El dólar oficial ya no es ancla para la inflación

2014-10-26_BIGMAC_web[dc]E[/dc]l Gobierno ha intentado varia veces –y ahora se transita otra- intentar frenar la inflación utilizando el tipo de cambio como ancla. Los economistas coinciden que bajo ciertas circunstancias y por períodos no muy extensos, ese instrumento puede ser eficaz, pero debe ir acompañada de otras medidas que hoy no existen. Al contrario, el “soldar” el dólar oficial no hace más que alimentar las expectativas de devaluación que son las que se terminan usando para establecer precios.
Un informe del economista del Ieral Jorge Vasconcelos señala que hay demasiados indicios del desalineamiento de la paridad oficial respecto de alguna cotización de equilibrio. Desde el índice Big Mac (cuarto de libra en la Argentina), que sugiere un valor por encima de $11 pesos pasando por la comparación de los salarios en dólares entre Argentina, Brasil y otros países de la región, llegando a los resultados: las exportaciones de manufacturas de origen industrial caen 12,9 % interanual en los primeros ocho meses de año (- 14 % en lo que va del tercer trimestre). Si se considera el conjunto de exportaciones la merma es de 10,2% interanual en enero-agosto, lo que contrasta con una leve suba (1 % interanual) de las de Brasil, México, Chile, Perú y Colombia.
Además, dice Vasconcelos, con un Banco Central que “aprieta cada vez más el torniquete, el dólar a precio oficial se ha vuelto una especie de moneda virtual”. La brecha con el paralelo es una señal preocupante, ya que en la historia reciente del país hay sólo dos momentos en los que esa diferencia superó el 100%, tras la Guerra de Malvinas y durante la hiperinflación de 1989.
Con las reservas brutas ya por debajo del piso de los US$28 mil millones el Central se sentó sobre los dólares y las empresas que tienen los pesos para cancelar sus obligaciones externas perciben que sus riesgos no están cubiertos al estacionar esa liquidez en depósitos a plazo fijo. Por eso creció el uso del “contado con liquidación” para pagar importaciones pasadas o presentes.
Además, todo esto impacta en la competitividad. Tomando el tipo de cambio real bilateral peso/dólar, en setiembre de este año hay sólo 2 puntos porcentuales de diferencia con el índice de diciembre de 2001, justo antes de la ruptura de la Convertibilidad. Si el 10% de la canasta de costos de una exportadora pasa a regirse por la evolución del paralelo, la medición se deteriora cuatro puntos porcentuales. “Aunque no parezca mucho, cuatro puntos de la facturación puede ser el 100% de la rentabilidad”, indica el reporte.
En la medida en que el comercio exterior no pueda ser normalizado, y que el acceso a las divisas del Central siga racionado, es inevitable que la situación afecte la competitividad de las exportadoras que usan insumos importados. Sea por su escasez o por su encarecimiento. “De una encrucijada de estas características no se sale simplemente con una devaluación. Ni siquiera si va acompañada de una suba de tasas, para devolverle atractivo a los ahorros en pesos”, indica Vasconcelos, quien plantea dos pilares más, una hoja de ruta vinculada a la normalización financiera externa, que permita volver a tomar fondos en el exterior a una tasa razonable, sea por haber logrado un acuerdo con los llamados “fondos buitre”, sea por haber logrado e encapsular su capacidad de daño y un sendero creíble para acotar la emisión de pesos espurios originada en el déficit fiscal. Con el ritmo actual de gastos e ingresos genuinos del sector público nacional, el Tesoro habrá de demandar este año unos $190 mil millones de emisión y, si esa trayectoria no cambia, en 2015 habrán de agregarse otros $100 mil millones, proyecta el Ieral.