Guerra de Religión en Santa Fe

Por Bernardo Maldonado-Kohen
especial para JorgeAsísDigital

2014-12-09_BINNER_DELSEL_webEl 24 de julio de 2011, después del extraño corte de luz, y gracias a los votos de Miguel Lifschitz que llegaron a última hora de Rosario, el Frente Progresista (alianza de socialistas y radicales) pudo retener la gobernación de Santa Fe. El socialista Antonio Bonfatti emergía triunfante por los votos que le aportaba el camarada Lifschitz. El que Hermes Binner había postergado.
Por 60 mil votos de diferencia, Miguel Del Sel, el comediante improvisado como político, no se calzó la banda. La precipitación de los gerentes de PRO, por reconocer el triunfo de Bonfatti, fue memorable. Ocurría que el comediante había sido contratado para hacer un buen papel. Decoroso. De ningún modo para ganar. “Si se ganaba, era un problema”, acepta la Garganta. “¿Cómo gobernábamos? ¿Con quién?”.
Distinto fue el abordaje al respecto de Osvaldo Salomón, ex intendente de Chabas, compañero de fórmula de Del Sel. Sostuvo Salomón, algo enojado, que Del Sel había ganado. Que cuatro años atrás el PRO prefirió no ganar.
En 2015 -según el presente Informe Oximoron- se registra otro cuadro. El PRO ahora quiere triunfar. Para evitar que triunfe Del Sel, el Frente Progresista no necesita ningún corte. Necesita que el peronismo, de una vez por todas, genere una fuerza electoralmente presentable.
Los católicos carismáticos del PRO, con las estampitas de Mauricio Macri y de Del Sel, se proponen desplazar del gobierno a los socialistas mormones, asociados aquí a los radicales agnósticos. Para evitarlo, el UNEN de anticipación pugna por el fortalecimiento rápido de los hugonotes desmembrados del peronismo. Cuentan, incluso, con un candidato presidencial de Santa Fe. Aunque cuesta tomarlo en serio. Agustín Rossi. Para colmo, hasta el cierre del informe, los heréticos de la Franja de Massa amagan. Intentan. Pero aún no consiguen instalarse con alguna fuerza.
El contexto de la lucha religiosa por el poder es de una violencia conmovedora. Por la vigencia unánime del demonio superior. El satanismo que se impone. El narcotráfico impregnó de “cocinas” los territorios más ricos del país. Con enfrentamientos rutinarios, signados por la macabra contabilidad de muertos.
Errores puntuales. Dedos pegoteados. Pero no se le puede endilgar a los mormones del socialismo la responsabilidad porque se le abrió el paso al demonio. Al margen de la penetración demoníaca entre las fuerzas que deben encargarse de combatirlo.
Lo cierto es que el demonio narco les estalló a los socialistas que venían desprevenidos por preceptos ideológicos. Complejos perniciosos con respecto a la represión. Derivaciones de la tesis románticamente falsa de creer que la seguridad es una cuestión de derecha. Guerra de Religión en Santa Fe Que agita y utiliza la derecha. Pobres.
Evitar el “fin de ciclo socialista”. Es la consigna que reproduce, a nivel provincial, el “final de ciclo cristinista”, a nivel nacional. ¿Y si lo del final es un cuento? ¿Y si los socialistas, como los cristinistas, están más cerca de quedarse que de irse?
Por lo tanto, para permanecer, aquí debe dividirse el extendido voto opositor, que hoy mayoritariamente marcha al macricaputismo. Es -el macricaputismo- el fenómeno urbano, estructuralmente porteño. Se expande con vigor en Santa Fe, y sobre todo en Córdoba (provincia que aguarda turno para el relevamiento).
Al cierre del despacho, dos “migueles” son los aventajados para suceder al Pelado Bonfatti. Miguel Del Sel evoluciona merced a la inagotable capacidad de trabajo que complementa su carisma de comediante. Y el postergado Miguel Lifschitz, ex intendente de Rosario. Mormón que construye pragmáticamente, a través de una autonomía de consciencia que incomoda.
Del Sel es del Norte, y es muy popular también en el Sur. Más por efecto de la televisión que de la geografía. Lifschitz está fuertemente consolidado en el Sur, pero tiene que esmerarse para que lo reconozcan entre los desconfiados del Norte.
Provincia bifrontal, con cierta tendencia hacia la esquizofrenia territorial, como Río Negro (aguarda también su turno). Con perfiles diferenciados que deben conocerse para interpretar mejor el conjunto. Entonces es indispensable que se recomponga el peronismo. Los hugonotes se encuentran alejados del poder provincial desde que el extinto gobernador Obeid, en una sobreactuación democrática, acabó con la Ley de Lemas. Instrumento sumatorio que le permitía, a los hugonotes del peronismo, mantener el gobierno, a pesar de su pavorosa declinación.
La última estrella del peronismo fue Carlos Reutemann, hoy un Planta Permanente, becado en la placidez morosa del senado de la nación. Sin embargo, la figura política más atractiva que queda en pie es la señora María Eugenia Bielsa. Trátase del cuadro más sensato entre la dinastía de Los Bielsa. Pero lo poco que queda de aparato no termina de resistirla. Para colmo, en el escenario nacional, La Bielsa apoya al venerable minoritario Domínguez, El Lindo Julián. Es el último producto para consumo interno de Pepe Albistur, que ideológicamente orienta el nuncio Eduardo Valdés.
En Santa Fe también se reproduce la resistida cuestión del trasvasamiento generacional. Los muchachos de 30 y de 40 se llevan puesto, paulatinamente y desde abajo, a los dirigentes bien conservados de 60 y de 70. En el Norte -para Oximoron- quien construye futuro (no sólo personal) es José Manuel Corral. Radical de 44 años, intendente de Santa Fe, absolutamente desconocido en el plano nacional.
En el Sur, en cambio, quien construye futuro es Federico Angelini. Tiene 37 años y adhiere al PRO.
Guerra de Religión en Santa FeDespués de Binner y Bonfatti, dos mormones socialistas, los radicales suponen que irrumpe la hora del agnosticismo. Entonces Corral insiste con la candidatura a gobernador de Mario Barletta, de 61. Lo envían al frente para disputar la interna contra Lifschitz, de 59. Compulsa, en todo caso, de ex intendentes simbólicos. Otra vez es Santa Fe contra Rosario. Para la evaluación, aquí gana Rosario. O sea Lifschitz.
Trasciende, aparte, que con reconocida astucia Lifschitz se arriesga a una jugada que puede considerarse brillante. Tienta como vicegobernador, según las fuentes, a Fabián Palo Oliver. Es -Palo Oliver- el intendente radical de Santo Tomé. Un progresista de buena verba que no vacila en definirlo a Barletta como un cuadro de “la derecha”. Una recreación de Alvear o de Balbín, mientras el Palo se reserva, para sí mismo, la continuidad de la línea supuesta, que se extiende desde Alem hasta Irigoyen o Alfonsín.
La jugada de Lifschitz es replicada, según nuestras fuentes, por otro ofrecimiento entrecruzado de Barletta. Para que lo acompañe el socialista Giustiniani, el adversario interno de Binner. De nuevo, en la citada interna va a imponerse el socialismo. Aunque los radicales se aseguran nunca menos de tres ministerios.
Para concluir, de los tres protagonistas de la miniserie -Daniel, Mauricio y Sergio- quien está peor en Santa Fe es Scioli. El Líder de la Línea Aire y Sol ni siquiera encuentra a quien apoyar en Santa Fe. Intentó contratar, incluso, a otro humorista, el Pachu, pero tampoco tuvo suerte. Para colmo, quien mejor hace peronismo aquí es Del Sel, desde Mauricio, o sea del PRO. El católico carismático entra en cualquier villa y camina por los pueblos. Entre las caminatas es seguido por los chicos, las viejas, los ciudadanos, como si fuera el guía salvador. Un Sai Baba. Y quien está tentado de seguirlo también a Del Sel, para pesar de Sergio, es el propio Reutemann. Planta Permanente lo admira, aunque expresa que apuesta por la unión del peronismo.
Consciente de su debilidad provincial, Sergio intenta. Envía mensajes simultáneos. En su nombre recorre la provincia Martínez, El Cachi, pero por las dudas, como no termina de conformarlo pone en baño maría también a Eduardo Buzzi. Es el animador de aquella mesa de enlace agropecuaria, que en 2008 hacía suspirar a las estancieras.
De los tres, quien mejor está posicionado es Mauricio. Tiene tanta confianza que inaugura la sucursal Santa Fe de la Fundación Pensar. El tanque de ideas para el Arcángel Miguel, que tendrá al frente al “Juanchi” Mercier. Es el ex ministro de economía de Reutemann, el boceto de estadista desperdiciado que dejó pasar dos veces, por su estación, el tren de la oportunidad.