Europa atravesada por los debates

Por Gabriela Origlia
Desde Praga

p02-1[dc]L[/dc]a marcha de dos millones de personas el domingo en París contra el terrorismo y por la libertad siguió sumando interrogantes a los abiertos después del atentado a Charlie Hebbo. Frente a los 12 líderes mundiales que encabezaban la multitudinaria columna (hubo unos 50 jefes de Estado en total) la primera pregunta que se repite es si Europa realiza la prevención suficiente frente a amenazas que se vienen repitiendo desde hace meses. Hay analistas que entienden que la Eurozona privilegia la privacidad y por eso hay límites para las colocaciones de videocámaras, control de redes o para mantener puestos de vigilancia a largo plazo.

Por el otro lado, cada vez se levantan más voces musulmanas reclamando que se deje de hablar de “terrorismo islámico” y se identifique a los movimientos con sus nombres, Isis, Al Qaeda o Boko. Por caso, el imán de la Mezquita de Lecce (Italia), Saifeddine Maaroufi, preguntó: «¿Saben cuál es la toma de rehenes más grande en el mundo y de la historia? La de un billón y medio de musulmanes rehenes  que están entre el martillo de delincuentes terroristas, que usurpan el nombre de su fe y el yunque del mundo occidental, que insiste en adosarles la culpa de los terroristas.  Es un doble sufrimiento”.

Otro de los aspectos que se repite en las veladas televisivas es porqué la movilización se produjo después de la masacre de Charlie Hebbo cuando ya hemos sido testigos de otras, como las de las niñas en Nigeria. Una vez más queda sobre la mesa pendiente la discusión de si hay vidas que valen más que otras.

Por supuesto que no faltan las especulaciones sobre el impacto de estos hechos sobre la figura del presidente francés Francois Hollande. Por ahora, lo que queda en limpio es que si hay una mejora de imagen no alcanzaría al Partido Socialista, que atraviesa un mal momento.Los europeos se debaten en una encrucijada. Hay temor –además de a que puedan producirse nuevos ataques- a que empiecen  a tener más adeptos las iniciativas a controlar más fuertemente la inmigración y a que el continente empiece a respirar una suerte de guerra cultural. Ese clima se siente con más fuerza en Francia (donde reside la mayor comunidad musulmana, casi el 8% de su población), Inglaterra, Alemania, Italia y España. Por supuesto que el resto de los países no es indiferente, pero se vive con menos intensidad.

Además de los denominados musulmanes “moderados” que temen ataques en su contra, también las comunidades judías –numerosas en varios países europeos- están en vilo después de la toma de rehenes en el supermercado kosher parisino. En síntesis, todos se mueven con más precaución.

En Checoslovaquia, por ejemplo, por estos días la comunidad de musulmanes interpondrá una demanda criminal contra el líder del partido Amanecer de la Democracia Directa, el senador Tomio Okamura, que en su Facebook llamó a  pasear cerdos cerca de las mezquitas y a boicotear los negocios regentados por musulmanes. Los musulmanes en este país son relativamente pocos, unos 20 mil en 10 millones de habitantes. La mayoría llega del África septentrional y Medio Oriente.

De todas formas, los símbolos del Islam en los últimos años generan recelo. Una encuesta reciente indica que a tres cuartos de los consultados le gustaría prohibir la edificación de mezquitas. También admiten que la mayor parte de la información que reciben proviene de los medios de comunicación.