Importar a dólar bolsa deja el tipo de cambio peor que en 2001

La semana que arranca lo hace a la expectativa de qué dólar terminarán usando los importadores; en los últimos días hábiles desde el ministerio de Economía hubo “indicaciones” a los empresarios en ese sentido y una –después desmentida por el Banco Central- es que quienes necesitan dólares para importar iban a tener que moverse en el mercado del dólar bolsa ya que la utilización del oficial será autorizada con cuentagotas. Si esta práctica se generalizara y el 10% de la canasta de costos de la empresa exportadora siguiera la trayectoria del dólar paralelo, entonces el tipo de cambio real bilateral se deteriora en cuatro puntos porcentuales. Este impacto puede ser muy significativo en términos de rentabilidad.
Las especulaciones de los expertos es que habría una especie de desdoblamiento cambiario de facto para un número mucho mayor de empresarios y rubros que hasta ahora. Un trabajo de los economistas delIeral Jorge Vasconcelos y Patricio Vimberg señala que en la medición tradicional, el tipo de cambio real bilateral (pesos por dólar) se ubicó en septiembre sólo 2% por encima de diciembre de 2001, justo antes de la ruptura de la Convertibilidad por lo que se construyó un tipo de cambio real bilateral “corregido” para intentar capturar los efectos de un encarecimiento de los insumos importados, por las restricciones al comercio exterior y al acceso de divisas.
Si se considera un tipo de cambio oficial para septiembre de 8,44 $/US$ y una inflación de 2,5% mensual, el tipo de cambio real bilateral de este mes se encuentra apenas 2% por encima del valor de diciembre de 2001, mes previo a la salida de la convertibilidad. Sin embargo, esta medición tiene sus defectos. El primero es que al ser bilateral, sólo contempla la variación del peso contra el dólar, sin considerar qué ocurre con la cotización frente a una canasta de monedas más amplia. Otro de los inconvenientes es la inflación, que se calcula a partir del empalme de las series del Indec y la del gobierno de San Luis a partir del 2007, lo que indica cuánto variaron los precios de la economía en promedio, pero no da cuenta del aumento en los costos específicos que perciben las empresas, por ejemplo, los aumentos de salarios y tarifas o costos de insumos importados, que pueden superar a los del índice utilizado. Tampoco tiene en cuenta el hecho de que ahora existen fuertes impuestos a las exportaciones ni el impacto de la evolución de los términos del intercambio.
Pese a esas imperfecciones, los economistas plantean que desde mediados del 2013, el tipo de cambio real bilateral se encuentra fluctuando en torno al nivel registrado a fin de 2001y muestra lo efímero del impacto, en términos reales, de la devaluación de enero.
El reporte también mide el impacto que podría tener sobre la competitividad el encarecimiento de los insumos importados por la falta de dólares y el riesgo que esos bienes comiencen a copiar la trayectoria del llamado dólar paralelo. Si se supone que el 10% de la canasta de costos de las empresas exportadoras se despega de la evolución del índice de precios minoristas local y converge a la trayectoria del blue, en setiembre el tipo de cambio real bilateral, que todavía estaba dos puntos porcentuales por encima de diciembre de 2001 en la medición tradicional, pasa a estar dos puntos porcentuales por debajo.
“O sea, pagar el 10% de los insumos al tipo de cambio paralelo implica un sacrificio de cuatro puntos porcentuales en el tipo de cambio real. Aunque pueda no parecer significativo –dice el estudio-, esos cuatro puntos están medidos no sobre el valor agregado de las compañías, sino sobre su facturación. Por ende, el impacto sobre la rentabilidad puede ser muy significativo”.
Los autores subrayan que la simulación no intenta representar lo que efectivamente está ocurriendo en el mundo real ya que advierten que hay una amplia gama de situaciones, tanto en la incidencia de los insumos importados como en la mayor o menor dificultad para acceder a esos bienes al tipo de cambio oficial. Lo que sí apunta a mostrar es que las restricciones para aprovisionarse de insumos y bienes intermedios importados de ”ningún modo son neutras desde el punto de vista de la competitividad. Y pueden llegar a ser tan importantes como para desalojar a empresas locales de mercados externos duramente conquistados”.