“No tengo relación con De la Sota, pero me parece que está trabajando bien”

Por Jorge Camarasa

Felipe Lábaque
“Lo que me interesa es ser útil… Útil a la gente”
“Vengo de una familia de radicales, que siempre votó radicalismo”
“Atenas y la clínica también son muestras de gestión”
“Cuando salimos a los barrios, la gente me alimenta el ego”

[dc]A[/dc] Felipe Lábaque (médico anestesiólogo, 69, cuatro hijos varones y trece nietos nacidos en diez años), hace unos meses le cambió la vida.

Hasta entonces sólo se ocupaba del negocio familiar, una clínica en la calle Santa Rosa, y de su pasión de siempre: Atenas, el club del que desde 1991 venía siendo presidente o vice. Su vida era metódica, rutinaria y tranquila, pero un día apareció Mauricio Macri, y el mundo de Lábaque se puso patas para arriba.

-¿Qué le vio Macri a usted para hacerlo precandidato a intendente de Córdoba?

-Me parece que sabía que yo era un hombre honesto, exitoso en lo que había emprendido, y que no necesitaba de la política para hacer plata. Un caso parecido al de él.

-¿Pero a usted le interesa la política?

-Lo que me interesa es ser útil… Útil a la gente.

***

Hace unos meses, cuando Macri lo convocó para sumarse al PRO, Lábaque no se sorprendió. No era la primera vez que lo llamaban para ofrecerle algo. En 1995 Julio César Aráoz, “Chiche”, que era amigo de su hermano, los había invitado a él y a Marcelo Milanessio a incorporarse al menemismo, pero los dos habían declinado la oferta.-¿Por qué no aceptó? ¿No era menemista o no le interesaba?

-Las dos cosas. En ese momento yo estaba muy ocupado con mi profesión, con la clínica, y además no era menemista. Vengo de una familia de radicales, que siempre votó radicalismo. Yo no era afiliado, pero mi padre sí. Yo era muy amigo de Mestre padre, también, pero él nunca me ofreció nada.

-Y entonces ahora llegó Macri, con su estilo de incorporar candidatos que no vienen de la política…

-Sí, bueno, pero a mí no me importa no tener una historia política. Porque después de todo, Atenas y la clínica también son muestras de gestión.

-¿Pero equiparables a gestionar la ciudad? ¿Eso lo capacita para disputar la intendencia?

-En algún sentido hasta puede ser más fácil, porque habrá más recursos: sería una Municipalidad PRO en un país gobernado por el PRO.

-Para usted, ese sería el mejor escenario…

-Sí, sí. Y el peor, una Municipalidad PRO con un gobierno de otro signo.

-¿Y no le parece que para gobernar también hace falta un poco de experiencia política, por ejemplo?

-Mire, nadie puede manejar solo una ciudad como Córdoba. Hacen falta equipos técnicos y las mejores personas, y hay que saber coordinarlas.

-¿Y la provincia? ¿Cómo la está viendo?

-En realidad, la veo bien, se hacen obras… Yo no tengo relación con el gobernador De la Sota, pero me parece que está trabajando bien.

-¿Cómo le va con la gente cuando sale a la calle? Según las encuestas, hasta ahora Riutort tiene la mejor intención de voto en la ciudad.

-Sí, sí… Yo no la conozco a Riutort, pero sé que es una persona capaz que podría ser útil… Pero con la gente me va muy bien. Cuando salimos a los barrios, la gente me alimenta el ego.

-Pero se quejará por algo, también…

-Sí, claro. La gente protesta por el transporte, la falta de iluminación y de cloacas, por las carencias de la salud pública… ¿Pero sabe una cosa? Yo no cargo las tintas en el intendente Mestre. Es difícil gobernar sin recursos…

-¿Habla bien de Mestre porque en una de ésas van a ser aliados?

-No, no sé cómo está eso… Son decisiones que no pasan por mí, sino por las superestructuras que están en Buenos Aires.

-¿Y usted bajaría la candidatura, eventualmente? Llegado el caso, ¿aceptaría acompañar a otro candidato y competir por la viceintendencia?

-No, eso no. Yo quiero ser intendente, no vice. Imagínese: a esta altura de la vida, sólo voy a hacer lo que quiero…

***

Felipe Lábaque nació en Córdoba capital, pero vivió quince años en Frías, Santiago del Estero, donde la familia se había mudado por trabajo. Allí se recibió de maestro y después, de regreso a la ciudad, empezó a estudiar medicina en la universidad nacional, de donde egresó en 1970.

Desde entonces no había tenido problemas ni lo habían sospechado de nada, pero una mañana de hace tres meses, apenas unos días después que se supiera de su candidatura, se encontró con unas pintadas en la sede de Atenas.

Decían “Lábaque choro”.

-Bienvenido a la política. ¿Se lo bancó?

-Y, más o menos… La verdad es que me afectó, y también a mi familia. Ver así manchado el nombre de uno… La verdad es que casi doy un paso al costado y dejo todo… Pero hablé con Mauricio, lo consulté con él.

-¿Y qué le dijo?

-Que no me sintiera presionado, que él no me presionaba tampoco, y que decidiera yo.

-Y usted decidió quedarse… A veces la política puede ser destemplada, también.

-Sí, sí… Yo hay dos cosas que no me banco de la política. Una es la corrupción, y la otra son los políticos que prometen cosas que saben que no van a cumplir.

-¿Y usted qué promete?

-Trabajar. Y rodearme de gente que no esté sospechada.

***

Felipe Lábaque y Eduardo “El gato” Romero, golfista, son los dos últimos hallazgos de Macri en Córdoba, en su empeño de atraer a la política a gente que no estaba en ella. En Santa Fe el experimento funcionó con Miguel del Sel, y la anterior experiencia local fue con Héctor Baldassi.

-¿Cómo conoció a Macri?

-Nos conocimos hace años, mientras él era presidente de Boca y yo de Atenas. La gestión que hacía en el club me parecía admirable. Y un día que fui a Buenos Aires, fui a La Boca. Me mostraron las canchas, las instalaciones del club, y cuando estaba terminando la visita, pregunté si podía ver el despacho del presidente. Así nos conocimos… El sabía de Atenas y me felicitó por la gestión, y yo le dije que trataba de imitar la que él estaba haciendo en Boca. Después seguimos en contacto, cuando venía a Córdoba me visitaba, y hace ya dos años que empezamos a hablar de mi posible incorporación al PRO. Al principio yo no quería saber nada, seguía ocupado con la clínica, pero al final me convenció.

-¿Cómo lo convenció?

-Diciéndome que se podía hacer algo por la gente, que se podían sumar las capacidades y las experiencias. Y yo, que tengo más de cuarenta años de hospital público, entendí que tenía razón y que valía la pena intentarlo…

-Y entonces agarró viaje…

-Sí, pero la decisión me costó. Y al final, lo que inclinó la balanza fue el apoyo de mi familia.

Antes de ponerse el traje de precandidato, la vida de Lábaque era un orden que se repartía entre la empresa y Atenas. Tenía a la familia trabajando con él en la clínica (su esposa en la administración; su hijo mayor, médico), y el tiempo que no estaba en el quirófano, lo pasaba en el club.

-¿Hay corrupción en el básquet?

-¡No, para nada! En el básquet cada jugador es dueño de su pase, así que ahí no hay ninguna posibilidad de hacer negocios. Mire: Atenas tiene 76 años, mi suegro fue uno de los fundadores, y en todo ese tiempo nunca hubo una elección. Las autoridades se eligen a dedo. Y tengo la satisfacción de poder decir que cuando se ganaron los nueve títulos nacionales que tenemos, el presidente era yo.

-¿Y qué va a hacer con eso si lo eligen intendente?

-La clínica se maneja sola; ahí está la familia, no hay problemas… ¡Y del club no me voy a ir mientras viva!