Macri prefiere estar solo y esperar

Por Gonzalo Neidal

DYN15.JPGEl país político está pendiente de lo que resuelva Sergio Massa sobre su precandidatura presidencial.
El miércoles al mediodía dará a conocer, lo ha dicho, su resolución definitiva. Ella será la ratificación de su postulación –que deberá dirimir en definitiva con José Manuel de la Sota- o bien su desistimiento definitivo y aceptación de la postulación a la gobernación de Buenos Aires. Esta segunda posibilidad aparece hoy por hoy como la más realista, habida cuenta del progresivo desgranamiento que ha sufrido el espacio político de Massa en las últimas semanas.

Clamor por la unidad
Las expectativa incluye también la posibilidad de concreción de una alianza entre Massa y Mauricio Macri, a la que éste ha dado la espalda claramente desde el comienzo mismo de las insinuaciones provenientes desde el sector del hombre de Tigre.
Muchos analistas políticos, periodistas y opinadores diversos e incluso un sector del electorado, tienen la certeza que la única forma de derrotar al candidato oficialista es la de presentar una fuerza unificada que incluya a ambos precandidatos. En ningún otro caso, se piensa, se podrá festejar una victoria de la oposición en los comicios presidenciales.
Este argumento es el preferido de los que habitan el sector político de Sergio Massa, cuyo debilitamiento resulta evidente tras el abandono perpetrado por figuras prominentes y de valor simbólico decisivo. El Frente Renovador se ha diluido al punto de la desaparición y ahora aparece desesperado por unir sus fuerzas con el PRO quizá incluso como un modo de disimular en la unión su propia debilidad y fracaso.
Ha trascendido que fuertes sectores del empresariado que apoyan a Macri presionan a éste para que ceda y abrace definitivamente la variante del acuerdo a lo que el Jefe de Gobierno porteño se ha negado sistemáticamente hasta hoy.

Las razones de Macri
Los motivos de Sergio Massa para buscar la unidad con Macri parecen claros: su espacio ha perdido fuerza, sus votos parecen haberse evaporado en estos dos años que transcurrieron desde las elecciones legislativas de 2013.
Ahora bien, cabe preguntarse qué puede llevar a Macri a negarse a la unidad que, muchos opinan, aseguraría una victoria a la oposición.
Macri ha logrado, a lo largo de todos estos años desde el inicio mismo de su carrera política, no sólo construir un partido nacional con fuerza diversa y despareja en todo el país sino también delinear un perfil propio, una identidad política. Y esto lo ha hecho con gran esfuerzo de su parte.
Ha enfrentado a los candidatos aliados o representantes directos del kirchnerismo en la Capital Federal. Primero fue derrotado y luego logró una victoria contundente en dos ocasiones. Y ahora se apresta a conseguir un tercer triunfo, muy probablemente contra alguien que integra su propio espacio político nacional.
Además, Macri ha quedado como el dueño y único exponente de un espacio político que la Argentina necesita: el centro-derecha. Ha realizado las alianzas necesarias, ha sumado a outsiders y a algunos peronistas importantes. Y es el único de los candidatos con chance electoral que ha enfrentado el proyecto en marcha desde el comienzo mismo.
En definitiva, Macri ha construido un capital político que aún no sabemos si le alcanzará para llegar a la presidencia pero que claramente tiene razones para custodiar con cierto celo. En consecuencia, sería muy tonto de su parte poner todo eso en riesgo para sumarse a una alianza cuyo primer impacto consistirá en desteñir su perfil y “promediarlo” con el de Massa, cuyos puntos de vista son diferentes en varios aspectos sustanciales.
Uno de ellos es la economía, donde figuras como Ricardo Delgado, Roberto Lavagna y Peyrano, están muchos más cercanos a las posiciones y postulados del gobierno de Cristina que de los de Macri. Y eso es también lo que refleja el gobernador de Córdoba al argumentar su rechazo a la posibilidad de un arreglo con Macri. “En el acuerdo con Macri no me cuenten. Yo no quiero volver al país de los noventa”, dijo. Curiosa afirmación para quien propuso en 1999 la re-reelección de Carlos Menem, expresamente prohibida por la Constitución Nacional.

Lo que vendrá
Para el caso de una alianza entre Macri y Massa, algo que se vislumbra hartamente improbable en estos días, es claro que los electores potenciales de uno y otro no se suman de un modo automático. Hay muchos peronistas que están hoy con Massa pero que de ninguna manera aceptarían un arreglo con Macri. En ese caso, muy probablemente regresarían al redil peronista que hoy homogeniza Scioli ayudado por el gobierno y La Cámpora.
Asimismo, muchos de los potenciales votantes de Macri, de ninguna manera lo respaldarían si éste decide aliarse con Massa, a quien ven como un personaje con una historia cercana al gobierno, al que rechazan.
En caso de que finalmente Massa decida bajar su precandidatura presidencial y conformarse con la de gobernador de Buenos Aires, queda la duda sobre cuál será la actitud de los que hoy integran el espacio político del ex intendente de Tigre. Las encuestas indican que será Scioli el mayor beneficiario de la desintegración de la aspiración presidencial del Frente Renovador. Quizá sea esa la percepción que tiene también De la Sota, pues apunta hacia allí sus argumentos.
Falta aún un largo tramo hacia los comicios de octubre. Son los 4 meses más largos de la historia. La economía está en claro receso, el malestar de la población se extiende, la inflación recrudece, los sindicalistas piden más aumentos salariales y la presidenta llega al descaro de afirmar que, en materia de pobreza, Argentina está mejor que Suiza y Alemania.
Nada de esto será neutro al momento de votar.
Scioli desearía que las elecciones sean mañana.
Macri, que estos cuatro meses y medio transcurran lentamente, evidenciando a su paso las falencias del gobierno peronista.
¿Massa? Ya casi no cuenta en el escenario mayor.