El doble juego preelectoral de Peñaloza

Por Yanina Passero
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MEGALÓPOLIS - MUNICIPALIDAD
MEGALÓPOLIS – MUNICIPALIDAD

El último gremio vinculado al municipio capitalino en renovar autoridades este año será la UTA. La cita en las urnas será el 11 de noviembre para elegir a la conducción sindical que se encargará de velar por los derechos y condiciones laborales de los choferes del transporte urbano de la ciudad. Alfredo “Cuchillo” Peñaloza buscará su segundo mandato capitaneando la Lista A. Ricardo Salerno, exsecretario de Finanzas de UTA, representa a la oposición con la Lista B. Luis Astudillo, exdelegado de Tamse, también en la vereda contraria a la actual conducción, buscará seducir al electorado con la boleta signada con la letra C.
De las tres nóminas, la única que abrió fuego fue la segunda que, como detalle nada menor, se completa con el exrepresentante de base de los choferes de Ciudad de Córdoba, Osvaldo Diani, que tantos dolores de cabeza le trajo al municipio, empresarios y dirigentes cuando se dirimía la licitación del transporte y desaparición de la firma privada con una seguidilla de paros de dudosos avales. La campaña interna de UTA largó con un paro que puso en peligro la estabilidad laboral de una centena de choferes que la benevolencia (estratégica, quizás) que caracteriza al Estado o sus empresas asociadas evitó el desempleo con causa de todo el turno mañana de Ersa y Autobuses Santa Fe.
La rápida intervención del Ministerio de Trabajo de la Provincia, la gran “Poncio Pilatos” de Peñaloza que desconoció el paro (motivos no encuentra para apañar a Diani, ahora candidato por la lista opositora) y los descuentos y sanciones que aplicaron empresarios evitó que la “acción” de campaña de los integrantes de la Lista B se repitiera en el tiempo. Y cuando todo parecía encausado sorprendió la aparición en escena del oficialismo, que había prometido acciones proselitistas sin poner en riesgo el servicio.
El sentido común invita a pensar que no existe peor estrategia para un secretario general que desea continuar en su puesto por un período más que escenificar los conflictos o talar con asambleas o negociaciones sobre los problemas o materias pendientes de la gestión. Peñaloza se las ingenió para frenar las críticas opositoras mostrando dinamismo y colocándose en el centro de la escena. Apeló a un doble juego.
La primera aparición de la conducción fue encubierta: con la amenaza de paro en Autobuses Santa Fe del martes a la noche. El menú de reclamos es el habitual: falta de coches (en este caso los denominados “muletas”, que se utilizan para reemplazar una unidad fuera de servicio), irregularidades en la punta de línea como falta de baños y otras comodidades para los empleados y problemas con las frecuencias.
Si bien la alerta fue dada por el cuerpo de delegados, conviene detenerse en los protagonistas. Se trata del cuerpo de delegados que le debe algunos favores a la conducción. No debe olvidarse que su mandato fue ratificado cuando pasaron de la Tamse a las empresas recién llegadas, apenas se produjo la disolución de la transportista local. Peñaloza no hizo lo mismo con aquellos delegados díscolos de la desaparecida Ciudad de Córdoba (nótese la preferencia). Es el Ministerio de Trabajo de la Nación el que debe decidir sobre la caducidad o continuidad del mandato. Mientras tanto, los empresarios le requirieron que volvieran a los gajes del oficio: los colectivos y las calles.
La aparición en escena de los delegados y sus reclamos –que no pasaron a mayores y se discutieron en las oficinas de la transportista, en privado y sin molestar la rutina de los usuarios- sirvió para llenar el “vacío” que tanto irrita a los afiliados durante la campaña plagada de bondades y ventas de gestiones exitosas que parecen eclipsar los problemas. La UTA es un gremio combativo, que genera desorientación en las bases con tantos pétalos de rosas.
Pero el elemento más contundente de la campaña oficialista fue el pedido de un bono de fin de año para los choferes. En la tarde del miércoles, Peñaloza se sumó a la ola navideña y exigió 1.500 pesos no remunerativos para cada chofer. Logró así el beneplácito del electorado que en pocos días deberán sufragar. Claro que la jugada tiene más de astucia que de posibilidad concreta.
La conducción de la UTA no desconoce las escasas chances que tiene el pedido de prosperar. Fundamentalmente, porque las empresas transportistas se encuentran sumidas en análisis de costos y pedidos de retoques tarifarios que la Municipalidad no está en condiciones (políticas) de conceder. De arribarse a una respuesta favorable, con seguridad llegará después de los comicios, luego de conjugar todo el abanico de posibilidades para el desembolso.
El rédito por la iniciativa fue cosechado ésa misma tarde en que Peñaloza realizó el anunció esperado. Ahora bien, no puede dejar de observarse que también plantó la semilla que puede germinar en un paro. La piedra fundamental fue colocada. Otra vez, malas noticias para los usuarios.