Los Paz, del ceibo al bombo

Por Gabriel Ábalos
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Víctor y Mario Paz, dos generaciones dedicadas al bombo santiagueño.
Víctor y Mario Paz, dos generaciones dedicadas al bombo santiagueño.

“He nacido en Suncho Corral, y a los veinte años me he ido a Santiago, me recibí de maestro, y he trabajado tres años de maestro en el campo. No era agradable, en serio, era muy sacrificado… He estudiado Profesorado de Historia y me he metido con los bombos.” Así habla Mario Paz, hacedor maestro de bombos santiagueños, artesano del alma folklórica argentina, calibrador de los repiques y los graves de un instrumento rítmico que, de ser más conocido, sería adoptado por el mundo.

Mario está de vuelta en Cosquín, como todos los años desde hace unos treinta y cinco, cuando empezó a participar de la Feria Nacional de Artesanías, una de las citas irrecusables de los maestros artesanos del país. “Me pasé aprendiendo, aprendiendo, durante varios años, el oficio de unos muchachos Cruz, de La Florida, cerca de Santiago, de un señor Díaz, y después, del  abuelo de Froilán. Se hacían pocos bombos, uno que otro por encargo” relata.

Cuatro décadas más tarde, la empresa Bombos Paz produce unos 160 instrumentos al año y vende a nivel nacional y, con creciente paciencia, en países hermanos, y algunos bombos han viajado de la mano de grandes percusionistas argentinos, al mundo. Relata Víctor Paz, el menor de los hijos de Mario, que hoy le dan continuidad a esta producción artesanal  santiagueña: “Hace algunos años, la percusionista Mariana Baraj se ha llevado un bombo a Europa, para un gran músico senegalés, Youssou n’Dour, que tocó con Sting y con Peter Gabriel, entre otros monstruos, y él nos escribió al mes para pedirnos uno más grande. Hemos ganado mercado en Brasil –amplía-, en Uruguay, España, Francia e Italia.”

El clan Paz, Mario, sus cuatro hijos y nietos, desembarcan en Cosquín, acompañando el stand donde se exhiben los mejores bombos del mundo, el más caro de los cuales, un bombo legüero panzón y profundo, cuesta $ 8.000. Hay ejemplares más accesibles del instrumento, y también se venden cajas copleras y “sacha bombos” -que es una creación de la familia Paz-.  Mientras Mariano, Fernando y José Paz se turnan en el stand de la Feria coscoína, conversamos con Mario y con su hijo Víctor. Mario Paz, que ya tiene garantizada la continuidad del oficio, habla con cariño de la reforestación del ceibo, árbol de cuyo tronco calado consta el instrumento. “Allá tenemos la plantación de ceibos, es hermosa. Hace cuatro años pudimos adquirir cuatro hectáreas en Silípica, a 20 km de Santiago. Y bueno, estamos experimentando, porque no hay ni un libro que enseñe sobre el ceibo.”

Su hijo Víctor aporta precisiones sobre la cadena de la producción de los bombos: “Un instrumento como el nuestro es requiere un largo proceso, que incluye el estacionamiento de la madera, el trabajo manual, hay varios materiales que se manipulan en la fabricación: cuero crudo, cuero curtido, la madera semiblanda del ceibo, la madera dura del quebracho.  Nosotros respetamos el ciclo natural del estacionamiento de la madera, tenemos bombos que tienen un período de estacionamiento de 6 y 10 años. Tenemos madera cortada de hace muchos años, gracias a ser una empresa de 42 años. Los árboles empleados tienen una edad de entre 60 y 80 años.”

Un bombo es producto de un proceso minucioso e imposible de apresurar.  “Hoy un violín bueno no cuesta menos de $ 35.000, un valor que cuadruplica el del más caro de nuestros bombos –subraya Víctor Paz-. Y eso que ningún colega lutier va al campo a cortar el árbol, como nosotros. Pide la madera y se la mandan. Tienen, por supuesto, un conocimiento ancestral también, pero nosotros hasta sembramos el árbol, es parte de un ciclo más complejo. Cortar un árbol es muy doloroso.”

El hijo menor de Mario Paz -quien considera que, además de artesanos lutieres, los miembros de la familia son agentes culturales, y reside él mismo en Buenos Aires-  puntualiza que “el artesano que ha ahuecado la madera lo ha hecho a golpes de gubia, y no se puede estar más de ocho horas seguidas golpeando, porque se te va el hombro.”

Víctor no pierde nunca de vista el objetivo focal del artesano lutier, que es la acústica del instrumento que fabrica. La permanente interacción con los músicos permitió a Mario Paz perfeccionar sus obras, oír consejos, atender sugerencias, mejorar permanentemente. También la investigación científica contribuye a estas mejoras: “Los ingenieros forestales asignados a nuestro proyecto de reforestación –informa Víctor Paz-, ya que es una reserva que se incluye en la Ley de Bosques Nativos, reconocen que se sabe muy poco sobre el ceibo. La investigación permitirá establecer con precisión la edad y el sexo de cada árbol. Todo eso nos interesa, porque estamos convencidos en tanto fabricantes de bombos, que podemos mejorar aun más la acústica al tener más información.” Y dentro de ese impulso de optimizar el sonido del instrumento, Víctor revela que “incluso mi sueño es agregarle un micrófono, pero todo está en investigar.”

El próximo martes, 27 de enero, se presentará en Cosquín el libro recientemente editado por la familia Paz, titulado Bombos Paz, mi corazón no late… repica. La publicación muestra aspectos de la construcción de los respetados instrumentos santiagueños y refiere a los artistas que adoptaron los bombos Paz, entre otros Mercedes Sosa, Marián Farías Gómez, Lila Downs, Mariana Baraj, Minino Garay, Julio Paz y otros. La presentación será a las 20 en la Plaza de las Artesanías.