a favor del gobernador actual. Durante la campaña, Weretilneck apostó por provincializar las elecciones, mientras que Pichetto apostó por nacionalizar la discusión para valerse de la adhesión que despierta Cristina Fernández en la provincia. La estrategia exitosa resultó ser la del mandatario provincial.
“La activación del clivaje provincia-Nación a partir de la decisión del Poder Ejecutivo Nacional de no refinanciar la deuda de Río Negro y de no cumplir con las demandas de los fruticultores del Alto Valle fue muy sentido en la provincia como un ‘insulto’ a la riogrenidad. Eso explica los ya diez días de corte de rutas de los productores chacareros”, señala la politóloga y docente de la Universidad Nacional de Río Negro, María Esperanza Casullo.
“Entre los temas que propuso Weretilneck durante su campaña electoral aparecieron la independencia económica de la Nación, la integración provincial y la producción, tres ejes, que según mencionó, tenía Carlos Soria durante su campaña electoral de 2011”, agrega el politólogo Rodrigo Pérez.
“Otro de los objetivos de hace cuatro años, según Weretilneck, era el de salir del déficit financiero y de un proceso de transición de 28 años de gobierno radical. Por eso el tema principal de la fórmula de Juntos Somos Río Negro (JSRN) fue el anuncio de obras en los municipios producto de los fondos petroleros, -por lo que habló de “un antes y un después” en torno a este tema- y la cuestión petrolera se convirtió en el eje central desde donde Weretilneck construyó poder”, agrega el politólogo y docente de la Universidad del Comahue.
Para Casullo, el saneamiento financiero de la gestión también juega un rol importante a la hora de explicar los motivos del triunfo del actual gobernador. ”Como señala Lorena Moscovich, Weretilneck pudo sanear el día a día de las finanzas provincias (sobre todo por una mayor entrada de regalías petroleras) y pagar sin retrasos los salarios de la administración pública, lo que fue apreciado por los votantes”, explica.
“El gobernador logró instalar su idea de que el contrato petrolero era productivo para los rionegrinos -complementa Pérez-. Recorrió la provincia con la promesa de fondos para cada municipio con los recursos obtenidos a través de este acuerdo y así, afianzó su poder territorial en cada localidad”, señala.
La buena imagen que reviste todavía el fallecido Carlos Soria -cuyo compañero de fórmula fue Weretilneck en 2011- y el conflicto frutícola que sacudió los ánimos en la provincia en el mes previo a los comicios, también ayudaron a inclinar la balanza a favor del actual gobernador en las últimas semanas.
La diferencia, no obstante, sorprendió a propios y ajenos. Los sondeos, a contramano de los resultados, daban a Pichetto como el ganador en la antesala de los comicios. Si la victoria rotunda del candidato del oficialismo nacional en Chaco fue una sorpresa para las fuerzas opositoras, Río Negro lo fue para el Gobierno Nacional. “Ni el más optimista de los partidarios de Juntos Somos Río Negro hubiera esperado esta contundencia en el triunfo”, asegura Pérez.
Es que Weretilneck logró en estas elecciones el mayor porcentaje de votos en la historia rionegrina superando aquél del gobernador Osvaldo Álvarez Guerrero en 1983, quien obtuvo un 52%, y a la fórmula que él mismo integró en 2011 junto a Carlos Soria, con 51%.
Uno de los desafíos a priori del gobernador era superar la falta de un sello partidario fuerte que lo respaldara. “El caso del gobernador rionegrino es un claro ejemplo de que un partido político ya no es una herramienta indispensable para construir un proyecto electoral”, advierte Pérez y agrega que “independientemente del partido que está en el gobierno, parece ser que la reelección en las provincias otorga ventajas a quien va detrás de ella”. De los 51 gobernadores que fueron por su reelección en el período 1987-2007, 43 lograron su reelección (84%) contra apenas 8 (15 %) que no consiguieron su objetivo.
Como advierte Casullo, la reelección encuentra otra de sus explicaciones en la ventaja de los oficialismos (incumbency advantage), que radica principalmente en que ”los ejecutivos provinciales cuentan con recursos para distribuir” a diferencia de sus oponentes. “Weretilneck hizo ingresar, por ejemplo, 5.000 contratados como personal planta en el último mes e hizo una campaña hiperactiva con una presencia muy grande en el interior”, señala. En las últimas semanas, junto a la boleta de gas y agua en varias ciudades de la provincia, el gobernador imprimió propagandas de gestión y anuncios de obras.
Con su triunfo, Weretilneck se convirtió en el cuarto gobernador que logra ser reelecto en Río Negro, después de Horacio Massaccesi, en 1991; Pablo Verani, en 1999 y Miguel Saiz en 2007.
“Continuó con una máxima rionegrina que ya lleva 24 años: gobernador que va por su reelección, gana. Así lo hicieron los tres ex gobernadores radicales y de esta forma, Río Negro ingresa entre las provincias con mayor cantidad de reelecciones junto a San Luis, Formosa, La Rioja, Córdoba, Santa Cruz, Buenos Aires, La Pampa, Misiones y Salta”, señala Rodrigo Pérez.
Cuatro ciudades concentran cerca de la mitad del padrón electoral de la provincia: General Roca, Cipolletti, Viedma y Bariloche.
En la primera, como se preveía, se impuso el FpV, aunque por apenas 5 puntos de diferencia. En Viedma, donde se esperaba que la elección fuera reñida o levemente a favor de Pichetto, Weretilneck (y su compañero de fórmula Pedro Pesatti, oriundo de la ciudad capital) se impuso por una diferencia cercana a los 8 puntos.
Empero, fue en las otras dos ciudades que definían la elección, donde el margen entre el actual gobernador y el candidato del FpV fue abismal y ayudó al holgado triunfo del mandatario provincial. En Cipolletti, de donde es oriundo y fue dos veces intendente Weretilneck, la distancia entre uno y otro es de más de 40%, mientras que en Bariloche, 23 puntos separaron a uno del otro.
“En Río Negro el centro de gravedad política de la provincia es el Alto Valle del Río Negro. En ese lugar se concentra gran parte de la población y también influencia política. Massaccesi, Verani, Saiz y Soria provenían del Alto Valle y Weretilneck es de Cippolletti. Pichetto sin embargo es de Sierra Grande, una localidad con mucha menos población”, apunta Casullo.
Miguel Ángel Pichetto tenía como sueño de toda su vida ser el gobernador de Río Negro. Lo intentó, sin éxito, en 2007. Casi se lanza de nuevo en 2011, pero por su ascenso en el escenario nacional y el peso local de Soria, lo postergó. Desaparecido de la contienda el caudillo rionegrino y con Weretilneck distanciado del Gobierno Nacional, Pichetto se sentía el natural heredero. Era ahora o nunca.
“Sin embargo, y por esas cosas misteriosas de la política provincial, -remarca Casullo- los mismos coprovincianos que lo votaban sin dudarlo para senador nunca se encolumnaron detrás de su candidatura al máximo cargo ejecutivo provincial”.