El nombre Dellarossa

Por Marcos Duarte
Para bastiondigital.com

2014-09-10_HENRY_DELLAROSA_web[dc]M[/dc]arcos Juárez está ubicada en el este de la provincia de Córdoba a treinta kilómetros del límite con la provincia de Santa Fe. Es la decimotercera ciudad de Córdoba en cantidad de habitantes (27.004 según censo 2010), tiene uno de los índices de desempleo más bajos y una de las mayores coberturas de red cloacal de la provincia (85,3 % de la población). La explotación agropecuaria y la industria metalmecánica relacionada a la maquinaria agrícola son sus principales actividades.
La historia política reciente de la ciudad de Marcos Juárez está signada por el apellido Dellarossa.
Henry Dellarosa fue intendente entre 1979 y 1983. Luego de la apertura democrática fue electo tres veces consecutivas como candidato de la Unión Vecinal. En 1995 decidió no presentarse a las elecciones, que fueron ganadas por el radicalismo. En 1998 volvió a liderar la boleta del vecinalismo, triunfando por amplio margen, al igual que en las elecciones de 2002 en las que incluyó como aliado al PJ delasotista, en auge por aquellos años. Hasta su fallecimiento en 2009, Henry Dellarossa cumplió al pie de la letra su receta: mantener relaciones cordiales con el oficialismo provincial de turno mientras su partido hegemonizaba la política local.
Para mensurar el peso electoral del apellido Dellarossa basta destacar que Henry fue candidato a concejal en las elecciones de 2006 al igual que su hijo Pedro en las elecciones 2010. En ambas fue electo intendente Eduardo Avalle.
Este breve relato histórico es necesario para visualizar un hecho tan trascendente como paradójico que presenta la elección marcojuarense que acaba de finalizar: el ex concejal Pedro Dellarossa decidió enfrentar desde la Alianza PRO-UCR no solo a sus históricos aliados justicialistas sino a su tradicional partido familiar, la Unión Vecinal, que se presentó en soledad apoyado por el intendente saliente Eduardo Avalle. Curiosamente este mismo hecho nos revela una continuidad trascendente: en todas las elecciones desde 1983 en que figuró el apellido Dellarossa en una lista, ésta resultó triunfadora.
Dellarossa, sin la Unión Vecinal, triunfó con el 36,48% reafirmando el predominio de su patronímico en la ciudad aunque consiguió casi 10 puntos menos que su predecesor Avalle quien, en alianza con el PJ, obtuvo el 46,8 % en la elección del 2010.
La Unión Vecinal, sin Dellarossa pero sostenida desde la estructura del municipio, logró un meritorio tercer puesto con 22,8% echando por tierra la hipótesis de quienes preveían un escenario ultra polarizado alrededor del eje peronismo/no peronismo.
El PJ pierde un importantísimo aliado en la región pero obtiene el segundo puesto (29,65%) en una boleta “pura” posicionándose como la principal alternativa a nivel local. Por otro lado, la derrota en una de las regiones donde el peronismo es más fuerte electoralmente abrirá un debate interno sobre la candidatura presidencial de De la Sota, los candidatos a gobernador y la fecha de las elecciones provinciales.
La UCR puede reclamar una cuota parte de los méritos de la victoria en un municipio particularmente esquivo y mantiene los espacios instiucionales conseguidos en el 2010 (dos concejales y un tribuno de cuentas) lo cual le permite condicionar al intendente Dellarosa en su gestión. Como contracara de esto la conformación de la alianza local con el PRO le obliga a adelantar una discusión provincial que sus principales dirigentes preferirían postergar hasta tener claro el escenario y revive el debate mediático sobre las alianzas nacionales.
El resultado obtenido por el kirchnerismo solo visibiliza una realidad: nunca pudo estructurar opciones locales competitivas en la provincia sin incorporar figuras o estructuras pre-existentes que le garanticen un caudal electoral que exceda su núcleo duro. En las elecciones 2010 concurrió divido entre Movimiento Alternativo Popular-FPV (3,3 %) y el Movimiento de Unidad Popular (1,0 %) y en esta oportunidad logró en unidad el 4,78%, una suma matemática casi exacta.
El Frente Cívico solo logra colarse en la foto del triunfo a partir del apoyo público de Luis Juez pero no obtiene espacios de importancia y se expone a una discusión con sus aliados provinciales y nacionales del FAP.
El macrismo, que aparece como el principal triunfador, se consolida en una estrategia de cooptación de figuras con peso electoral propio que le permiten sustituir el desarrollo orgánico de su fuerza fuera de los límites de la Capital Federal. El modelo “te presto la marca y me saco la foto” aparece como eficaz en términos publicitarios para Mauricio Macri a la vez que resulta útil para referentes locales urgidos de una identidad de moda a bajo costo en términos de espacios en las listas. Este accionar se repite coherentemente en casi todas las provincias del país y contiene desde viejos partidos como el Demócrata de Mendoza, figuras del deporte o del espectáculo y hasta organizaciones de la sociedad civil. A tono de ejemplo es destacable que el Banco Ciudad sponsorea 15 clubes de primera y segunda división de todo el país, entre ellos el Independiente de Moyano y el Club Atenas de Córdoba cuyo presidente es candidato a intendente de la capital provincial.
Este modelo de construcción política, exitosa publicitariamente, tiene su contrapartida en el escaso desarrollo territorial real tan necesario para una elección nacional, en la magra cosecha de espacios institucionales para miembros del partido con sus consecuencias lógicas en términos de gobernabilidad futura y sobre todo en la dificultad de superar el estadío de partido carismático con el perjuicio que esto le ocasiona en términos de articulación política con otros espacios. El mismísimo Pedro Dellarosa define al PRO en su página como “un movimiento vecinal que nace de personas que un día decidieron dar un paso más e involucrarse en la realidad de su ciudad para mejorar las cosas”. El problema es pretender ser solo eso.