Ministerio de Trabajo no homologó aún CCT de docentes universitarios

Por Gabriel Osman
gosman@diarioalfil.com.ar

Deodoro Roca, de luto.
Deodoro Roca, de luto.

[dc]P[/dc]ese a algunas primeras versiones, el Consejo Superior de la UNC no reanudará la accidentada sesión del martes pasado, que debió pasar a cuarto intermedio por los serios incidentes que se registraron en el edificio Claustrorum y que obligó a postergar el tratamiento del Convenio Colectivo de Trabajo (CCT) de los docentes universitarios, aprobado por el CIN y los gremios representados en la negociación.
Por ahora, no hay fecha precisa para reanudar la sesión, según informó ayer el secretario general de la UNC, Alberto León. Pero hay otra información circulando que podría restarle premura al Consejo Superior en la sanción de este CCT y de las “enmiendas Córdoba” que se le agregarían.
Según información circulante en el sistema de universidades públicas del país, el Ministerio de Trabajo de la Nación aún no homologó este CCT, lo cual tornaría abstracta cualquier decisión del Consejo Superior porque el trámite no recorrió todo el circuito administrativo. Se sabe que el dictamen de la cartera laboral nacional es esencial para esto.
Más todavía. Al no estar homologado, el CCT no está vigente. Un correo les habría llegado a todos los rectores indicándole que los plazos no están corriendo y que resta bastante para una posible homologación del CCT por parte del Ministerio de Trabajo.
León dijo ayer que ciertamente no hay premura en el oficialismo en la sanción que le corresponde al Consejo Superior pero también advirtió que “no es necesaria la referida homologación” (sic). El interrogante que se plantea aquí es cómo aprobar un CCT que formalmente no existe.
Respecto de lo que puede ocurrir si la homologación de Trabajo precede a la sanción del Consejo Superior, hay básicamente dos opciones:

1) El Ministerio homologa el CCT con las reservas de las Universidades Nacionales. En tal caso, las Universidades podrán plantear reformas a sus estatutos para adecuarse al CCT o, en caso contrario, deberán plantear la disidencia ante la Justicia Federal que será quien deberá resolver sobre la cuestión por las contradicciones entre el CCT y los Estatutos. Si algunas Universidades, y no obstante las contradicciones, no hubiesen realizado las reservas sobre de aquellos artículos que no se ajustan al Estatuto, y el trámite de homologación prosperase, terminará siendo válido el CCT y deberán indefectiblemente ajustarse a ello. En este hipotético caso le corresponderá a la comunidad universitaria plantearles a sus autoridades la negligencia correspondiente y el incumplimiento de los deberes públicos, más allá de lo relativo que pudiese ser el reclamo en tanto fueron los Consejos Superiores quienes terminaron aprobando lo actuado por los representantes del CIN y las reservas realizadas.

2) Si el Ministerio homologa el CCT y no hace lugar a las reservas de las Universidades, éstas ajustarán sus Estatutos o deberán plantear la inconstitucionalidad de la norma, por violación a las autonomías, y recurrir a un amparo judicial que suspenda su aplicación hasta que se dirima el fondo del problema en el ámbito judicial.
La información que se han cruzado varios rectores sobre las contradicciones entre el CCT y los estatutos hacen reservas en dictámenes técnicos emitidos el 10 de octubre por organismos dependientes del Ministerio de Trabajo de la Nación, en los que “se deja expresamente aclarado que, hasta tanto no se cumplimenten debidamente los requisitos de fondo y forma para acceder a la homologación, se suspenden los plazos para ello”.
Es que la autonomía universitaria consagrada por la Reforma Universitaria de 1918 y cuyo adalid fue Deodoro Roca, consagran los concursos para acceder a la cátedra, y en la actualidad esta autonomía tiene rango constitucional. Es complejo pasar de un solo brinco por sobre el Estatuto de la UNC, en el caso de Córdoba, y encima por sobre la Constitución Nacional.
Este brinco no es otra cosa que, en el caso de la UNC, efectivizar en el cargo a miles de profesores interinos sin concursos designados a dedo en los últimos ocho años, es decir, bajo los rectorados de Carolina Scotto y Francisco Tamarit.
En tiempos de desdén por las normas, alcanza con repasar el primer párrafo del artículo 64 del Estatuto de la UNC: “Los profesores regulares son designados de acuerdo al siguiente régimen: Por concurso abierto de títulos, antecedentes y oposición”.