Pacto de Palermo en su Día D: cumbre Massa–De la Sota

11082190_10153373172664928_1466305072982648462_o[dc]E[/dc]n apenas una semana el líder del Frente Renovador, Sergio Massa, deberá tomar una decisión trascendental para su carrera política. El próximo miércoles culmina el plazo para constituir alianzas para las PASO nacionales y el tigrense tendrá que definir si avanza en su actual rumbo hacia una competencia por la candidatura presidencial con José Manuel De la Sota o si, como vaticinan operadores propios y ajenos, se decide a competir por la Gobernación de la provincia de Buenos Aires.
En ese marco, a solo dos días del cruce de declaraciones entre el intendente bonaerense Mario Meoni y el diputado cordobés Carlos Caserio, Massa visitará el feudo de De la Sota y son muchos los que esperan declaraciones y, sobre todo, definiciones. Por estos días, de los tres espacios nacionales que se repartirían entre sí el podio electoral, el frente Unidos por una Nueva Argentina (UNA) es el único que exhibe muestras de inestabilidad.
En contraste con un oficialista Frente para la Victoria (FPV), que especula con la posibilidad de colocar al próximo inquilino de la Casa Rosada en primera vuelta, y con la entente opositora UCR – PRO – CC, donde un hábil Macri viene logrando la ardua tarea de mantener las aguas calmas con Carrió y los radicales en la misma pileta, la cantidad de trascendidos, fugas y operaciones que envuelven al massismo han carcomido la credibilidad de la candidatura del tigrense.
La más reciente incomodidad del massismo se dio cuando Meoni declaró que su referente le habría ofrecido a De la Sota la vicepresidencia en una fórmula unificada. En un contexto muy distinto al que rodeaba al gobernador cordobés hace tan solo unos meses, cuando su candidatura no despegaba y las inundaciones lo retenían en la provincia, esta vez se dio el lujo no solo de rechazar el convite, si no de aventurarse a desafiarlo.
Por esto, más allá de los eventos que Massa recorrerá como formalidades de la visita, será la conversación que tenga con De la Sota lo que atraerá la atención de la dirigencia que hoy engloba UNA. Los caminos que el bonaerense estaría evaluando son variados, pero todos ellos conllevarían también consecuencias para el cordobés.
Las expresiones públicas del massismo paladar negro indican que el tigrense continuará la pelea por la presidencia, esgrimiendo encuestas que otorgarían a Massa porcentajes suficientes para hacerlo entrar a una segunda vuelta, como expresó la diputada Mónica Lopez en los últimos días.
Otros intereses expresan la legión de intendentes o “aspirantes a” bonaerenses que aún no han escapado hacia los brazos del sciolismo o el macrismo. Ellos serían uno de los focos de presión que intentan por estos días torcer la voluntad presidencialista de Massa para reconvertirlo en un candidato a gobernador competitivo, que les ayude a ganar o mantener el poder territorial.
Para el gobernador De la Sota el proyecto “Massa gobernador” sería una moneda con sus dos caras, en una apuesta a todo o nada. Bien podría el cordobés devenir en el candidato presidencial con la carta ganadora en el distrito más poblado del país, sí Massa decidiese llevarlo como cabeza de lista a pesar del riesgo que podría implicar.
Las boletas electorales en la provincia de Buenos Aires tendrán entre siete y nueve tramos, y los extremos son capitalizados por los candidatos presidenciales y municipales. El candidato a gobernador, en cambio, se ubica en la incómoda mitad de la “sábana”, donde el más competitivo de los candidatos podría invisibilizarse para muchos electores.
Por esto, la opción de De la Sota como cabeza de la lista no sería la que más entusiasma a los generales del massismo, que alentarían otras posibilidades. Por un lado, los partidarios de la “panoposición” auspiciarían ingresar a la alianza macrista-radical, como un simple acuerdo provincial para no entorpecer la contención de los radicales más puristas. De darse así, el oficialismo nacional se vería obligado a repensar su estrategia nacional de primaria para evitar que ambos (Scioli y Randazzo) queden por debajo del jefe de gobierno porteño.
Otros intendentes estarían resistiéndose a regalar sus votos a un candidato que se ha mostrado en muchas oportunidades como la antítesis del “populismo peronista”. Por eso, preferirían presentarse a la elección sin ningún candidato presidencial, que al mismo tiempo visibilice a Massa al inicio de una boleta corta.
Esta estrategia replicaría la elegida por Macri en el 2011 cuando, al vislumbrar que Cristina Fernandez sería reelecta por un amplio margen, decidió preservarse y solo presentar candidatos a diputados. Esa lista PRO logró obtener casi un 20% de los votos y el segundo lugar en la disputa, lo que constituye un antecente poco desdeñable. Desde el FPV se ilusionarían con esta opción, arriesgando que una parte importante del electorado massista tiene una raíz peronista que los beneficiaría.
Estas dos alternativas dejarían a De la Sota en una situación de alta inestabilidad. A pesar de que en los últimos meses logró acumular tanto visibilidad nacional como intención de voto, quedaría sin estructura en la provincia más poblada del país, una situación alarmante para su proyecto.
Es por esto que la reunión entre Massa y De la Sota podría definir el futuro de ambos, pero también el de sus adversarios, que sufrirían, o disfrutarían, las réplicas del posible temblor.