Volvió Mestre y todos esperan señales de alianzas y candidaturas

ilustra mestre el regreso[dc]R[/dc]amón Mestre vuelve a sentarse hoy en el sillón de intendente de Córdoba y esta vez, frente a una agenda de gestión relativamente tranquila (solucionados los problemas iniciales del subsidio municipal al boleto), las expectativas estarán colocadas en qué líneas escribirá en la novela de la Triple Alianza.

Una parte del radicalismo cordobés está decidida a formar una alianza electoral con el macrismo y el juecismo, con el propósito de desbancar al peronismo del gobierno provincial. A la coalición la construyen los diputados nacionales Oscar Aguad y Mario Negri, con la ayuda del intendente de Río Cuarto, Juan Jure, a cualquier costo: incluso el de incorporar a Luis Juez, quien en múltiples ocasiones ha manifestado que tiene más que dudas sobre la honestidad de los dos primeros.

Mestre no está de acuerdo con agregar a Juez, ya que éste ha formulado varias denuncias en su contra; la más sonora de ellas, la de recibir dádivas de la empresa ERSA, acaba de ser archivada por la Justicia.

La última foto política del año pasado fue la que reunió, precisamente, a los aliancistas Negri, Aguad, Juez, Jure y al macrista Héctor Baldassi en Río Cuarto. El primer documento político del 2015 lo elaboraron los intendentes radicales, quienes respaldaron a Mestre y castigaron a Juez.

Fue, claramente, una respuesta a la entente del sur.

En el radicalismo hay dos campamentos, y la gran pregunta es si habrá un acercamiento.

El regreso de Mestre, y cualquier señal que surja de él, será presenciado por los radicales y también por los macristas, que quieren cerrar de una buena vez la alianza en la provincia de Córdoba. Para los hombres del PRO, el plazo fatal era diciembre, pero debieron acomodarse mejor a los tiempos del intendente de Córdoba.
Mestre cavila, en primer lugar, sobre si será candidato a gobernador o a intendente. En el plantel mestrista parece haber más seguridad que en el jefe sobre que el mejor camino es el provincial; optimistas, dicen que Juan Schiaretti ya no es un buen candidato y que con el apoyo del PRO resulta muy posible ganar; pesimistas, reconocen que una derrota en ese terreno preservaría a Mestre. La reelección es vista como difícil por las buenas encuestas de Olga Riutort, aunque la división del peronismo y, otra vez, la suma del PRO ayudarían a retener el Palacio 6 de Julio; el peor escenario es, claro, intentar la reelección y perder.

Los referentes radicales quieren que Mestre se defina. Por lo bajo lo reclaman todos, y en voz alta lo hizo Eduardo Angeloz. El intendente capitalino, en tanto, aguarda, mientras mantiene su posición: el plan A es retener la Municipalidad, pero si hay una ventana abierta que permita ganar la Provincia, no la va a desperdiciar.

Mestre necesita una certeza inicial: el calendario electoral. José Manuel de la Sota ha dicho que los comicios provinciales estarán separados de los nacionales, pero habrá que ver para creer: en una campaña la primera víctima es la verdad. El gobernador haría el anuncio de la fecha el 1 de febrero, como hizo en 2007, y allí se resolvería una incógnita importante para la ingeniería electoral de todos los partidos políticos.

Mestre habría dicho en su entorno más cerrado que permanecerá atado a sus palabras acerca de que recién tomará decisiones en febrero o en marzo. Así, los que esperan ansiosos, deberán esperar. Incluso los mestristas, algunos de los cuales temen que los tejedores de la Triple Alianza avancen con candidaturas propias, metiendo más fango en el camino.

El Festival de Jesús María es siempre un escenario político. Este año no será la excepción. Los macristas quieren que allí se encuentren el jefe de gobierno porteño, Luis Juez, y sus amigos del radicalismo. ¿Qué hará Mestre? Seguramente irá, pero es difícil que lo haga el mismo día que su denunciador.