Emulando a Hernán Cortés

Por Pablo Esteban Dávila

DYN34.JPGSergio Massa le ofreció a José Manuel de la Sota ser su vicepresidente. El gobernador dijo no. ¿Había chances que dijera otra cosa?
En realidad nunca las hubo. El ofrecimiento massista fue un nuevo intento de relanzar su candidatura sin una compresión real de la decisión y las circunstancias que rodean la postulación del gobernador. Si las hubiera comprendido a cabalidad, no lo habría hecho y se habría ahorrado una negativa que, aunque no dañe su campaña más de lo que ya está, está lejos de fortalecerla de manera alguna.
Las razones del ofrecimiento están claras, pero no así las de la negativa. ¿No está De la Sota rezagado en las encuestas? ¿No hubiera sido mejor, acaso, acompañar la suerte de alguien mejor posicionado que despeñarse irremediablemente en las PASO? La foto actual sugiere que, tal vez, el cordobés obró en forma precipitada.
Sin embargo, cuando se analiza la película completa se advierte que existe una marcada racionalidad en su proceder. A diferencia de Massa, De la Sota viene creciendo en las encuestas y promete animar una de las pocas internas vivas que quedan para las elecciones de agosto. No es preciso ser demasiado sagaz para advertir que la suerte está echada en la confrontación que mantienen Daniel Scioli y Florencio Randazo, o que la compulsa entre Mauricio Macri, Ernesto Sanz y Elisa Carrió tiene ya un nombre puesto. Esto no es lo que ocurre en UNA. La sensación predominante es que el diputado nacional tiene dificultades crecientes para mantener su tropa alineada, mientras que De la Sota lleva adelante una campaña con agenda propia y expectativas realistas. Bajarse ahora hubiera significado perder una chance de posicionarse con fuerza propia en el escenario político venidero.
Existe además otro factor que talla a su favor. Massa debe decidir en los próximos días si mantiene o declina su candidatura presidencial. Los plazos fatales han comenzado a correr en la justicia electoral bonaerense y el tiempo se agota. Aunque diste de reconocerlo abiertamente, existen chances que baje a la provincia de Buenos Aires para disputar la gobernación. La certeza que preside esta posibilidad es que, hoy por hoy, el hombre de Tigre es imbatible en aquel distrito. María Eugenia Vidal –la señalada por Macri– no levanta cabeza, en tanto que el kirchnerismo parece empantanado para nominar al sucesor de Scioli. Massa podría aquí cazar en el zoológico, un escenario muy diferente al que afronta por estas horas en el plano nacional.
Si esto ocurriera llovería sopa, un acontecimiento climático – electoral que encontraría al cordobés con la cuchara lista. No es difícil imaginar que una defección massista dejaría, en lo inmediato, una franja vacante en el electorado y que buena parte de este déficit podría ser cubierto por De la Sota. La hipótesis es lo suficientemente seductora como para permanecer alerta. Un Massa fuera de combate representaría al menos cinco puntos de intención de voto agregada, que se sumaría a la que ya tiene por sí mismo. Semejante acontecimiento catapultaría al gobernador como el tercero en discordia en la discusión presidencial, algo que, seis meses atrás, hubiera sido tachado de quimera.
Claro está que esta alternativa se hubiera tornado abstracta si De la Sota hubiera aceptado la propuesta massista. Ahora es Massa quien está presionado. Todavía no tiene un vicepresidente nominado con el cual fortalecer su candidatura y alejar los fantasmas de la abdicación. Por el contrario, si el gobernador hubiera aceptado el convite habría clausurado esta posibilidad (que era, tal vez, lo que su socio quería que sucediese) y condenado simétricamente sus propias chances políticas. De una manera muy práctica, la negativa delasotista ha dejado la puerta abierta para que los operadores macristas continúen merodeando la voluntad del diputado para regresar a la provincia de Buenos Aires, algo que en la jefatura de gobierno porteña deben estar agradeciéndole.
En el fondo, se trata de una cuestión de perspectivas. De la Sota está jugado a una carrera que, tal vez, no tenga chances de disputarla en el futuro. Es ahora o nunca. Adicionalmente, ha decidido emular a Hernán Cortés y quemar todas sus naves. Ya no tiene a donde regresar. Pudo haber sido reelecto como gobernador de Córdoba (y, por cierto, tenía chances inmejorables) pero decidió no hacerlo. Pudo haber cerrado con Massa cuando este todavía era fuerte, pero tampoco lo hizo. Pudo, inclusive, intentar una aproximación lateral con el propio Scioli –y el intento habría sido bienvenido– pero se dedicó pacientemente a dinamitar cualquier vínculo con el kirchnerismo. Es un hecho que lo único que le queda por hacer es continuar y transformarse en uno de los protagonistas del ciclo político que se iniciará a partir de diciembre venidero.
Es este “factor Cortés” y la convicción sobre que existen poderosas fuerzas que probablemente obliguen al propio Massa a declinar sus ambiciones presidenciales son los consejeros secretos que recomiendan a De la Sota rechazar la vicepresidencia y mantenerse en la porfía. Mala suerte la de Sergio, tratar con un gallego.