Tregua legislativa por el caos del 3 y 4 de diciembre

Por Alejandro Moreno
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p6-1[dc]L[/dc]a presencia del rabino Marcelo Polakoff y del imán Alí Badrán pareció intimidar a casi todos los legisladores de la oposición, que aceptaron con ligerísimos reparos la versión oficial sobre lo sucedido entre el 3 y el 4 de diciembre del año pasado.
La huelga policial por salarios y condiciones de trabajo, la inacción del gobierno provincial y la negativa del gobierno nacional a prestar ayuda a tiempo recibieron la piedad de los legisladores, algo particularmente llamativo en juecistas y radicales. Los violentos ataques de los delincuentes a una sociedad indefensa por la ausencia de la policía fue ayer para los legisladores más que nada un desencuentro como consecuencia de la crisis de valores.
Ni siquiera los despertó que presidiera la sesión Oscar González, o que la vicegobernadora Alicia Pregno se sentara en el palco junto al rabino y al imán. En aquellos tumultuosos días del 2013, González era el jefe de Gabinete y Pregno estaba a cargo de la Gobernación porque José Manuel de la Sota estaba en el exterior; a ambos se los señaló como responsables de no actuar con la rapidez y la energía que exigía una huelga que hacía varios días que se anticipaba.
Apenas la legisladora izquierdista Cintia Frencia recordó que la violencia “no fue responsabilidad de tres millones de cordobeses”. Acusó, luego, a “una camarilla del poder” que no precisó. Frencia citó un proverbio chino que adjudicó a Juan Perón para colocar la responsabilidad de lo sucedido en el gobierno: “el pez se pudre por la cabeza”, dijo. Y, con acento marxista, enfatizó que “no se modificaron las bases materiales que llevaron al desencuentro”.
La presidente del bloque Frente Cívico, Liliana Montero, reconoció la tregua al advertir que “acordamos despojarnos por un momento del análisis político”. “No estamos los argentinos y los cordobeses contentos por la situación social que estamos viviendo”, sostuvo en el párrafo más duro de su discurso, lo que grafica cuánto bajó la guardia para esta ocasión.
Antes y después, como repetirían los demás, hubo elogios para los miembros del Comipaz (Comité Interreligioso por la Paz), que tuvieron la iniciativa del proyecto de ley (además de Polakoff y Badrán, el presbítero Pedro Torres y el pastor Norberto Ruffa). El Comipaz, en los incidentes del año pasado, fue el mediador en el conflicto entre los policías y el gobierno para frenar el caos.
Por los radicales Alejandra Matar sólo apuntó que “el encuentro no debe darse entre los vecinos, sino entre los vecinos y quien gobierna”.
Aurelio García Elorrio, el vecinalista, se aproximó desde las antípodas al discurso de Frencia cuando señaló que existen dos sociedades: una de excluidos y otra de incluidos.
Los momentos más valiosos del macrista Javier Pretto fueron cuando dijo que “no toda la sociedad cordobesa tuvo responsabilidad”, y que se necesita que el presupuesto tenga sus recursos bien distribuidos. Pero fue suave, como los demás.
El kirchnerista José De Lucca reconoció que “nos debemos el debate”, que evidentemente allí no ocurría. Se dio el gusto de afirmar que “lo que mantuvo en vilo a los cordobeses se podría haber evitado”.
Roberto Birri, desde la banca del socialismo, siguió en la misma línea de la catástrofe social: “salió lo peor de las miserias de nuestra sociedad”.
Cerró la ronda de oradores, porque no fue un debate, el titular del bloque delasotista, Sergio Busso, quien subrayó que el 3 y el 4 de diciembre “la irracionalidad nos envolvía”.
La ley fue aprobada casi por unanimidad (se opuso Frencia). Establece que el Ministerio de Educación, en la semana previa al 3 y 4 de diciembre, “dispondrá la realización de talleres, charlas o actividades de concientización con el objetivo de promover la reflexión en torno a la importancia y el valor de la consolidación del tejido social y la recuperación de la amistad ciudadana”.