Atentados en París: silencio de Cristina y reto de Timerman al mundo

0-slide-timerman[dc]E[/dc]l gobierno argentino mantuvo una posición de bajísimo perfil ante los atentados ocurridos en París el pasado 7 de enero. «La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el gobierno y el pueblo argentino condenan enérgicamente el bárbaro ataque terrorista ocurrido en la mañana de hoy en la capital francesa» reza textualmente el comunicado emitido desde la Cancillería que finaliza instando a  fortalecer los mecanismos de cooperación internacional, manteniendo el respeto a las leyes y los derechos humanos, “como el único camino de las sociedades democráticas para afrontar este flagelo”.

La Presidenta de la Nación, que habitualmente expresa sus puntos de vista por cadena nacional o desde las redes sociales, guardó un llamativo e inusual silencio. La mayoría de los lídere4s mundiales difundieron mensajes de solidaridad con el pueblo y el gobierno francés por todos los medios posibles. Resulta extraño que Cristina Kirchner, que ha usado distintas vías de comunicación para opinar sobre las más variadas cuestiones (desde criticar a Obama hasta discutir con los titulares de los diarios, pasando por expresar sus deseos de conocer a Casey Wander) no haya tenido nada que decir sobre uno de los hechos más trascendentes de los últimos años a nivel mundial.

Además, el gobierno argentino no envió ningún representante oficial a la movilización organizada en repudio de estos hechos que estuvo encabezada por jefes de estado de todo el mundo. Solo el canciller Timerman concurrió a firmar el libro de condolencias en nombre de nuestro país. Tampoco hubo presencia del oficialismo en la concentración que tuvo lugar en la embajada francesa de Buenos Aires donde sí se vio a dirigentes de la oposición como Ernesto Sanz, Ricardo Alfonsín y el ministro de Cultura porteño Hernán Lombardi.

Más graves fueron las elucubraciones de los comunicadores oficialistas. En 6,7,8 ,programa que se emite por el canal estatal, se llegó a sugerir que el atentado a Charlie Hebdo pudo haber sido un autoatentado. El panelista Edgardo Mocca llegó a establecer una temeraria comparación con el incendio del Reichstag y a decir que pudo haber “manos raras” detrás de los asesinatos. La audacia de los operadores mediáticos kirchneristas no es una actitud aislada. La propia Cristina Kirchner llegó a comparar al terrorismo con los fondos buitres en plena reunión del Consejo de Seguridad de la ONU. En esa oportunidad también abonó las teorías conspirativas como la que enunció el periodista oficialista, dijo textualmente: «No sabemos quién le compra el petróleo, no sabemos quién le vende las armas, no sabemos quién los ha entrenado, porque obviamente manejan recursos económicos, manejan recursos armamentísticos, manejan recursos de difusión francamente cinematográficos»

Este derrotero de imprudencias y desaciertos prosiguió ayer, cuando el canciller Timerman hizo conocer un nuevo comunicado oficial que condena, y compara, los atentados de París con el ocurrido en Nigeria.

«Mientras el mundo sigue conmovido por los tres atentados terroristas ocurridos en París, 19 personas caen víctimas del terrorismo en la República de Nigeria”. Con esta comparación comienza el pronunciamiento oficial para expresar seguidamente que  “La Argentina condena este nuevo atentado con el mismo vigor y con las mismas convicciones que condena todos y cada uno de las criminales acciones del terrorismo internacional y honra sin diferencia alguna la condición humana de todas las víctimas».

Con el tono imputativo clásico que utiliza el kirchnerismo cuando emprende sus batallas, el Gobierno sugiere que el resto del mundo establece una diferencia moral entre el asesinato de ciudadanos franceses y la masacre de nigerianos perpetrada por el grupo extremista Boko Haram. Llega casi hasta el auto-elogio cuando pretende distinguir el accionar del gobierno de Cristina Kirchner de las actitudes del resto de los gobiernos del orbe.

Este raid de inexactitudes y desproporciones, combinadas con gruesos errores diplomáticos, confirman la vigencia de una máxima de la década kirchnerista: la política internacional solo es importante cuando puede ser redituable a nivel interno. La contracara de esa táctica son los costos que sufre nuestro país como consecuencia de esta política en términos de aislamiento. Quizás la propia intrascendencia del gobierno argentino en el concierto mundial sea lo que nos salve de pagar un precio aun mayor.