La otra invasión inglesa

Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

ilustra jack bruce[dc]R[/dc]equiere de un gran esfuerzo dimensionar desde el aquí y el ahora donde nos encontramos cuán grande fue la repercusión que tuvo en Inglaterra en los años sesenta el trío Cream, durante el bienio en el que transcurrió su existencia. Porque ese fenómeno fue tan breve y tan focalizado en el hemisferio norte, que cuando por estas latitudes se tuvo noticia, el grupo ya casi se había separado. Y se lo conocería más bien como el escalón de Eric Clapton previo a su consagración en carácter de solista.
Pero hay una conexión directa de ese terceto con el por entonces embrionario rock nacional argentino, que lo transformó en un modelo para algunas formaciones que empezaban a surgir en el país. Ese blues rock psicodélico representaba como pocos el espíritu de su tiempo, porque capturaba el clima originario del rock y lo exponía a la influencia de la cultura hippie, hasta obtener un precipitado que escapaba a los moldes y que constituía en sí mismo un nuevo canon para lo que vendría de allí en más.
En julio de 1966 se juntaban en Londres el guitarrista Clapton, el bajista Jack Bruce y el baterista Ginger Baker para dar forma a Cream. Apenas tres meses después, llegaba a esa ciudad el estadounidense Jimi Hendrix, para armar allí su trío Experience. El formato de guitarra-bajo-batería (power trío) empezó así una escalada de prestigio que trascendió los márgenes de la escena inglesa para ofrecerse como un modelo a seguir. Y muchos jóvenes músicos de todo el planeta se sumaron a esa tendencia que cosechaba encendidos elogios.
En 1967, Claudio Gabis –con apenas 18 años- viajó a los Estados Unidos junto a su padre y a su regreso trajo un tesoro discográfico al que muy pocos tenían acceso en el Río de la Plata. Eran 60 los long plays que venían en sus valijas, incluyendo muchas gemas que brillaban en las bateas de las disquerías norteamericanas. Entre esas obras, se contaba seguramente el primer disco de Cream, que al llegar a los oídos de los amigos de Gabis causó una conmoción de consecuencias insospechadas.
No en vano a poco de arribado de su periplo iniciático, Claudio Gabis conoció al bajista Alejandro Medina y al baterista Javier Martínez, junto a quienes puso en marcha el grupo Manal, a cuyo repertorio corresponden algunas de las piezas más importantes del rock en castellano. Como era obvio, la idea después de escuchar a Cream fue armar un trío y, para que no quedaran dudas, ponerle de nombre “Ricota”, aunque luego desistieron de esta última idea. La influencia de Cream sobre Manal fue tan fuerte como efectiva. Unida a la profundidad de las letras, constituyó un mazazo artístico cuyo impacto todavía resuena.
Este fin de semana, la noticia del fallecimiento de Jack Bruce, bajista de Cream, pasó poco menos que inadvertida en los portales de noticias. El deceso se produjo en la casa de Suffolk, Inglaterra, donde el músico de 71 años tenía su residencia. Tal vez el escaso eco que encontraron los proyectos que encaró Bruce luego de la separación de aquel trío producida en 1968, haya conspirado contra la notoriedad de un artista que disfrutó en su momento de la admiración de instrumentistas de todo el mundo.
Sin embargo, con esa sola mención acerca de lo determinante que fue el impacto de la música de Cream sobre aquellos jóvenes que estaban inventando el rock nacional, basta para hacerse una idea de lo que debió haber sido aquello. En una época en la que se reinventaba todo, el terceto inglés protagonizó una mesurada invasión inglesa que cambió para bien las cabezas de muchos artistas porteños.