La preocupación del Papa

Por Gabriela Origlia

2014-09-18_PAPAFRANCISCO_webGustavo Vera, legislador porteño y titular de la ONG La Alameda, es amigo del Papa desde sus épocas de obispo de Buenos Aires. Mantiene una relación muy cercana y es uno de los que lo mantiene informado de cómo andas las cosas en el país. Un cordobés cercano a Vera confió a Diario Alfil que, desde hace varios meses, los comentarios que le hace a Bergoglio no son nada alentadores. A punto tal que habrían motivado la decisión del Papa de invitar a la presidenta Cristina Fernández al almuerzo privado que se concretará mañana.
Vera –quien abandonó UNEN hace pocas semanas para armar su propio espacio, Bien Común- le confió a su allegado cordobés que el Papa le sugeriría a la Presidenta cautela. La expresión que usó la fuente fue “que paren la mano, que no tironeen” porque el contexto económico y social no es el mejor. Monseñor Guillermo Karcher, encargado de protocolo del Vaticano, lo puso en lenguaje formal: “Al Papa le preocupa la gobernabilidad y la sana democracia. Es argentino y vivió lo que todos hemos vivido. Acompaña el proceso democrático, eso quiere decir cuidar a Cristina”.
Por supuesto nada de lo fundamental que se hable en ese encuentro trascenderá. La intención del Gobierno es salir de Santa Marta con un apoyo abierto y explícito de su posición respecto de los buitres. A Bergoglio le interesa que el clima social no se recaliente; aseguran los pocos argentinos que mantienen contacto directo con él que tiene “inquietud” por la dinámica de la situación en el país.
Uno de los elementos que lo habría alertado es cuáles son los planes del Gobierno una vez que tenga en sus manos la Ley de Abastecimiento. La alarma es que vaya a intentar quedarse con los granos que están en los silos. De seguro no le habrán resultado para nada tranquilizadoras las expresiones de la diputada nacional Diana Conti, quien durante el debate de la norma dijo que era para “disponer” de los granos y planteó que la ley contempla que el Estado intervenga en los campos donde “acopian materias primas que son necesarias para satisfacer necesidades básicas y lo hacen con afán de lucro desmedido”.
Una maniobra como esa alteraría los ánimos no sólo de los productores –que ya vienen planteando su preocupación- sino que el temor del Vaticano es por la reacción que podrían tener los obreros rurales que ya no tienen las mismas características de décadas atrás. A este panorama se le suman las intranquilizantes expresiones de Luis Barrionuevo y de los propios funcionarios kirchneristas quienes –con un alto nivel de irresponsabilidad- empezaron a poner sobre la mesa la posibilidad de revueltas.