La carrera hacia el Panal, entre dos certezas y un enigma

Por Pablo Esteban Dávila

0 ilustra escalada de gobernadoresFinalmente, el reloj electoral activó la cuenta regresiva. La campaña “formal” ha comenzado, aunque hace ya tiempo que la informal había ganado la calle. Nominalmente existen siete fórmulas en carrera para suceder a José Manuel de la Sota, pero sólo tres de ellas tienen chances ciertas de hacerlo. Se impone, por lo tanto, un repaso sobre las estrategias que han sido esbozadas hasta el momento.
Juan Schiaretti encabeza la propuesta oficialista y, por ahora, las encuestas son coincidentes que también lo hace con las preferencias electorales. Su mensaje político es previsible y se encuentra bien planteado. “Una fórmula de gobierno” remite a la experiencia real, práctica, de la dupla que integra junto a Martín Llaryora y evoca una combinación de elementos que hace a la gestión del Estado. No existen, en este plano de proyección, disonancias entre promesa y contenido.
Los elementos cromáticos y simbólicos de la campaña se encuentran también nítidamente planteados. Predominan el celeste, el blanco y algunos toques de amarillo, clara asociación con el espectro de la bandera argentina. A modo de isotipo se encuentra el tilde afirmativo que, en términos formales, deberán utilizar los electores en la boleta única, al tiempo que si insinúa un pícaro “Me gusta!” como guiño a la expresión popular utilizada en las redes sociales. No será de extrañar que, en los próximos días, este marco conceptual se complemente con otros que articulen las propuestas concretas con las que Schiaretti gusta de relacionarse con los votantes.
Existe otro componente del mensaje de Unión por Córdoba que tal vez se utilice con mayor o menor profusión conforme avance la estrategia. Se trata del sintagma “el mejor cambio” que figura a modo de remate en las piezas publicitarias, tanto en internet como en la vía pública. Su sentido es muy claro: los postulantes del oficialismo también aseguran un cambio (las apelaciones a la mudanza son una especie de commodity), pero sobre los hombros de la tercera gestión de De la Sota. Es una devolución recíproca de favores. En agosto de 2011 el gobernador reconoció públicamente a Schiaretti su administración cuando festejaba el triunfo: “Gracias, Juan, sin tu gestión no hubiera sido posible esta noche”. Ahora podría darse la situación inversa, pero con igual sentido y los mismos actores.
Para muchos analistas, el que finaliza ha sido el mejor de los tres períodos de gobierno del veterano caudillo. La observación se vuelve aun más trascendente toda vez que el gobernador ha tenido que vérselas con una Casa Rosada empeñada en boicotearlo y enfrentar un navarrazo inverso (la rebelión policial del 3/12/2013) que podría haber sido letal para su devenir político. Si Schiaretti regresara al triunfo el 5 de julio, sería la quinta gestión peronista en una provincia que dista de serlo. Es una “fórmula de gobierno” de la que muchos quisieran saber su composición química.
Por el lado de la segunda fuerza (siempre según las encuestas conocidas) las cosas no están tan claras. Oscar Aguad – Héctor “la Coneja” Baldassi encabezan una entente compleja, cuya constitución fue tan laboriosa como amarga. Sólo la constante intervención de Mauricio Macri posibilitó que dirigentes que mutuamente se aborrecen pudieran finalmente sonreír para la foto de familia.
Hasta ahora, la Triple Alianza entre macristas, radicales y juecistas parece haber puesto más empeño en reunirse que en hacer política. Pese a lo avanzado de la fecha, su campaña no parece tener un eje definido, excepto la constante mención –a modo de mantra endogámico– de los nombres que la integran. Esta es una muestra evidente sobre que su vara de éxito ha sido, por el momento, juntar personas de diferentes orígenes antes convencer al electorado de votarlas.
Esta situación, por supuesto, puede cambiar y, en cierta forma, todos están esperando que lo haga. Aguad no es un mal candidato (habla bien, tiene apostura y ya tiene varias campañas sobre el lomo) y el hecho de tenerlo a Macri como padrino le confiere un potencial indudable. En las próximas horas el eje conceptual de la campaña debería ser develado y sus dirigentes mostrar todo el potencial que contienen.
Sin embargo, existen limitantes objetivas para el desarrollo de una estrategia avant la lettre. Aguad es quién encabeza la fórmula, pero no es el líder partidario. Luis Juez es, nominalmente, su jefe de campaña, pero no son muchos los radicales dispuestos a obedecer sus instrucciones. Los intendentes, que representan el poder territorial de la UCR, han preferido en general disociar su suerte de la de su candidato (sólo el fin de semana próxima habrá un centenar de elecciones locales) con lo cual no existirán tracciones recíprocas entre la lista provincial con sus homólogas locales. Estas son limitaciones importantes que, probablemente, el marketing puro no logre exorcizar. Por ahora, lejos de cualquier propiedad aditiva, es un hecho que la alianza ha quitado potencia a la UCR, el tronco político de la coalición, y producido una diáspora de monta en el Frente Cívico, reducido ahora al círculo íntimo de Juez. ¿Habrá valido la pena tanto sacrificio? Los próximos días darán su veredicto.
El tercer binomio con aspiraciones es el integrado por Eduardo Accastello y Cacho Buenaventura. A diferencia de aquel encabezado por Aguad, este parece tener las cosas en claro. El villamariense ofrece un mensaje basado en la gestión (es su especialidad) y en trabajar en conjunto con la Nación, descalificando las actitudes aislacionistas de Unión por Córdoba. Esta es una apuesta fuerte, especialmente en una provincia antikirchnerista.
No debe deducirse pasión por el suicidio en torno a este eje. Accastello ha optado por la primer máxima política en una elección: el posicionamiento. Él es el candidato del Frente para la Victoria, y su propuesta de valor es muy clara: si Daniel Scioli es el presidente (es muy probable que lo sea), Córdoba saldrá de un aislamiento que le ha costado mucho en términos de recursos y de costos. Podrá polemizarse si la táctica es o no correcta, pero es una variable discursiva lícita. De paso, habilita variantes de campaña negativa contra el oficialismo provincial que ha comenzado a explotar sin complejos.
Accastello quizá sepa que, a pesar de una estrategia potente y conceptualmente consistente, sus esfuerzos no alcancen. De comprobarlo efectivamente, el tema no lo mortificaría durante mucho tiempo. El comprende mejor que nadie que estas elecciones son una antesala para definir la sucesión peronista hacia 2019 y que, después de De la Sota y de Schiaretti, el escenario queda abierto a una nueva generación de dirigentes. Si obtuviere un buen resultado a pesar de la mochila K que voluntariamente carga sobre sus espaldas, desde el interior del PJ se lo comenzaría a mirar con respeto, habilitando un regreso con dignidad. La poco elegante salida de Carolina Scotto lo ha convertido, de paso, en el primus inter pares del libanizado espacio kirchnerista en la provincia. Este hecho le confiere una estatura nacional que, tal vez, le asegure un lugar en un eventual gabinete sciolista.
Este es el panorama con que inicia la carrera hacia el Panal. Hay dos certezas (las campañas de Schiaretti y la de Accastello) y un enigma (la de Aguad). ¿Será el mismo que termine clausurándola? Las próximas semanas serán determinantes para ofrecer una respuesta apropiada.