La renovación: una mirada (muy) anticipada al 2019

Por Alejandro Moreno
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ELECCIONES 2019La elección de candidatos a gobernador de 2019 ya se asoma, discretamente, en el actual proceso electoral. Con Juan Schiaretti y Oscar Aguad como candidatos para el domingo 5 de julio, el peronismo y el radicalismo cordobés podrían estar experimentando sus recambios generacionales, aunque esto puede afirmarse con distinto grado de certeza en cada caso.
Schiaretti y Aguad son dos dirigentes que para el mandato gubernativo 2019-2023 serán septuagenarios, y después de tanto andar por las urnas, nuevas generaciones de dirigentes reclamarán sus derechos.

El PJ
La figura predominante del peronismo en Córdoba, desde 1986, ha sido José Manuel de la Sota, quien este año decidió lo que, dicen, ya deseaba antes: dejar el escenario provincial (electoral, al menos) definitivamente. De la Sota aparecía invencible en las encuestas, aún en las que reconocían los dirigentes de la oposición, pero apostó por una carrera presidencial con un camino muy empinado, tanto como inaccesible, para él.
La candidatura presidencial quedó para el peronista más conocido, si bien sus rendimientos electorales de 2007 y de 2013 -cuando venció ajustadamente a Luis Juez y a Oscar Aguad, respectivamente, con sendas derrotas en Capital- encienden luces de alarma en el campamento oficialista.
Schiaretti (n. 1949) sorteó el riesgo de una interna con la que amagaban Martín Llaryora, Daniel Passerini y hasta Eduardo Accastello. El precio que habría pagado sería la promesa de que no buscará la reelección, si logra ganar el 5 de julio.
Justamente Llaryora (n. 1972), Passerini (n. 1965) y Accastello (n. 1962) asoman como las nuevas caras del peronismo 2019. Cada uno de ellos tendrá distintos caminos para colocarse en la línea sucesoria.
Llaryora es, probablemente, el más beneficiado. Si Schiaretti regresa a la Gobernación, él será el vice, y podrá tener desde ese cargo un alto protagonismo; porque, naturalmente, no será una sombra como lo ha sido Alicia Pregno en este período.
Passerini encabeza la lista de candidatos a legisladores provinciales. Si se queda en la Cámara, lo natural es que presida el bloque. Pero también podría desembocar en un ministerio; actualmente, también es legislador en uso de licencia para encargarse de la cartera de Desarrollo Social.
Accastello, finalmente, busca ejercer la renovación partidaria pero por afuera, ya que es el candidato a gobernador de Córdoba Podemos, la alianza que encabeza el kirchnerismo. Lo que obtenga el 5 de julio será su demostración de fuerza, y con ese capital deberá buscar el camino del retorno al aparato.
Además de la edad (entre 43 y 53 años), los tres comparten una característica que no es casual: son del interior. Llaryora fue intendente de San Francisco, Passerini de Cruz Alta, y Accastello lo es actualmente de Villa María.
La ciudad de Córdoba ha sido el eslabón más débil del delasotismo. En 2001, con la UCR en crisis y con De la Sota fuerte, el radical Rubén Martí venció a Juan Carlos Maqueda en el tramo de senadores nacionales (el total provincial, por el interior, quedó para Unión por Córdoba). En 2013, Aguad derrotó a Schiaretti. Pero, además, fue en la Capital donde surgió Luis Juez, el fantasma del delasotismo que más cerca estuvo de arrebatarle el poder. En todo esto tuvo mucho que ver la estrategia de De la Sota de cederle a la Ucedé, a través de Germán Kammerath, la Intendencia en 1999, y de quitarle escandalosamente el apoyo menos de dos años después.
También pesó mucho la escisión de Olga Riutort (n. 1948), paralela a su divorcio con De la Sota; ella es dueña de una intención de voto que podría llevarla este año a la Intendencia, pero que en anteriores elecciones le costó caro al peronismo (en 2007, por usar una boleta corta, sin candidato a gobernador, estuvo a un paso de ser la causa de la derrota de Unión por Córdoba). Ahora, Riutort cuenta con muchas chances de ganar la elección municipal del 13 de septiembre, y el 6 de julio, un día después de la definición del gobernador, según algunas versiones que otras desmienten, podrían iniciarse nuevas conversaciones para intentar que ella regrese al peronismo. Aún así, se trata de una dirigente que llegará al 2019 habiendo atravesado la séptima década.
Todo parece indicar –aún con la imprevisibilidad que anima a la política- que la renovación peronista vendrá del interior.

UCR
La Unión Cívica Radical tuvo tres dirigentes que hicieron época entre 1983 y 2001: Eduardo Angeloz, Ramón Bautista Mestre y Rubén Martí. Las derrotas de 1998 y 1999, y el paso del tiempo, hicieron que una nueva generación de dirigentes ocupara el lugar.
Oscar Aguad (n. 1950) y Mario Negri (n. 1954) predominaron en las boletas electorales. Lo de Aguad es récord en los 125 años de historia de la UCR, porque nadie encabezó tantas boletas como él (tres veces a gobernador, tres a diputado nacional, una a senador nacional, y finalmente, una a diputado provincial). Negri, desde 1999, una vez fue candidato a intendente de Córdoba, otra a gobernador, y tres a primer diputado nacional.
Aguad ha prometido que será gobernador sólo cuatro años, si gana en julio. Debe relativizarse esta afirmación recordándose, por ejemplo, que lo mismo dijo De la Sota en la campaña de 1998. De todos modos, el radical le dio su palabra a su aliado Luis Juez, quien no oculta la voluntad de llegar, un día, a la Gobernación.
Sea por política o por almanaque, cuesta imaginar una cuarta opción provincial para Aguad, por otro lado un dirigente muy resistido en el radicalismo y que ahora cuenta como principal respaldo a un extranjero geográfico y político de la UCR cordobesa: Mauricio Macri.
La renovación en la UCR parecía encaminada por Ramón Javier Mestre (n. 1972) en 2011, cuando ganó la Intendencia. Sin embargo, el error de creer que había mestrismo con él (o sea una masa de dirigentes propios que alcanzaba para reemplazar todo lo anterior), lo llevó a enfrentarse a la generación que se resistía a ser archivada. Se sumó a ello una gestión con complicaciones.
En la UCR hay hoy, como nunca, una plusmarca de núcleos internos: siete. Ése es un síntoma evidente de que a nadie se le reconoce la jefatura dominante.
Mestre, no obstante, es la principal figura de la UCR cordobesa, pero su futuro inmediato está muy atado a que pueda retener el Palacio 6 de Julio. Si lo logra, la renovación radical podría retomar su rumbo; si no, la crisis de liderazgo partidario volvería a renacer.
Aguad, Negri y Mestre son todos dirigentes capitalinos. Del interior, sólo asoma el riocuartense Juan Jure, al que le falta muchísima instalación en la ciudad de Córdoba, por lo que, a diferencia del peronismo, no se vislumbra que lo nuevo llegue de más allá que la capital provincial. Puede recordarse que en la época del llano más duro, algunos intendentes del interior trataron de formar un polo de poder, pero fracasaron cuando tuvieron que pasar de las palabras a los hechos (nunca se pusieron de acuerdo para formar listas internas, y varios de los más notables terminaron traicionando a su partido yéndose al kirchnerismo o al juecismo).

El Frente Cívico
En el Frente Cívico es casi imposible hablar de renovación a nivel de jefatura, porque se trata de un partido absolutista. Luis Juez (n. 1963) es el jefe, y los que no están de acuerdo con él terminan rompiendo (la historia del Frente Cívico es la de sus rupturas).
La falta de figuras que lo acompañen se advirtió con mucha claridad cuando otros fueron candidatos en su nombre, como Esteban Dómina (en 2011) y Ernesto Martínez (en 2013).
Además, Juez tiene edad y aspiraciones como para ir por una nueva candidatura a gobernador en 2019, más allá de que se abran signos de interrogación sobre lo que pueda ir quedando de su capital electoral.
La renovación se dará, seguramente, a nivel de extrapartidarios: Juez tendrá que ver mucha televisión para elegir a quiénes lo vayan a acompañar en las elecciones de 2019 (salvo que se mantenga unida la alianza Juntos por Córdoba, lo que parece inverosímil).