En serie: Desde una cárcel para mujeres, hacia una época feminizada

Por Lic. Roberto J. Cordero

OrangeSi se tratara de una ficción clásica sobre cárceles, el destornillador sería tan sólo una imagen fugaz. Pasaría tan rápido por la pantalla, que no tendríamos tiempo a taparnos los ojos antes de que lo incrusten en el cuerpo de un presidiario. La masa de reos rugiría feroz, y la trifulca terminaría con un nuevo líder o con un potencial enemigo a quien destronar. Los guardias impondrían el orden y todo volvería a la normalidad. Una normalidad sostenida finamente por la tensión agresiva que convierte a todos los internos en una masa indiferenciada de delincuentes rudos, violentos y excluidos del mundo común.
Orange is the New Black (Netflix 2013-) también nos lleva a la cárcel, pero de un modo novedoso. Piper Chapman (Taylor Schilling) decide ingresar voluntariamente a la penitenciaría para cumplir una condena de quince meses, en lugar de afrontar un juicio federal por tráfico de dinero narco. Diez años antes —cuando era una joven un tanto ingenua, enamorada, con aires de comerse el mundo y experimentar cosas nuevas— accede a transportar una maleta repleta de dinero perteneciente a su novia. Luego del desamor y el paso del tiempo, Piper dice haberse asentado y está a punto de casarse con Larry Bloom (Jason Biggs). Es allí cuando se entera de que Alex y la red de traficantes han caído, y que su propio nombre resuena en los tribunales. Con esta excusa, OITNB nos mete presos, en una cárcel para mujeres.
Si bien es una de las poquísimas series norteamericanas que transcurre en una cárcel para mujeres —hasta el momento no encontré una que la anteceda— esto no es lo único que la hace original. Tampoco el hecho de que esté basada en una historia real, tomada del libro de Piper Kerman Orange is the new black: crónica de mi año en una prisión federal de mujeres, ni que esté contada en clave de comedia dramática. A mi parecer, lo que la distingue de una ficción clásica sobre cárceles va por otro lado y tiene que ver con un destornillador.
En el cuarto capítulo de la primera temporada, un destornillador desaparece de la clase de ingeniería eléctrica. La interna encargada de administrar las herramientas es acusada de haberlo escondido. Ante la presión del guardia, ella reacciona y es enviada a la temida sala de aislamiento. Mientras tanto, los guardiacárceles inician una requisa desesperada ante el temor de una eventual agresión. Durante esta búsqueda, ellos dejan en evidencia su inutilidad, su sadismo y sus miedos. Cuando Piper descubre el destornillador en el bolsillo de su propia campera, ya es demasiado tarde para explicar su acto involuntario. Entonces recurre a su compañera de celda, Miss. Claudette Pelage (Michelle Hurst), quien toma riesgos y esconde la herramienta para proteger a la indefensa Piper. Finalmente, el destornillador cae en manos de “Big Boo” (Lea De Laria), a quien no le faltan deseos de vengar cierta traición amorosa. Ahí fue cuando me tapé los ojos. Sin embargo, el destornillador terminará en un lugar inesperado para los clásicos de cárceles masculinas. Y yo, en ridículo.
En lugar de ser un objeto que sirve para una agresión fugaz que instaure o verifique algún tipo de liderazgo o supremacía de uno sobre otro, en OITNB el destornillador funciona como un elemento que tiene importancia en sí mismo. Cobra relevancia por su ausencia. Es decir, cuando deja de estar en la clase de ingeniería eléctrica. Los guardias que lo han perdido —los hombres de esta serie— intentan recuperarlo desesperadamente porque piensan en códigos clásicos. Pero su impotencia los ridiculiza, al igual que a muchos hombres de nuestra época que ya no tienen lo que antes ostentaban.
El destornillador circula por diferentes personajes y cuando las toca, cada una de ellas pone en acto su propia singularidad. En lugar de transformarse en un arma, el destornillador se convierte en la excusa perfecta que encuentra OITNB para desplegar la biografía de cada personaje. Flashbacks mediante, vemos que la encargada de las herramientas, fue a parar a la cárcel a causa de su inmanejable rebeldía, que Miss. Claudette Pelage va presa por un asesinato no exento de cierta caridad por las indefensas, que Piper traficó dinero narco con la misma ingenuidad con la que tomó el destornillador de la clase y que “Big Boo”… eso no puedo rebelarlo.
Lo novedoso de la historia es que, además de mostrar la vida en una prisión para mujeres, desgrana la masa violenta y uniforme de reos que aparecían en las clásicas ficciones sobre cárceles masculinas. Fragmenta esa homogeneidad y la convierte en múltiples sujetos singulares, cada una con su propio modo de funcionamiento, en una institución cuya verticalidad y uniformidad se desmoronan inevitablemente. Se realza la historia personal de cada una de las internas a punto tal de que nos hace perder los límites de lo moralmente cuestionable introduciéndonos a las complejidades que oculta cualquier noción taxativa de justicia.
Si las ficciones sobre prisiones masculinas se regían por una lógica en la que el grupo se oponía al líder, las instituciones eran fuertes y homogéneas, y las categorías de lo justo, injusto, bueno, malo, etc. estaban definidas con cierta claridad, OITNB se enfoca en el uno por uno. Desde estas historias únicas, las instituciones se disuelven y los límites de las categorías se tornan borrosos o inoperantes. De este modo, y desde una prisión para mujeres, OITNB señalaría algunos rasgos de la época en la que vivimos hoy.

Ficha

Orange Is the New Black (también abreviado como OITNB) es una serie estadounidense de comedia-drama, creada por Jenji Kohan. La serie fue producida por Lionsgate Television y se emitió por primera vez en Netflix el 11 de julio de 2013; se basa en el libro autobiográfico de Piper Kerman Orange Is the New Black: Crónica de mi año en una prisión federal de mujeres, que relata sus memorias sobre la vida en la cárcel.