Fuera de foco

Por Gonzalo Neidal

buenos-aires-la-presiden_400301Anoche la presidenta Cristina Kirchner habló una hora exacta por cadena nacional.

Su mayor preocupación estuve centrada en refutar los argumentos de la acusación presentada por el fallecido fiscal Alberto Nisman, a la que considera endeble y descabellada. Abundó en detalles, hizo una historia completa de la Causa AMIA, como si estuviéramos viviendo los días posteriores a la acusación de Nisman y no los que siguen a su muerte.

La presidenta no parece haber tomado nota de ese dato. En cierto modo, la acusación de Nisman ha quedado en un desplazada y lo que ha pasado a ocupar la primera plana de los diarios de Argentina y el mundo es la muerte del fiscal.

Y no se trata de morbo periodístico. Que un fiscal acuse a la presidenta es una gran noticia. Pero que ese fiscal aparezca muerto un par de días después, es una noticia descomunal.

El fiscal muerto

Recién al final de su discurso Cristina se ocupa de la muerte del fiscal. Y lo hace de una manera que, aunque pudiera resultar previsible, resulta insólita por tratarse de la presidenta de la Nación, o sea alguien de quien uno espera una palabra equilibrada, serena y cautelosa.

La presidenta parece haber descubierto su propio Lee Harvey Oswald (el personaje solitario al que se le atribuyó la muerte de J. F. Kennedy). Pues bien, sería Diego Lagomarsino, el experto en informática que fue quien proveyó al fiscal Nisman del arma con la que luego resultó muerto.

En un acto de gran liviandad, la presidenta insinuó fuertemente que esa sería la vía de investigación más consistente. Agregó además, algunos datos sobre vínculos del experto, con la intención de vincularlo al Grupo Clarín. Dijo la presidenta que Lagomarsino sería hermano de un abogado que integra el estudio jurídico que atiende algunos asuntos de Clarín. Ese vínculo sanguíneo, aparentemente, sería revelador. A tal punto que la presidenta lo incluye como un dato decisivo en un discurso suyo por cadena nacional. También reveló que el pensamiento político de Lagomarsino no sería coincidente con el de la presidenta. Curiosa revelación de la presidenta. Doblemente: Lagomarsino no es un personaje conocido del mundo de la política, por lo cual su pensamiento es un acto puramente privado. Pero además, ¿para qué mentar esa circunstancia? ¿Por qué mencionar ese hecho? ¿Acaso está prohibido pensar distinto al gobierno?

 Nuevamente la presidenta utiliza la cadena nacional para escrachar a un ciudadano y, esta vez, para sugerir una línea de investigación en flagrante interferencia con el accionar del Poder Judicial. Su obsesión con Clarín tiñe todo el accionar presidencial y enceguece a la presidenta al punto de oscurecerle completamente el contexto en el que se encuentra.

Disolución de la SIDE

Con casi 12 años de permanencia en el poder, la presidenta se ha dado cuenta de que la SIDE  (Secretaría de Inteligencia del Estado, actualmente SI) es un problema para ella. No ha logrado controlarla. Parece suponer que es campo fértil para operaciones de inteligencia de otros poderes nacionales e internacionales y también que varios de sus agentes tienen juego propio y acumulan un poder de fuego nada desdeñable.

Si en doce años no ha podido dominarla, entonces hay que disolverla. E inmediatamente crear otro organismo que cumpla las mismas funciones pero que dependa exclusivamente del Procurador. O sea, en los hechos, del Poder Ejecutivo. Se propone enviar al Congreso un proyecto en tal sentido, anunció.

En su discurso, la presidenta no estableció ningún vínculo entre la SI y la muerte de Nisman. Pero se percibe claramente que ella siente que tanto la denuncia del fiscal como su inmediata muerte y la información que va saliendo a luz en estos días, son producto de los cambios que se implementaron en el área de inteligencia a partir del nombramiento de Milani en la cúspide del Ejército y de los despidos ocurridos en la propia SI durante el mes de diciembre. La disolución del organismo es la aceptación del propio fracaso en el área.

Sin contradicciones

La presidenta negó que haya habido una contradicción entre su primera y su segunda carta sobre el caso Nisman, publicadas ambas en Facebook. El periodismo del país (independiente y oficialista) y del resto del mundo, no ha sabido interpretar sus textos. Es probable que Cristina haya transmitido a sus cartas su propio desconcierto y vacilaciones y que, eso haya sido lo que ha provocado esta confusión universal sobre su palabra.

Lo que sostiene actualmente el gobierno es, entonces, que Nisman fue asesinado. Y que se trataría de una conspiración para perjudicar al gobierno y muy especialmente a la presidenta.

Las evidencias, por el momento, sugieren que la salud más perjudicada ha resultado ser la del propio fiscal Nisman. Y este hecho no requiere ninguna pericia para ser aceptado como verdadero.

Pero Cristina parece no aceptar que la figura del fiscal muerto le quite protagonismo. Ella ha centrado su análisis en la denuncia presentada por el Nisman, a la que describe como insustancial. Uno puede preguntarse por qué algo que tiene tanta endeblez es objeto de tanto esfuerzo e intensidad en la argumentación presidencial.

El discurso de anoche es un intento de recuperar la iniciativa por parte del gobierno ante la situación de virtual parálisis que vive la política del país a partir de la muerte del fiscal Alberto Nisman. No parece que la presidenta haya elegido un buen camino. Sus obsesiones la enceguecen y parecen distorsionar su percepción de la realidad.

Alguien debería acercarle la conocida frase de Michael Corleone: “Nunca odies a tus enemigos. Eso afecta tu juicio”.