Encrucijada de la Triple Alianza

Por Pablo Esteban Dávila

crdoba--el-lder-de-pro_410207La semana que inicia traerá de regreso a Mauricio Macri. Sus visitas a la provincia son cosa ya habitual (no en vano es uno de los distritos en donde mejor mide) pero, en esta oportunidad, el motivo no le será tan grato como en ocasiones anteriores. Se tratará, nada menos, que intentar relanzar las candidaturas de Oscar Aguad y Héctor Baldassi, al parecer estancadas en las encuestas.
Existen razones para la preocupación. Desde el anuncio de la conformación de la Triple Alianza hacia finales de abril, la fórmula de Juntos por Córdoba no ha avanzado mucho más allá del 22 o el 24%, bastante por debajo de la intención de voto que se le atribuye al binomio integrado por Juan Schiaretti y Marín Llaryora. Para empeorar las cosas Eduardo Accastello, el tercero en discordia, parece estar amenazando la actual posición de Aguad.
Las señales de alarma aparecieron durante la semana pasada y se activaron desde lugares muy diferentes. El primero fue el conductor radial Mario Pereyra quién, desde los influyentes micrófonos de Cadena 3, se preguntó al aire qué sucedía con los candidatos aliancistas “porque no los veía activos”. Llegó a sugerirles que invirtieran unos pesos más en publicidad, “no necesariamente en mi radio”, y cosas por el estilo, en lo que constituyó un auténtico tirón de orejas mediático. Pereyra es un macrista confeso, y nadie podría catalogar a sus prevenciones como una operación destinada a dañar las chances de la entente.
El segundo en hacerlo fue nada menos que Luis Juez, señalado por Aguad como su jefe de campaña. En declaraciones analizadas en la edición de Alfil del viernes último, el senador advirtió que si el radical pierde “no va a por culpa mía”, expresiones que fueron interpretadas como una apertura anticipada del paraguas electoral. Al igual que en el caso de Pereyra (y aunque aquí quepan algunas sospechas inevitables) las intenciones finales de Juez no deberían ser puestas en entredicho, al menos en esta instancia.
Sea la realidad objetiva o apenas una percepción, lo cierto es que hace rato que no hay buenas noticias para la Triple Alianza. La última fue el acontecimiento, sugestivamente autorreferencial, de su propia constitución. Sin embargo, el hecho que radicales, macristras y juecistas hayan terminado confluyendo tras una laboriosa (y por períodos bizarra) negociación no tuvo, por sí mismo, el efecto multiplicador que se le atribuía. Por el contrario, señaló la puerta de salida a muchos que desconfiaban de la racionalidad del armado. Algunos radicales de cierto peso, como lo es el caso de Hipólito Faustinelli, optaron por alejarse rumbo a Unión por Córdoba, mientras que la plana mayor del Frente Cívico lo hizo hacia el Frente para la Victoria. A más de un mes de lograda, la Alianza parece haber sido un campo de maniobras en donde el objetivo principal fue el de reunir fuerzas diferentes a despecho de otros fines quizá más relevantes, desdeñando incluso las advertencias en el sentido que tal adición podría terminar erosionando la base política que cada partido podría tener por separado. Es lo que, en la Teoría de Juegos, se denomina una “suma negativa”, un terreno en el que nadie quisiera estar jugando.
La agenda del jefe de gobierno porteño contempla esta situación, aunque probablemente no se haga público que ésta es la verdadera razón de la visita. El propio Macri sabe que lo que suceda dentro del mes que se inicia será fundamental. Hasta el 5 de julio –fecha de las elecciones para gobernador y vice– él podrá mostrarse libremente en Córdoba como uno de los presidenciables más sólidos y tratar de influir en los acontecimientos locales gracias a tal presunción. Luego de aquella fecha, y en el supuesto que Aguad no fuera electo, perderá parte de su magia. Si existe una oportunidad para relanzar a sus referentes es ahora, cuando todavía faltan cinco semanas para la definición.
La ocasión, por lo tanto, es la correcta, pero resta ver el formato del apoyo. Ya todo el mundo sabe que Aguad y Baldassi son los preferidos del porteño. Una conferencia de prensa o un timbreo conjunto serían acontecimientos simpáticos, pero de ninguna manera trascendentales. Hará falta presentar el concepto político, la razón profunda por la cual los cordobeses deberían optar por ellos. Hasta el momento tal cosa no ha sucedido. ¿Traerá Macri bajo el brazo el mensaje que el equipo de campaña aún no ha definido?
Los contrincantes, entretanto, continúan desarrollando sus propias estrategias. Accastello no oculta sus ambiciones. Promete gestión, diálogo (algo extraño en el ADN kirchnerista) y se muestra dispuesto a atacar al pensamiento central de Unión por Córdoba, esto es, su defensa de la provincia, echando manos una clásica campaña negativa. Por su parte Schiaretti se sabe primero, pero no por ello duerme la siesta. Promete obras, inversiones y continuar con las políticas de José Manuel de la Sota, quien ostenta elevados índices de aprobación. Su posicionamiento como una “fórmula de gobierno” desliza, displicentemente, que las demás no lo son. Hasta ahora lo está logrando.
De Juntos por Córdoba nada se conoce por ahora. Sólo la abundancia del amarillo y la repetición, a modo de mantra endogámico, de quienes la integran. Por las dudas, Baldassi no deja de recordar que es “la Coneja”, no fuera cosa que se soslaye su linaje popular. El radicalismo, el socio con mayor despliegue territorial, tampoco se muestra particularmente activo. Muchos de sus intendentes han decidido separar sus destinos electorales de la fórmula oficial partidaria. El comité de Tercero Arriba, por ejemplo, ha llegado al extremo de negar apoyo al candidato a legislador departamental de la Entente, agraviado porque en Río Tercero, su intendente con intenciones de ser reelecto, Aberto Martino, es enfrentado por Juan Pablo Peirone, el emergente local de un acuerdo ente el PRO y el Frente Cívico. Estas dislexias territoriales, lejos de ser una anécdota, constituyen una amenaza cierta para una elección que computa a la provincia como un único distrito y en donde cada voto cuenta.
Juntos por Córdoba espera otra vez al porteño para relanzarse. ¿Podría gobernar sin él? Falta poco para develar la incógnita.