La mística de la cancha, eje de campaña en Belgrano

p13[dc]E[/dc]l romanticismo en tiempos políticos es un recurso para captar voluntades, porque en los oídos empadronados, a veces el discurso endulzado generas razones que la razón no entiende. Apelar a lo emocional es una herramienta de agenda en tiempos donde las prioridades se miran con un lente con menos nitidez y objetividad.
Belgrano está en esa fase. Disfruta de su estadía en Primera División por tercera temporada consecutiva, y es cierto que el presente deportivo no es el óptimo pero, de todas maneras, las críticas al presidente Armando Pérez le apuntan no tanto a la escasa jerarquía del equipo, sino a una presunta indiferencia a la identidad: léase, a desatender la pasión y la nostalgia del hincha “Pirata”, que “sueña” con volver a ser local en Barrio Alberdi y abandonar la frigidez del estadio Mario Kempes.
En estos días, la dirigencia de Pérez eligió un modelo de los tres que le presentaron. Hubo proyectos de todos colores. Porque el retorno al barrio, a los pagos de siempre, fue motor discursivo de algunas opciones políticas que no se declaran abiertamente opositoras a la gestión del empresario de los cosméticos, y prefieren camuflarse como alternativas continuistas.
Se trata puntualmente de Santiago Montoya, presidente del grupo Banco Provincia de Buenos Aires y mano derecha de Daniel Scioli, gobernador de aquella Buenos Aires; y del concejal Marcelo Rodio, de “El Peronismo que viene” (llaryorismo). Ellos tienen claro que si se enfrentan a Pérez van a perder por goleada, pero ven que el flanco más débil que tuvo el actual mandatario celeste es precisamente la localía olvidada. Todos los demás méritos, deportivos y edilicios (con el reacondicionamiento del predio de Villa Esquiú, por ejemplo, que es envidia de muchos clubes porteños), no admiten objeciones directas.
“Alberdi única prioridad. 324 días sin jugar en casa”, rezaba una bandera en el máximo coliseo de Córdoba, en la platea “Gasparini”, en el partido contra Vélez Sársfield, el 14 de septiembre pasado. Lo más curioso de todos es que nunca se dio a conocer el nombre de el o los autores intelectuales y materiales de la bandera. Todos se hicieron los desentendidos, algo típico de dirigentes acostumbrados a hacer creer que esas son manifestaciones espontáneas de gente que sueña con volver a ser locales en el Gigante de Alberdi.

La era Pérez
El mandato de Armando Pérez en Belgrano caduca en 2017, cuando el período de tres años se cumpla, de acuerdo a lo pactado en el Estatuto del club. Vale destacar que el empresario arribó a Alberdi en junio de 2005, cuando le compró el paquete accionario a Luis Manzanares, Carlos Bustos, con la misma razón social: “Córdoba Celeste”. El club de Alberdi quebró en 2001 con 15 millones de pesos de pasivo, luego de casi cuatro años de gerenciamiento. Pérez vivió cielo e infierno en esa campaña, porque ascendió a Primera División en 2006, y esas vacaciones en la elite del fútbol nacional apenas le duró un año. A partir de ahí, su camino se hizo pedregoso, pero nunca contó con una oposición sólida y feroz como sí existe en Talleres. Solo el ex presidente Gregorio Raúl “Chichin” Ledesma prodigó algunas declaraciones ofensivas contra la gestión actual, pero nunca pudo armar un frente con estructura para poder reafirmarse como alternativa de conducción.
En ese sentido, Pérez consiguió trabajar tranquilo. No tuvo oposición ni internas, salvo aisladas críticas por el resultado deportivo, que terminó de esfumarse en 2011 cuando Belgrano superó en la Promoción a River Plate y lo mandó a la B, lo que significó uno de los mayores hitos del club.
Belgrano de repente se vio otra vez en Primera y acompañado con obras: puntualmente en el predio deportivo en Villa Esquiú. La gerenciadora ya donó ese complejo de 20 hectáreas al club, con todo el equipamiento de última generación, gimnasios remodelados, diversas canchas (hasta una de césped sintético) y balances positivos en el ejercicio económico. Entonces, con las ventas de Matías Suárez (1.200.000 dólares), Pablo Chavarría (900.000 Euros) y el último caso, de Franco Vázquez (A Palermo de Italia, 2.000.000 millones de dólares limpios para la entidad), le permitieron al juez Saúl Silvestre a fin de 2011 obtener garantías suficientes como para levantar la quiebra, cumpliendo los 10 años de gracia que indica La ley de salvataje de entidades deportivas.
Ese año no hubo elecciones. De gerenciador, Pérez pasó a ser electo presidente legítimo, y su estructura no se modificó. “Resurgir Celeste” fue el nombre que tomó el oficialismo para darle carácter formal a la nueva e incipiente comisión directiva. El primer desafío llegaba en 2014, cuando venció el período de mandato, y debía prolongar su gestión en las urnas. Aparecieron en escena Montoya con “Encuentro Pirata” y luego Rodio con “Belgrano de América” mostrando aspiraciones, pero ninguna de las dos listas logró avales y requisitos que indican el Estatuto y la junta electoral del club. Martin Arrascaeta encabezó el movimiento “corazón celeste” aunque nunca tuvo vocación obsesiva en la política.
¿Cómo concluyó la historia? La junta electoral proclamó a Pérez presidente reelecto, en la última prórroga de mandato que permite el Estatuto. Es decir, o Pérez deja un sucesor bendecido, o el camino hacia la cúpula queda en disposición para otra fuerza política en 2017.

La era post Pérez
Por lo pronto, sin posibilidades de legales de seguir al frente de la presidencia, Pérez aún no definió estrategia. Se habla de un desgaste tras 12 años de gestión cuando se cumpla el actual mandato, y por eso, ninguno de los que lo secundan, Abraham Rufeil y Jorge Franceschi, mostraron intenciones de continuar el proyecto, a pesar de que aún quedan dos años para el cambio gobierno.
Cualquier cosa puede ocurrir. Sin embargo, los opositores ya empiezan a mostrar algunas cartas fuertes, apelando a la nostalgia del hincha, en un plano donde Pérez nunca le pudo encontrar respuestas satisfactorias: la casa de todos los “Piratas”. La dirigencia eligió un modelo de los tres presentados, donde el estadio “Julio César Villagra” aumentará su capacidad de 20 mil a 32 espectadores. ¿Financiación de ese proyecto? Las cifras oscilarían alrededor de los $ 200 millones, nada más y nada menos.

La sucesión
El tiempo dirá si Santiago Montoya retoma su ambición de presidencia en Belgrano o acompaña a Scioli en algún otro proyecto; o si Marcelo Rodio consigue la difícil candidatura a la intendencia por el peronismo o insiste con conducir a Alberdi, cuando llegue 2017. El camino está abierto, con la incertidumbre de que los años dorados de Pérez tienen fecha de vencimiento, y con la nostalgia o romanticismo en el ambiente de una hinchada que sueña con volver a Alberdi, como eje central de la campaña venidera.