¿Un horizonte de polarización?

Por Gonzalo Neidal

tvA medida que van transcurriendo las internas comienza a despejarse el panorama de la batalla final por la presidencia, para la que faltan seis meses exactos. Ya lo hemos dicho: seis meses es un breve tiempo pero en él caben tantos acontecimientos que nada de lo que pueda verse ahora configura una certeza inviolable.
Con las PASO del domingo próximo en la Capital Federal se certificará –por si hacía falta aún- la debilidad territorial de Sergio Massa. Mendoza y Santa Fe lo mostraron débil y en la CABA se ratificará ese panorama. Si a eso sumamos Córdoba, donde su fuerza es insignificante, queda ratificado un incierto panorama para el hombre de Tigre que al parecer no ha logrado extenderse con fuerza más allá de la provincia de Buenos Aires, donde dio el gran batacazo en 2013, al derrotar al kirchnerismo.
Si lo vemos de otro modo, parece sumamente razonable que esto vaya ocurriendo. Se dice corrientemente que el país se encuentra polarizado entre los partidarios del gobierno y los que se muestran contrarios a él. A favor o en contra. En principio no existe lugar para posiciones distintas a éstas, para matices de algunas de estas variantes que podrían llamarse extremas. Un candidato que propone continuidad con el gobierno de Cristina y un candidato que se diferencie claramente del gobierno o que, al menos, los votantes identifiquen como distante de la propuesta en curso en relación con los temas fundamentales.
En tal sentido, Daniel Scioli va quedando como el dueño visible de la propuesta que implica continuidad. Cada día suma una nueva definición al respecto. Ya no se permiten las ambigüedades anteriores, donde jugueteaba con HugoMoyano, se le insinuaba a Massa y marcaba algunas diferencias con el gobierno de Cristina. Ya no lo hace. Ahora ha percibido que, si quiere ser presidente, debe abrazarse y entregarse a la maquinaria cristinista. No tiene otra opción.
Muricio Macri, por su parte, ha tenido la (para muchos) impensada habilidad de realizar alianzas locales, provinciales y nacionales que lo van perfilando como el verdadero desafiante del oficialismo para ocupar la Casa Rosada. Es quien aparece como más distante del gobierno nacional. Su contracara.
A seis meses de los comicios, Scioli y Macri se van vislumbrando como los dos polos entre los que se dirimirán los comicios. ¿Es prematuro decirlo? Probablemente. Pero cada día que pasa, por el momento, se suman datos para que esto se vaya transformando paulatinamente en una realidad.

¿Dónde queda Massa?
En un escenario que se va insinuando como fuertemente polarizado, con posiciones excluyentes, es previsible que a Massa se le vaya complicando su expansión más allá de la Provincia de Buenos Aires. Massa fue funcionario de este gobierno y hace tan sólo un par de años que decidió enfrentarlo. Sus equipos técnicos, especialmente el económico, está integrado por profesionales que provienen también del gobierno, del que fueron expulsados en distintos momentos. Además, su condición de peronista, establece un fuerte vínculo ideológico entre Massa y Scioli. Massa se ofrece como un candidato peronista aunque con un estilo y algunas ideas diferentes a las de Cristina. Pero no mucho más que eso.
Es complicado para Massa definir con precisión el espacio que representa o que aspira a representar. ¿Un peronismo más prolijo? ¿Más respetuoso de las instituciones? ¿Con una política económica diferente a la actual? Y, en este caso, ¿qué tan diferente?
Massa transitó callado y sin ejercer la crítica, un largo período de los gobiernos de Néstor y Cristina. Fue un funcionario prominente de ambos. De tal modo, es probable que una parte del electorado vea en él una amplia zona de coincidencia ideológica y política con el gobierno nacional y el programa de esta década que va cesando.
En otras palabras, si la polarización que se ve en la sociedad tiene su expresión electoral, todo parece indicar que en cada una de las trincheras estarán Scioli y Macri. O sea, alguien que claramente se ofrece como la continuidad del gobierno en curso (Scioli) y alguien que no tiene que explicar demasiado que ocupa una situación distante, porque la ha revestido siempre (Macri).
Si Massa va comprobando, domingo a domingo, que por el momento su influencia se circunscribe a la provincia de Buenos Aires, donde obtuvo un gran triunfo en 2013, ¿no debería comenzar a evaluar la posibilidad de bajar su candidatura a presidente y presentarse para gobernador?
Pero, como decíamos al principio, aún falta mucho. Seis meses puede ser una eternidad en materia de novedades políticas que puedan transformar el escenario. Pero tal como vienen los hechos se va afianzando la hipótesis de una polarización entre Scioli y Macri, los más nítidos representantes de las posiciones que uno percibe cada día en la calle.