Macri – UCR: ¿una alianza con futuro?

DYN17.JPGPor Gonzalo Neidal

[dc]N[/dc]o son pocos los que intentan mirar la elección reciente en Marcos Juárez como una muestra “in vitro” del futuro probable de la provincia, si no del país: una alianza “anti K” e incluso “no peronista” con posibilidades de hacerse del poder.

Pero la muestra del domingo pasado vale más para Córdoba que para el resto del territorio nacional. Y aún así, se trata de un forzamiento inductivo más que de un análisis que pueda ser tenido en cuenta con verdadero sentido, para una elección que está aún lejana si tenemos en cuenta los cambios que puede depararnos todavía en humor popular.

Para Córdoba, una alianza entre el radicalismo y Macri (a la que podría sumarse Juez, en puntas de pie), es una posibilidad cierta de poder. Casi podría decirse que la única posibilidad concreta que existe para un desplazamiento del peronismo tras 4 períodos en el gobierno.

Aunque Marcos Juárez es un municipio especial, con antecedentes en esto de burlar la tónica provincial, el resultado del domingo es como para entusiasmar a Macri y a una franja del radicalismo, la más liberal, por denominarla de algún modo, y que claramente lidera en lo discursivo y conceptual Oscar Aguad.

El discurso de Aguad entronca, en las ideas, con las definiciones que tuvo Eduardo Angeloz en la campaña electoral de 1989, cuando fue derrotado por Carlos Menem. En ese momento, el gobernador de Córdoba esgrimió puntos de vista críticos hacia el gobierno de su propio partido a nivel nacional. Propuso ideas que tanto en aquel momento como ahora se asocian a la panoplia liberal más que a la tradición radical predominante durante décadas, más ligada al progresismo en lo político y al populismo en lo económico.

En ese momento Angeloz habló de un “lápiz rojo”, modo simbólico de aludir el ajuste y la reducción del gasto público. Sus posiciones incluían las privatizaciones, que luego realizó Menem desde el poder.

Aguad retorna ahora a aquellas ideas aunque en un contexto distinto, cuando el populismo se arrastra agonizante hacia un final de mandato, saturado de problemas y manifiestas inconsistencias.

La versión no populista

Sin llegar a extremos como los del cómico Nito Artaza y el ex dirigente Leopoldo Moreau, ambos ya seducidos y absorbidos por el kirchnerismo, el radicalismo en su conjunto sostiene gruesas afinidades con el populismo peronista.

El propio Ernesto Sanz, que podría ser asociado a una versión más liberal y menos populista del radicalismo, se toma una pausa al momento de las estatizaciones kirchneristas. Cuando se trata de llevar empresas al estado, le aparece a los radicales una suerte de impulso atávico que llevan en el ADN y se sienten conminados a sumarse a las estatizaciones “en defensa de la Patria”. Resultan ser muy permeables a las alusiones al patriotismo y a la convocatoria a la defensa del interés nacional, que reiteradamente invoca el poder K.

Con correligionarios como los que tiene, la posición de Aguad llama la atención por su audacia. No anda con ambigüedades sino que expresa con todas las letras una crítica al populismo que anida en su propio partido. En un reportaje concedido el domingo pasado al programa radial Algo ha fallado, Aguad sostuvo: “yo siempre digo que Moreau no es un kirchnerista sino un radical de la provincia de Buenos Aires”, indicando que anchas y decisivas franjas de la UCR están impregnada de una visión populista que él remonta al congreso de Avellaneda y que en todo caso ha sido eso lo que ha llevado a muchos radicales a acercase al kirchnerismo pues ambos tienen posiciones y pensamientos afines.

Macri en Córdoba

En el caso de Córdoba, el radicalismo podría dotar a Macri de una imagen más política que la lograda hasta el momento por el líder del PRO. La imagen de los candidatos potenciales con los que coquetea Macri en Córdoba, es pobre y frívola. La idea de un empresario que selle este acuerdo con su candidatura es, ciertamente, mucho mejor. Es probable que en el año y medio que falta de gobierno K, el deterioro sea de una dimensión tal que pueda contagiar su desprestigio al peronismo no K, por un lado, y a la clase política en general por otro lado.En un escenario tal, la figura de un incontaminado outsider  podría ser bendecida por una porción mayoritaria de votos.

Como fuere, es claro que la estrella de Macri describe por el momento una trayectoria ascendente. Mientras Scioli insiste en la adhesión a Cristina hasta el final de su mandato, Massa se interna en un discurso vacuo que busca adhesiones más que de coherencia, es la figura de Macri la que se despega de mundo peronista que no puede formar un polo anti K que resulte creíble y respetable.

La alianza Macri-radicalismo (a la que se puede sumar lo que quede del juecismo), puede dar batalla por el poder en Córdoba. Pero eso no se extrae tanto de lo ocurrido el domingo en Marcos Juárez sino de un repaso del contexto nacional y de la evaluación de su valor potencial para aquellos partidos que se animen a enfrentar al populismo en sus diversas variantes.