Un gabinete de leales para preparar la retirada

Por Marcos Duarte
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26-02-2015_buenos_aires_la_presidenta_cristina[dc]“C[/dc]on mucha voluntad y vocación, me encantaría ser intendente de Resistencia”, la afirmación del hasta ayer Jefe de Gabinete de Ministros, Jorge Capitanich disparó las primeras versiones de renuncia. Los rumores indicaban que el chaqueño había pedido a Cristina Kirchner que le permita abandonar la función en el gobierno nacional para reasumir la gobernación de la provincia del Chaco.
La aspiración de Capitanich es mantener el control del Partido Justicialista chaqueño. A estos fines es central tener el control del poder provincial al momento de decidir el armado del peronismo provincial. Capitanich necesita ordenar al peronismo provincial, que aún no definió su candidato a gobernador para las primarias provinciales del 24 de mayo. La fuerte interna que lo enfrenta con su vicegobernador Juan Carlos Bacileff Ivanoff (hoy a cargo de la gobernación) es la causa eficiente de este repliegue provincial del jefe de gabinete.
La situación electoral del Chaco no es cómoda para el oficialismo. El PJ se debate entre las aspiraciones del capitanichista Eduardo Aguilar y el actual ministro Gustavo Martínez, un dirigente con vuelo propio. El plan de Capitanich es incidir en esa puja desde la candidatura a intendente de Resistencia. De todos modos, nada asegura el triunfo del justicialismo. La actual intendenta de la capital provincial, la radical Aída Ayala, logró unificar a todas las fuerzas de la oposición y hoy marcha al frente de los sondeos. Si se confirma la candidatura a intendente del ex jefe de gabinete deberá enfrentar al joven dirigente de la UCR, Leandro Zdero.
Además de las razones tácticas que esgrime Capitanich, es inocultable el enorme desgaste que tuvo casi desde el momento mismo de su asunción. Desde que fuera presentado como la cara “racional” del kirchnerismo, en noviembre de 2013, su imagen se fue asimilando con lo más duro del oficialismo. Desde su cuestionada actuación durante la rebelión policial en Córdoba, que terminó transformándose en una crisis nacional, hasta las destempladas declaraciones en relación al fallecimiento del fiscal Nisman su rol político fue más incomodo a cada momento. Jorge Milton Capitanich, que figuró como uno de los posibles presidenciables en el momento de asumir, enfrenta un destino municipal.
Aníbal Fernández asumirá el lugar que deja el chaqueño. El actual Secretario General de la Presidencia aparece, en una primera mirada, como la antítesis de Capitanich. Hábil y permanente polemista, no escapa a ningún cruce por más inconveniente que parezca. Por otro lado combina dos características que hoy parece necesitar el cristinismo en retirada: se lo asocia con los sectores más leales al gobierno y al mismo tiempo es un hombre con incuestionable pedigree en el poderoso aparato del PJ bonaerense.
Fernández mantiene buenas relaciones con los bloques parlamentarios del Frente para la Victoria, en particular el del Senado y puede ser un buen interlocutor con el sciolismo. Este frente es central para la supervivencia política del cristinismo y el ex intendente de Quilmes parece el hombre indicado para abordarlo.
La salida de Juan Manzur tiene causas similares a la de Capitanich. El saliente Ministro de Salud es candidato a gobernador en la provincia de Tucumán y mantiene un enfrentamiento con la esposa del actual gobernador Beatriz Rojkés de Alperovich. Además, el 23 de agosto deberá enfrentar al radical José Cano quien aparece con muchas chances de destronar al PJ de la gobernación tucumana.
En su lugar asume el desconocido Daniel Gollán quien estaba al frente de Secretaría de Salud Comunitaria y tuvo a su cargo la subdirección de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat). El novel ministro cumple con el requerimiento de haber sido detenido durante la última dictadura militar y conocido del ex presidente Néstor Kirchner, aspectos necesarios para la épica cristinista.
Por último, el camporista Eduardo “Wado” de Pedro asume la Secretaría General de la Presidencia que deja vacante Aníbal Fernández. Hasta el momento miembro del Consejo de la Magiostratura, Wado es un hombre de confianza de Máximo Kirchner. Con este avance La Cámpora confirma que su escuálido desarrollo electoral (pobre desempeño a nivel estudiantil, fracaso en elecciones de colegios profesionales, nula presencia sindical y derrotas en cuanta interna justicialista se haya presentado) es inversamente proporcional a su ductilidad para la intriga palaciega. La agrupación juvenil sigue en crecimiento en todo lo que implique acumular cargos en todos los niveles de la estructura estatal con el único merito de la lealtad a Cristina.
Con estos movimientos parece conformarse el último gabinete del ciclo kirchnerista, que tendrá como rol central condicionar las articulaciones internas del PJ, servir de escudo protector en el complejo frente judicial y asegurar la mayor cuota de poder al cristinismo tras el recambio presidencial de fin de año. Un gabinete de leales para cubrir la retirada.