Todos miran a Santa Fe

Por Mariana Prats
Para elestadista.ocm.ar

2015-06-11_SANTAFE_webDesde hace ocho años, Santa Fe es la única y primera provincia en el país gobernada por el socialismo. No sólo el color de su Gobierno la hace excepcional. También reúne el 8,4% del electorado nacional y produce el 8,1% del PIB. Es un distrito clave en términos políticos y económicos, a la vez que innovador en materia electoral: las primarias en la provincia anteceden a su implementación a nivel nacional y allí fue donde se utilizó por primera vez la boleta única. Empero, algunas de estas excepcionalidades se ven cuestionadas de cara al próximo 14 de junio: la continuidad del Frente Progresista (FPCyS) encabezando el Ejecutivo de la provincia está amenazada por los auspiciosos porcentajes de votos que obtuvo la fórmula del PRO en las PASO, mientras su rol vanguardista en materia electoral de la última década se ha visto opacado por irregularidades en el proceso de escrutinio provisorio. Claro está que la importancia política del primero de estos elementos excede al segundo, especialmente para el oficialismo provincial.
En unos días los santafecinos elegirán múltiples representantes provinciales y locales, sin embargo, dos cuestiones centrales estarán en juego en la provincia: el futuro del progresismo y parte del “armado político” de las fuerzas opositoras al oficialismo nacional. La complejidad particular de los resultados en el escenario político está signada por la disparidad y cruce de “socios” entre ambos niveles de gobierno.
Para el oficialismo, las PASO hicieron salir del plano de lo fantástico la pesadilla que aquejó al arco progresista en 2011 y que avecinaban las encuestas: Del Sel, ex-humorista devenido en político, fue el candidato que reunió la mayor cantidad de votos en la disputa por el Ejecutivo de la provincia. Los resultados positivos en las categorías legislativas y varios ejecutivos municipales pasaron a un segundo plano y el desafío que se planteó no sólo implica lograr cerrar filas al interior del frente sino también revertir las tendencias que pronosticaron las primarias.
Con el objetivo de seguir conduciendo la provincia, el FPCyS delineó una estrategia que apuntara al interior de la propia organización, cerrar filas con la línea conducida por los sectores que perdieron las primarias. Además de la foto de unidad, Miguel Lifschitz ponderó coincidencias e incluso buscó despegarse de la “familia” –como se conoce internamente al núcleo duro socialista: Binner-Bonfatti–, con declaraciones que rozaban a Mario Barletta (por ejemplo, en relación a su accionar en las futuras elecciones presidenciales).
Por otra parte, se desarrolló en paralelo otra estrategia enfocada hacia el exterior. Aquí el objetivo era doble: lograr que participen los electores que no participaron en las PASO y recolectar votos de aquellos que no los votaron. Para alcanzarlo discursivamente se desinstalaron de la agenda los cuestionamientos respecto a los resultados electorales y se mostró capacidad resolutiva en cuanto al problema de seguridad. La otra maniobra fue polarizar la elección, fomentar el voto estratégico y transformarse en primera preferencia de aquellos que quisieran evitar el eventual triunfo de Torres del Sel.
Por su parte, Unión PRO procurando mantener a sus votantes en las PASO, apeló a que sostengan su voto sincero en las elecciones generales. La ofensiva más fuerte que se realizó tuvo que ver con tratar de romper la unidad del FPCyS, ofreciendo cargos a los líderes de la línea perdedora en las primarias. Asimismo, se buscó trascender los límites provinciales de los comicios, mostrar un Del Sel más emotivo y dócil, junto y respaldado por Macri, quien pretenderá capitalizar resultados favorables en miras a los comicios presidenciales. Que en las generales le vaya bien al FPCyS puede servir de guiño a los radicales “rebeldes” que buscan justificar su apoyo a la candidatura de Margarita Stolbizer. Que le vaya mal, una ventaja del PRO respecto a los socios radicales.
El FpV, consciente del sorpresivo porcentaje de votos de su candidato en las PASO, logró entender que la peor estrategia para el peronismo en la provincia es presentarse dividido. Así Perotti apeló representar el peronismo tradicional en la provincia, desvinculándose del kirchnerismo y mostrándose “sciolista” a través de la constante presencia de la esposa del precandidato presidencial en diferentes eventos de la campaña. Como estrategia paralela buscó cruzar a Lifschitz, para instalarse: si la elección no adquiere un carácter polarizado, el candidato tendría todo para sumar de cara a las generales,sería una figura política conocida en toda la provincia y contaría con el respaldo del precandidato a presidente con la mayor intención de voto.
Otros dos candidatos disputan la gobernación, pero sus figuras parecerían no destacarse o aparecer en la agenda, no fueron a ningún debate y siquiera se posicionaron en relación a los otros tres, o dos, candidatos; de ellos no nos ocuparemos hoy.
A días de las elecciones a los múltiples actores políticos les resta solo esperar que hayan resultado exitosas las estrategias que desarrollaron. Un dato importante a considerar es que independientemente de los perdedores, ellos tendrán cierto margen para rediseñar estrategias y mover fichas. Recién una semana después de la elección provincial es el cierre de listas para los cargos nacionales.
Hay una semana para dejar que baje el polvo, curar heridos, compensar perdedores y pagarles a los amigos.