El debate sobre los Servicios de Inteligencia

Por Rosendo Fraga
para nuevamayoria.com

2015-02-23_DETECTIVE_web (1)Hasta no hace mucho tiempo se venía advirtiendo que la Argentina iba camino a la situación que hoy vive México o la que vivía Colombia en términos de violencia política, pero lo que ha pasado con Nisman lamentablemente confirma que ya se ha llegado a esta situación.
En perspectiva, en la última década la Argentina pasó de la corrupción generalizada al narcotráfico y ahora ha entrado en el tercer estadio propio de la descomposición de un estado en América Latina: la muerte para ocultar la verdad. De ahora en más, todos quienes se opongan a las mafias enquistadas en el poder, del origen que sean, están en riesgo.
En cuanto al Kirchnerismo. ha puesto en evidencia su incapacidad para manejar la seguridad: terminó 2012 con la primera huelga salarial de las Fuerzas de Seguridad Federales (Gendarmería y Prefectura); finalizó 2013 con la huelga policial más extendida de la historia (21 provincias), que provocó medio centenar de muertos por los saqueos originados en la falta de seguridad pública; y termina 2014 con una purga en la Secretaría de Inteligencia que puso en evidencia su negligencia en el manejo del organismo en los 12 años de gobierno kirchnerista, y que ha precipitado una crisis que el gobierno llama “guerra interna de los servicios”.
Al comenzar 2015, las fallas registradas en el personal de la Policía Federal que tenía la custodia de Nisman puede precipitar una crisis en esta institución.
Al mismo tiempo, se va creando una estructura de inteligencia paralela que utiliza para ello elementos de las Fuerzas Armadas que por ley tienen vedado realzar espionaje interno. Que hoy los fondos secretos -sin control alguno- de la inteligencia de Ejército hayan superado a los de la SI es una evidencia al respecto. Es más, entre 2007 y 2014 los recursos de la inteligencia militar se multiplicaron por 6 y los de la inteligencia estatal por sólo 2, sin que ello sea consecuencia de un plan estratégico.
En este marco, la creación de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) mantiene todo el personal de la SI, que es el que previamente tenía la SIDE: se trata de un cambio de nombre que busca presentarse como reforma. Pero el proyecto contiene tres iniciativas que deben impedirse: una es que las escuchas, que hoy deben ser ordenadas por los jueces -aunque en los hechos pocas veces se cumple-, pasen a la Procuradora (Gils Carbó, que viene actuando más como militante política oficialista que como magistrada); la otra es que la AFI incluya la Dirección de Inteligencia Criminal, que hoy está en el Ministerio de Seguridad y que integra los servicios de inteligencia de las Fuerzas de Seguridad Federales (Gendarmería, Prefectura, Policía Aeronáutica, Policía Federal y Servicio Penitenciario Federal); y la tercera es que el director y subdirector sean designados por mayoría simple del Senado por un período de cuatro años.
Se crearía así un organismo mucho más poderoso que antes. Nada se dice sobre el uso y control de los fondos secretos, que han sido usados para fines políticos en muchas oportunidades. Pero quizás lo más relevante sea la intención de designarle un jefe del servicio de inteligencia al próximo Presidente prácticamente para todo su período de cuatro años. Este punto, que estaba en el proyecto inicial y que el Ejecutivo dijo había retirado, reapareció en el proyecto en el Senado.
En cuanto al caso Nisman, las polémicas sobre las pericias de la investigación de su muerte y las continuas interferencias del Poder Ejecutivo sobre la causa que la investiga, plantean la necesidad de que aquellas sean supervisadas por peritos internacionales que garanticen su imparcialidad. Que ello se haga no implica que la justicia argentina resigne su jurisdicción, sino que busca contar con auxiliares más eficaces.
El intento del gobierno de imponer en las horas posteriores a la muerte del Fiscal la hipótesis de su suicidio muestra una intencionalidad política clara de imponerle a la justicia su interpretación antes de que avance la investigación.
A medida que avanza la crisis precipitada por la denuncia y la muerte de Nisman van surgiendo situaciones que deben ser investigadas y que incluso generan nuevas causas. Tal es el caso de lo sucedido con la custodia de Nisman en las horas previas a su muerte; la penetración de los servicios de inteligencia iraníes en el gobierno argentino; el uso y financiamiento de las barras bravas con fines políticos; la existencia de una estructura de inteligencia estatal paralela en función de la inteligencia militar; la afirmación de un legislador porteño (Vera) de que el Papa Francisco, siendo cardenal, tuvo intervenido su teléfono sin autorización judicial y por orden del Presidente Kirchner.
En conclusión, la Argentina requiere un replanteo de sus estructuras de seguridad, defensa e inteligencia, algo que el caso Nisman, sin quererlo, hace evidente.