La sociedad de los músicos muertos

Por Gabriel Ábalos
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R CarnotaLa primera vez que oí a Carnota, como les habrá pasado a muchos, supe que nunca había oído antes a alguien cantar folklore como si revelase el blues latente en él. Y eso que no eran tiempos sordos a la activa red de influencias generacionales que se entretejían con el folklore de aquellos años ochenta. Su disco con Suna Rocha, el primero, fue una revelación, revelado a su vez por Mercedes en el disco Como un pájaro libre, del mismo año 1983, al incluir dos temas de Raúl cantados con él y con Suna. La voz casi montaraz de aquella Suna, la guitarra prolija, rica en acordes, precisa, los ritmos terrosos, el bombo de Rodolfo Sánchez, el piano de Spinassi, y, por supuesto esos temas compuestos por Raúl . Parecía que alguien hubiese encontrado un cofre con viejas danzas y canciones originales olvidadas e intactas, tan auténtico era el sabor con que afloraban. Poco a poco, Raúl fue develando su música a los oídos de una juventud que se habían vuelto, tras la guerra de Malvinas y el fin la dictadura, hacia un canto popular interrumpido. Su tributo a los Beatles en Pecado de Juventud, su responsabilidad en el conocimiento y la vivencia profunda de los ritmos de las regiones argentinas e incluso de países hermanos, fueron hitos. Siempre su sabiduría musical y el cristal de su guitarra, sus letras herederas de la tradición del canto social, de los trabajadores oprimidos, en un lenguaje a veces directo y militante que sin embargo no agotó el decir de Raúl. Miró a las generaciones, a la identidad muchas veces barrida, a las tradiciones en movimiento, así como los paisajes y las canciones de amor, temas constantes de su repertorio.
Fallecido el sábado, a Carnota le había sido concedido unas horas antes, el viernes, el Premio a la Trayectoria otorgado por el Ministerio de Cultura de la Nación, por un jurado que integraron Liliana Herrero, Manolo Juárez, Peteco Carabajal, el director nacional de Artes Rodolfo García y la ministra de Cultura Teresa Parodi. Lo ganó un artista cuya trayectoria se impuso por encima de los tiempos aguados del neoliberalismo que tanto daño hicieron, y por encima también de toda especulación comercial o industrial a la hora de concebir su obra. Por último, también hasta de las dolencias físicas.
Su nombre ya está integrado a la memoria del cancionero popular argentino, con luz propia, con aportes certeros, como parte indisoluble de nuestra identidad. Su producción siempre será un argumento de peso para las nuevas generaciones dispuestas a conectarse con los latidos musicales de nuestra música criolla.

Elegimos, para un apunte más coral, entre tantas expresiones brotadas ante su muerte, tres recogidas de las redes sociales.

De Teresa Parodi
No voy a decirte adiós, Raúl hermano mío.
No. No lo haré nunca.
Nos reunirán tus coplas como alitas quebradas de belleza profunda.
Los caminos que anduvimos por estas soledades seguirán regresándome a tu guitarra honda.
Que sea buena la gira.
Que una zamba lentita te arrope bajo un tala y te acunen los grillos trasnochados de sombras.
Las palabras son torpes para hablar por el alma, lo sabemos de sobra.
Teresa

Del armoniquista Franco Luciani
La música no hubiese sido la misma sin tu obra. Los músicos no hubiésemos sido los mismos sin vos. Yo ya no fui el mismo desde aquel 1er concierto de tantos que compartimos juntos.
Me da mucha tristeza tu pérdida física.
Me da mucha alegría tu paso por esta tierra y tu obra que será tu manera de estar siempre.
Te quiero mucho Raul!!!
Buen viaje!!!

Del percusionista cordobés Martín Bruhn
Buen viaje tío del alma!! fuiste y serás parte de mi vida para siempre, ni te imaginás lo importante que sos para mí, me quedo con tus historias, tus enseñanzas , tus repiqueteos, tu música y tus últimas palabras , guardo todas nuestras “andanzas” en lo más profundo de mi corazón.
Saludame a Rodolfo y recibí este abrazo
Te quiero mucho

Para el Maestro Oscar
Hoy a las 19 se realizará un homenaje en memoria del destacado compositor corobés Oscar Bazán (1936-2005) en el salón del Pabellón México de la Facultad de Artes.
Oscar Bazán nació en Cruz del Eje y se formó en piano y composición en el Conservatorio Provincial de la capital cordobesa y en la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba, donde más tarde él mismo dejaría huella de su magisterio y de su capacidad de abrir los oídos y las cabezas de varias generaciones de músicos.
Su trayectoria lo acercó tempranamente a las corrientes de vanguardia musical de los años sesenta: el CLAEM (Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales del Instituto Torcuato
Di Tella), lugar de encuentro y difusión de los jóvenes compositores experimentales del continente, del que fue becario de 1963 a 1964; el Centro de Música Experimental de la Escuela de Artes, integró desde 1965 hasta 1975 y también como becario en Bs. As. del CICMAT (Centro de Investigación en Comunicación Masiva, Arte y Tecnología) durante el año 1973.
Sus composiciones recorrieron el serialismo, la aleatoriedad, la performance escénica, los nuevos grafismos, el microtonalismo y el diseño de instrumentos. Renegaba del “coleccionismo de timbres” orquestales y militó en la música austera. Además de un gran compositor internacionalmente reconocido, Oscar Bazán fue un maestro que enseñó a desafiar los preconceptos y a cuestionar el aburguesamiento del oído. Merece ser recordado aún por quienes no oyeron de él, ni de su obra.