Vieja receta contra la inflación

Por Gabriela Origlia

El Gobierno cierra el año dando todas las señales acerca de que sus herramientas para bajar la inflación no variarán respecto a lo que viene haciendo; por cierto con resultados nulos. La leve baja del indicador –en vez de cerrar el año en 40 lo hará en el 37 por ciento- es consecuencia de la recesión (el PBI terminaría el 2014 con una baja de entre 1,5 y 2,5 por ciento) y no de las gestiones del oficialismo. En este escenario la decisión es usar el tipo de cambio como ancla de los precios. La experiencia apunta que la receta podría no alcanzar ya que la emisión monetaria podría llegar a los $40 mil millones en estos meses y todos los pronósticos indican que, para evitar desbordes, en enero y febrero el Banco Central debería estar muy activo absorbiendo liquidez.
La determinación de apostar todo al dólar oficial como contención de los precios es generadora de una herencia que será compleja de manejar. Al kirchnerismo le queda un año de gestión, pero quien venga tendrá que lidiar con un tipo de cambio atrasado que requerirá de una devaluación. A esta altura todos los economistas coinciden en que no habrá otra salida posible. Más tarde o más temprano la corrección tendrá que llegar. Hay similitud con lo realizado a mediados de los ’70, aunque ahora con más cepo y sin la existencia explícita de una “tablita”. Las distintas variables económicas están fuertemente desequilibradas; no sólo los precios relativos están distorsionados en el caso de los activos sino que geográficamente también están desacomodados. Todos estos factores van integrando el paquete que recibirá el sucesor de Cristina Fernández de Kirchner.
Otro aspecto que ya se baraja de cara al primer trimestre de 2015 es cómo jugarán las expectativas de una inflación más baja que la de este año y los problemas que ya hay en el mercado laboral en la negociación de paritarias. De seguro las expectativas del oficialismo es que las pautas salariales estén mucho más contenidas que este año.
El dólar oficial está prácticamente congelado desde setiembre y la inflación en los últimos meses converge hacia el 1,8/1,9 por ciento mensual en vez del 2,2% promedio de los períodos anteriores. El economista del Ieral Jorge Vasconcelos sostiene que, si se atribuye el “éxito” de la desaceleración de los precios a la nueva “tablita, el esquema puede subsistir aunque se vayan acumulando desequilibrios por un atraso cambiario cada vez mayor (el costo laboral en dólares hoy es 45 % superior al de principios de 2010, cuando empezó a aplicarse una política semejante). Una posibilidad sería que el Gobierno mantenga este escenario hasta la entrega del poder y, la otra es que –cerrados los acuerdos salariales- relaje el sistema.
A su entender –y es una idea generalizada entre los economistas- fue principalmente la recesión la que moderó la inflación. Claramente no hubo cambios en el área fiscal (el gasto sigue evolucionando por encima de la variación nominal del PIB) ni se hundió la emisión. Los cambios vinieron porque el Central absorbió más liquidez y hubo más colocación de bonos. Todas medidas que tienen un “largo” plazo de 12 meses.