Copa Argentina: una criatura K sin impacto en los hinchas

2015-01-27_CRIS_CAPITANICH_GIOGA_web[dc]L[/dc]a semana que viene, en los primeros días de febrero, continuará la Copa Argentina en su temporada 2014-15, que cuenta con el insólito registro de empezar cuando la  edición 2013-14 no había finalizado. Si, como lo lee: fue tan arrebatado el intento de imponer e instalar el torneo a la fuerza que dejó muchísimos detalles organizativos librados a la improvisación que instalaron un ridículo difícil de remontar. Pero la rueda sigue girando, y esta copa que nació de una iniciativa del kirchnerismo, con el aporte del Estado y dotando de infraestructura también a su realización, un equipo clasificará directamente a la Copa Libertadores, aunque a decir verdad, para muchos clubes, participar en la misma representa más de un dolor de cabeza, más allá del incentivo económico y deportivo.

La cuarta antes de la tercera

En sus tres ediciones anteriores se consagraron campeones Boca Juniors, Arsenal de Sarandí y el reciente caso de Huracán de Parque Patricios, militando en la B Nacional. Premios siderales y fastuosos estadios se construyeron para justificar una Copa que hoy sigue presentando dudas en todo sentido. Porque desde la llegada, mejor dicho, desde el desembarco del Gobierno Nacional en AFA,  entre los “permitidos” y la manipulación por los derechos de TV incluyeron la idea de federalizar al fútbol, discurso ya perimido desde aquellos impulsores de una ecuánime distribución de recursos, derechos y prerrogativas, y que hasta el día de hoy se aprecian más desde lo nominal que lo real. Todo eso va en marcha, superponiendo los finales/inicios: el actual certamen empezó justo cuando recién transitaban los octavos de final del anterior.

Está claro que en el marco de la instauración del novedoso torneo, hubo prebendas para aquellas provincias alineadas al pensamiento ideológico K. La receta no distó mucho del mecanismo aplicado en el reparto desde la Casa Rosada. Por eso, Catamarca, San Juan  y Chaco fueron algunos de los sectores  “bendecidos” con el nacimiento de un nuevo estadio provincial. Casi innecesario, ya que no contaban con equipos con convocatoria para justificar su creación, por eso, los tramos finales de esta copa iban a albergar los partidos definitorios, con el lema de “fomentar” el deporte en lugares postergados.

Claro, todos esos estadios se bautizaron con el nombre “Bicentenario”, en motivo a los dos siglos de vida de la Patria. Jorge Capitanich, hoy Jefe de Gabinete y también presidente del club Sarmiento de Resistencia, amplió y remodeló la localía de su club con esos recursos. José Luis Gioja, gobernado de San Juan,  hizo lo propio con San Juan, y Catamarca, de la mano de Lucía Corpacci, también del regimiento del “Frente para la Victoria”, se vieron favorecidos por este modelo-proyecto de Copa.

Es cierto que tiene un sentido eso de federalizar el fútbol,  pero como se hizo deja interrogantes en su implementación, donde a pesar de pregonarse la participación de equipos humildes y sin arraigo popular y poco alcance nacional, al participar todos ellos en una instancia eliminatoria previa los termina excluyendo de la misma manera. Mientras, los “grandes” de Primera División esperan sentados su rival, en dieciseisavos de final. Injusto.

 Premios públicos

A medida que los clubes diminutos van superando etapas, cobran una especie de subsidio, simbólico, a modo de incentivo. La mayoría de los partidos se transmiten por el Canal AFA TV, creado íntegramente para esta Copa. Solo se puede ver por internet. Entonces, el circo del erario público en el fútbol ya abarca estadio, equipos y hasta un canal de transmisión. Todo para darle plataforma a la Copa recientemente creada. ¿Se justifica? Cierto es que también hay algunas empresas privadas que ayudan a financiar el desarrollo del mismo, pero cada una de esas compañías tienen conexiones con el kirchenismo. Es el requisito excluyente. A toda vista, a nivel negocio o utilidades, parece no tener el mejor sentido de inversión.

 Publicidad y propaganda

De todas formas, está claro que la finalidad de este contemporáneo torneo tiene “sintonía fina” con el despliegue propagandístico del aparato K.  De la misma manera que se puede apreciar en los cortes o entretiempos de cada partido en “Fútbol para Todos” (con zócalos sobreimpresos), las transmisiones de la Copa contienen un recargado volumen también de publicidad del Gobierno Nacional, sus alcances y conquistas sociales.

Y como los aspectos comerciales/publicitarios también en materia estática en los partidos los maneja la misma productora, es muy común leer lanzamientos de campañas y candidaturas de los políticos en cuestión, dependiendo de la localía del partido. En ese sentido, mientras la logística organiza un partido entre Talleres y Estudiantes de Caseros en Chaco (si, increíblemente en un lugar tan neutral que incomoda a todos en vez de fomentar la concurrencia), los carteles pro-Capitanich y del “Frente para la victoria” invaden las cartelerías estáticas. Por eso, hemos tenido que lamentar duelos entre Belgrano y Sacachispas (De Villa Soldati, Buenos Aires) en Catamarca, también debemos soportar una final entre Huracán y Rosario Central en San Juan. Inaudito.

¿El premio?

El premio al ganador fue de 2.500.000 pesos. Las primeras fases son con la gloria como único incentivo económico, pero a medida que pasan los partidos, los premios van de 25.000 pesos a 80.000; ya en tercera etapa es de 100.000 pesos; 32avos y 16avos de final va con 450 mil; 550 mil en octavos; 700 mil en cuartos y un millón en semifinales. Es decir, cualquier equipo, mientras va superando instancia, al llegar a la final embolsará más de cinco millones de pesos. Nada despreciable.

Elefantes blancos

Lo más preocupante tiene que ver en parte, con evitar que dichos escenarios construidos con fondos públicos no queden en desuso, como los denominados “elefantes blancos”. Brasil y su mundial 2014 fue ejemplo de eso, con las canchas en recónditos lugares sin tradición futbolera, con gastos millonarios, para solo mostrar el país al mundo. Manaos, Cuiaba, Natal son casos evidentes. Bueno, en función de contrarrestar las críticas, el Gobierno no tuvo mejor idea que organizar clásicos River Plate-Boca Juniors en esos escenarios, como también el duelo entre los seleccionados de Argentina y Brasil, en el marco del “Superclásico de las Américas” (Sin olvidar el bochorno de la suspensión en Chaco de este pleito, porque un camión al retroceder, rompió el grupo electrógeno). Consecuencias de la espontaneidad de llevar adelante a toda costa una idea.

Lo más atractivo de esta Copa es lograr cumplir el sueño de muchos clubes “chicos” de poder enfrentar a los poderosos. Como cuando Estudiantes de Caseros eliminó a River; Santamarina de Tandil hizo sufrir a Boca hasta los penales, y la llegada del humilde Deportivo Merlo a semifinales, en su primera edición. Sin embargo, en cuanto a logística, los clubes se muestran reacios a participar, y ponen suplentes o juveniles para jugar la Copa. Es decir, a pesar de la inversión publicitaria, edilicia y en premios, no llegó a impactar en la atención y opinión pública del futbolero. ¿Se podrá sostener en el futuro? El sentido deportivo invita a continuar, pero restan aspectos organizativos que dejan intrigas. Y en parte, dependerá del Kirchenismo, si quiere sostener su “criatura federal”.

Destacado

Los hinchas- televidentes son bombardeados con material propagandístico y eso parece cansarlos y ser uno de los motivos de que, en rigor de verdad, este torneo no haya calado hondo en la gente que le gusta el fútbol.