Las aptitudes del ministro Kicillof

Por Daniel V. González

2014-12-10_KICILLOF_web[dc]E[/dc]l titular de la Unión Industrial Argentina, Héctor Méndez, afirmó que “a Kicillof le queda grande el cargo de ministro”.
Se recuerda que similares objeciones también se expresaron, aunque no desde la UIA, al momento de la gestión de Martín Lousteau. En ambos casos, el elemento común a ambos es la juventud (alrededor de 40 años) que, conforme al canon habitual, sería un elemento desfavorable y determinante al momento del ejercicio de un cargo de semejante responsabilidad.
En realidad, prácticamente desde la salida de Roberto Lavagna en 2006, los sucesivos gobiernos de los Kirchner han tenido ministros de economía de perfil bajo no sólo en lo atinente a su grado de comunicación con el mundo exterior sino también en relación con el peso real que ejercieron cada uno en su momento, en las decisiones económicas concretas.
¿Cómo es que el gobierno ha podido prescindir de tener ministros relevantes, de auténtico peso en las decisiones? Hay un elemento sustancial que enmarca los últimos años de la economía argentina (la “década ganada”) y que aporta decisivamente a una explicación a este fenómeno. Desde 2002 el país ha vivido un tiempo de abundancia de recursos, una situación inédita si se la compara con las décadas precedentes. En realidad, ha sido toda la región la que ha recibido la bendición de altos precios internacionales para sus productos de exportación, con los consiguientes beneficios en todos los órdenes que esta situación significa.
Reordenada la deuda pública… ¿para qué tener un ministro con verdadera personalidad y fuerte carácter? ¿Quién lo necesita? Además, hasta 2010 esa función, en los hechos, era ocupada por Néstor Kirchner que, según el testimonio de sus allegados, se interesaba directamente por la recaudación, dato decisivo (¡la caja!) que era abundante porque transitábamos un momento de lujo bajo el estímulo de la demanda de China e India.
¿Quién necesita ministro de economía cuando los recursos fluyen en cantidad y la economía se mueve como consecuencia de ello? Eran años en que se podía gastar sin límites y con ello cosechar votos que daban cuenta de que se había emprendido el camino correcto. Un gobierno sin ministro de Economía era posible, finalmente.

Errores disimulados
Con abundancia de recursos, los errores en las decisiones económicas y los rumbos económicos equivocados, pueden pasar desapercibidos durante largos años. Todo se tapa con la abundancia. Si los recursos se invierten mal… ¿cuál es el problema? Ninguno: hay más dinero esperando a ser gastado.
Los primeros años fueron, naturalmente, gloriosos. Amplia disponibilidad de recursos, ensanchamiento del gasto público, acrecentamiento formidable de los subsidios y, como consecuencia natural de ello, gran cosecha de votos.
Si los recursos no resultaron suficientes, ahí estaban a mano los fondos de pensiones para incorporarse al torrente de caudales que permita nuevos planes sociales y nuevos gastos en todos los órdenes. De todos modos, cuando las jubilaciones tornen en insuficientes, este gobierno ya estará en el olvido y habrá siempre una explicación a mano para echar culpas al “neoliberalismo” por la situación precaria de ese momento.
Cuando uno habla de la aptitud de un ministro, no se refiere principalmente a su formación teórica, al promedio de notas de su carrera o a sus publicaciones exponiendo sus ideas, aunque naturalmente también esto forme parte de los elementos que uno pueda evaluar.
¿Vale para los economistas, reformulado, el conocido adagio que alude a que la guerra es algo demasiado importante para dejarla en manos de los militares? Ya hemos relatado en estas mismas columnas la inclinación de Perón hacia los empresarios (Miguel Miranda, José Ber Gelbard) al momento de designar ministros del rubro.
El caso de un ministro vinculado al mundo empresario es impensable para el caso de este gobierno. En su tiempo, el de Cavallo, por ejemplo, fue un caso un tanto excepcional. Profesional de la economía, doctor en Harvard y altamente valorado en el concierto internacional de su profesión, Cavallo fue también el líder de un grupo de economistas sostenidos y promovidos por un fuerte grupo de industriales de interior del país, liderados por Piero Astori y Fulvio Pagani.
En su caso, la solvencia técnica venía acompañada por un conocimiento concreto de las necesidades económicas, las aspiraciones, los circuitos productivos y las demandas de un grupo de industriales calificados que buscaban que la política económica potenciara su producción y su eficiencia.
Al gobierno actual siempre lo ha preocupado más las finanzas que la economía. Las finanzas son “la caja”, los recursos que le permiten gastar y lograr apoyo popular, “construir poder”, según la denominación en boga. El gobierno (y sus ministros del rubro) son hostiles a los que producen. Está enfrentado a los empresarios, excepto a los que forman parte de su círculo íntimo y que, en la totalidad de los casos, son advenedizos, sin historia en la economía del país, por lo que existen fuertes sospechas de beneficios económicos recíprocos, salpicados por la corrupción.
El desprecio del populismo hacia los empresarios forma parte de su sesgo anticapitalista. El límite en ese camino no lo fijan sus convicciones sino la resistencia de la sociedad. Por eso avanza sobre el sistema republicano y abomina de la división de poderes. Entiende que los otros poderes son apenas lacayos del Ejecutivo, que es el poder esencial y que no debe ser interferido en sus decisiones.
Y así, en un marco de aislamiento de los sectores reales, es imposible hablar de programas a largo plazo, del estudio de decisiones que puedan incumbir a varias generaciones. El cortoplacismo es la marca de fábrica del populismo. Importa el puro presente y los meses inmediatos. Después, se verá. En la actual circunstancia el plazo final, tras el cual ningún cálculo existe, es el 10 de diciembre de 2015.
Y teniendo en cuenta todos estos elementos, la falta de perspectiva no puede menos que irritar a los industriales, que aspiran que la vida de sus empresas continúe después que este gobierno abandone el poder. Por eso, Héctor Méndez dice lo que dice acerca de las aptitudes de Axel Kicillof.