La hora de las decisiones

Por Marcos Duarte
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ilustra y despues del 18 que...La convocatoria logró canalizar la sensibilidad ciudadana y unificar sectores diversos detrás de consignas sencillas. En el marco del homenaje al fiscal Nisman y el reclamo por el esclarecimiento de su muerte, se expresaron demandas básicas: independencia del poder judicial y transparencia en el manejo de los servicios de inteligencia.
Más allá de los insólitos avatares de la investigación judicial y las crónicas policiales vía facebook presidencial, la irrupción ciudadana en Plaza de Mayo reconfiguró el escenario político argentino.

El kirchnerismo
El ocaso del gobierno era inevitable a causa, simplemente, de la culminación de su período vital, pero el “horror al vacío” de Cristina Kirchner la llevó proponerse como objetivo mantener la exclusividad en el ejercicio del poder hasta el último día del mandato, y quizás más allá. Lo ocurrido el pasado 18 de febrero lesionó gravemente ese plan.
La contundencia de la movilización ciudadana fue consecuencia de uno de los hechos más graves desde el retorno de la democracia argentina, pero también es la respuesta a la enorme cadena de errores y desmesuras que constituyó la reacción del gobierno. . El kirchnerismo se supo conquistar una imagen que ilustra su fin de ciclo.
El destemplado manejo del momento político inaugurado por la denuncia del fiscal Nisman tuvo efectos perceptibles en la base social cristinista. El gobierno se esforzaba en atesorar un “núcleo duro” de apoyo que consideraba clave para incidir, particularmente en las en las primarias del Frente para la Victoria, su deterioro es una pésima noticia para los estrategas oficialistas.
Los leales de la presidenta mantenían una pendulante relación con Daniel Scioli. Los momentos de empatía se intercalaban con fuertes acicates públicos ante el menor desvío del gobernador bonaerense respecto del “diktat” kirchnerista. El mayor beneficiado en ese juego era el ministro Florencio Randazzo, que recibía loas y publicidad en los medios públicos cada vez que Cristina Kirchner pretendía castigar al ex motonauta.
La emergencia política generada en los últimos días obliga al kirchnerismo a definir la relación con Scioli, que sigue representando el principal soporte electoral del Frente para la Victoria. Una bendición al ex vicepresidente de Néstor Kirchner obligaría a modificar la línea política del gobierno. Es imposible dar certezas sobre la voluntad, o la viabilidad, de “sciolizar” los últimos meses del período kirchnerista, pero la etapa de la ambigüedad parece definitivamente clausurada.
Por otro lado, la preocupación comienza a extenderse al campamento sciolista. El desgranamiento electoral parece estar afectando al ignífugo gobernador. La estrategia de diferenciación estética que ejercía el moderadísimo Scioli con respecto al jacobinismo cristinista empieza a resultar insuficiente.

La oposición
Las distintas variantes de la oposición también se encontraron con una situación que no habían previsto. Aunque en las horas siguientes a la confirmación del fallecimiento del fiscal expusieron algún grado de desorientación (hubo media decena de conferencias de prensa de distintos sectores), corrigieron sobre marcha y articularon una estrategia conjunta, especialmente en el parlamento.
La crisis aceleró la tendencia centrípeta que se venía insinuando desde hacía unos meses. Los reclamos de unidad del electorado opositor obligaron a los referentes a diluir las impugnaciones mutuas y establecer mesas de acuerdo en distintos planos. Pero el trabajo parlamentario y las coincidencias en temas troncales como la Ley de Inteligencia o la propuesta gubernamental para ocupar el lugar vacante en la Corte Suprema de Justicia no parecen ser suficientes en el nuevo tablero político. Cada uno de los espacios opositores se enfrenta a sus encrucijadas.
Mauricio Macri parece ser uno de los más beneficiados por el varapalo gubernamental. Su referencia como el principal antagonista del gobierno le rindió lógicos dividendos. Hoy surge como una figura con aspiraciones a concentrar el voto opositor, pero esa posición de privilegio lo fuerza a redefinir estrategias. La táctica de ungir candidatos expectables en cada distrito para colarse en la foto del eventual triunfo empieza a encontrar su techo. Parece cada vez más necesaria la estructuración de acuerdos políticos útiles para asegurar la competitividad electoral y dar certezas a un futuro gobierno. Su alianza con Elisa Carrió es un paso necesario pero no suficiente.
Sergio Massa aparece hoy como el principal contendiente de Macri en la pelea por representar la alternativa al kirchnerismo. Hoy es vetado por el macrismo por dos motivos: su pasado como funcionario del gobierno y su origen pejotista. La impugnación no parece consistente: Sergio Massa fue aliado de Macri hace apenas dos años y comparte raíces justicialistas con buena parte del PRO. El jefe de gobierno porteño necesita un cambio en la caracterización del líder del Frente Renovador, de otra manera se arriesga a que se perciba que esas imputaciones solo esconden temor a perder una eventual primaria opositora.
Correlativamente, Massa debe decidir entre dos caminos que hoy transita en paralelo: esperar un derrumbe gubernamental que deje huérfana a la estructura del PJ o expresar su voluntad de participar en una PASO que simplifique la oferta electoral opositora. No parece posible mantener una estrategia bicéfala.
El otro partenaire es la UCR, que empieza a reaccionar ante las bendiciones selectivas de Massa y Macri a dirigentes expectables en las provincias. En la Convención Nacional convocada para marzo, el radicalismo se enfrenta al desafío de establecer un plan de acción que contenga a sus dirigentes provinciales con chances de acceder al gobierno y al mismo tiempo lo constituya en un actor nacional único ahuyentando el fantasma de la libanización. Por otro lado, necesita estructurar un discurso que explique a su electorado la necesidad de la unidad de los sectores opositores, el diagrama electoralista puede resultar exitoso en los números pero desatar un conflicto político de magnitudes.
Hasta hoy, el último año de la etapa inaugurada por Nestor Kirchner simulaba una guerra de posiciones entre los espacios en pugna donde la defensa del territorio propio era la prioridad. Esa fase parece cerrada, la sensación dominante es que comenzó la etapa de las decisiones.