El arte de mentir

DIAPASON1En uno de sus primeros libros, publicado hacia 1928, Borges incluye un cuento sobre el juego del “truco”. Allí introduce el concepto de “mentir con la verdad”.
Para ilustrarlo, relata un breve diálogo:
Los baratijerosMosche y Daniel se encuentran en medio de la gran llanura rusa.

  • Adónde vas, Daniel, dijo el uno.
  • A Sebastopol, dijo el otro.

Entonces Mosche lo miró fijo y dictaminó:

  • Mientes, Daniel. Me respondes que vas a Sebastopol para que yo piense que vas a Nijni-Novgórod, pero lo cierto es que vas realmente a Sebastopol. ¡Mientes, Daniel!

Mi amigo DenísConles, perspicaz buceador de la Historia, me añadió otro ejemplo acerca de cómo se miente con la verdad.
Dos marineros, integrantes de la tripulación de un barco que navega por alta mar, sostienen una antigua disputa que los llevaba a propinarse recíprocas zancadillas.
Uno de ellos, Rodrigo, cierta noche se emborrachó. El otro, Pedro, al que esa jornada le correspondía anotar las novedades en la bitácora, registró: “Hoy Rodrigo se emborrachó”. Esto le valió reprimenda y castigo al denunciado. Éste organizó su venganza esperando pacientemente el día en que fuera él quien se encargaría las novedades en la bitácora.
Llegado el día, Pedro se comportó apropiadamente: no bebió una sola gota de ron en toda la noche.
Pero esto no impidió que su rival, Rodrigo, omitiera su denuncia. Y lo hizo sin faltar a la verdad. Registró en la bitácora una frase lapidaria como novedad de la jornada: “Hoy, Pedro no se emborrachó”.
Se nos viene a la memoria un tercer ejemplo. Dos maratonistas, uno ruso y otro estadounidense, se desafían para una carrera que se disputaría con ellos dos como únicos participantes.
Gana el norteamericano por una gran diferencia. Los diarios de Moscú titulan: “Deportista ruso salió segundo en una gran maratón. El representante norteamericano terminó penúltimo”.
Quién podría objetar la veracidad de estos títulos?
Mentir con la verdad es un modo más sofisticado de ser mendaz.
Y más perverso, claro.
No se trata de la mentira del INDEC, cuya tosquedad la hace completamente increíble incluso para los más desprevenidos.
Mentir con la verdad es el modo predilecto de ejercer la falsedad de los que habitan el poder.
Por ejemplo, cuando la presidenta dice que ella no aumentó los impuestos (en referencia al impuesto a las ganancias de los que trabajan en relación de dependencia), tiene razón. No miente. Pero miente completamente y a sabiendas. La diferencia la hace la inflación, que aumenta el volumen de los sueldos. Y ese aumento ficticio de los sueldos, los hace pasibles de pagar un impuesto que antes no pagaban.
Pero toda mentira termina por hacerse evidente.
Es sólo cuestión de tiempo. Un tiempo costoso.
El propio Churchill afirmaba que, en política, la verdad es tan importante que suele estar custodiada por un ejército de mentiras.
Pero una mentira necesita también de alguien que esté dispuesto a creerla.
El que la escucha y la acepta es tan esencial como el que la pronuncia.
Es conocida la frase de Nietzche, quien afirmó que “el valor de un hombre es tan grande como la cantidad de verdad que sea capaz de soportar”.
Claro que esta frase también vale para los pueblos. Pero resulta que muchos de nosotros preferimos que nos doren la píldora, que no nos enfrenten con realidades demasiadas ásperas y ominosas. Preferimos amables mentiras. Discursos que incluyan la fantasía, que no nos pongan ante realidades demasiado crudas.
Al momento de atribuir responsabilidades sobre nuestros padecimientos preferimos cargar las culpas sobre algún imperio.
Nos cuesta aceptar que el único imperio que nos daña sin descanso es el imperio de la pavada y la autocomplacencia.
DVG