Las reformas de Bachelet y Peña Nieto

Por Rosendo Fraga
para nuevamayoria.com

2014-09-08BACHELET_webPara cualquier Presidente, lograr que el parlamento apruebe las reformas que impulsa -sobre todo si generan resistencias- es un éxito político. En México y Chile, los presidentes que están en la primera parte de sus mandatos están realizando en paralelo un programa de reformas ambicioso: la fiscal y la educativa son comunes en los dos países, aunque la orientación sea diferente. Las reformas de Peña Nieto apuntan a modernizar al país en línea con los requerimientos de un mundo globalizado y son aplaudidas por los mercados. En el caso de Chile, la orientación pareciera ser la contraria: las reformas buscan moderar o reducir la adecuación de Chile a un mundo globalizado. Peña Nieto busca acelerar una marcha demorada; Bachelet, quizás, busca demorar una marcha que en su visión pudo haber ido demasiado lejos.
La desigualdad es la gran asignatura pendiente del capitalismo globalizado del siglo XXI, que ha logrado bajar la pobreza pero no reducir la desigualdad. Además, Chile es uno de los países de la región donde el ascenso social es más lento o más difícil. Es lógico que una Presidente socialista trate de atacar este problema. En todo caso, la cuestión es si el momento económico es el adecuado para hacerlo. Quizás la paradoja es que en su mandato anterior, Bachelet tuvo una bonanza económica que le hubiera permitido avances hacia una mayor igualdad sin alterar la economía. La cuestión es que, en su segundo mandato, el ciclo de las materias primas que tanto favoreció a la región en los años recientes se ha reducido. Bachelet puede estar intentando un giro hacia una mayor distribución cuando la economía está creciendo menos.
México por su parte ha buscado el acuerdo de las tres fuerzas políticas más importantes para avanzar en las reformas. Lo ha hecho mediante el “Pacto por México”, que es el acuerdo para realizar las reformas (energética, educativa, fiscal, de comunicaciones, etc.). Este acuerdo permite incluso el disenso. Por ejemplo, la izquierda no votó la reforma energética, que fue votada sólo por el PRI y el PAN, pero el PRD votó la reforma de las comunicaciones. Pienso que es mejor el modelo el mexicano que el chileno, donde las reformas se plantean directamente en la dialéctica política oficialismo-oposición.
Hay veces que los gobiernos deben tomar medidas impopulares. Volviendo al ejemplo mexicano, la reforma energética -que permite por primera vez la inversión extranjera en este sector que fue nacionalizado en los años treinta- se realizó, pese a que el 57% de la opinión pública está en contra y sólo 36% a favor. Pienso -como Peña Nieto- que es una reforma necesaria, aunque la mayoría de los mexicanos no la acompañe. En el caso chileno, quizás la discusión sea si la reforma fiscal, que en principio apunta a disminuir la desigualdad, va a ahogar o no un crecimiento que ya es menor que en el pasado.
En México, Peña Nieto explicitó sus reformas principales en la campaña electoral. En el caso chileno, las reformas fueron menos explicitadas. Pero esto también responde a la necesidad de una estrategia política. Es común que un candidato trate de sumar votos en la campaña y para ello evite precisiones que pueden reducirlos. Respecto a la economía, la cuestión es que Bachelet corre el riesgo de aparecer girando un poco a destiempo hacia un modelo económico más populista, que en sus versiones más extremas ha entrado en crisis en Venezuela y Argentina y en su versión más moderada ha entrado en dificultades en Brasil.
Bachelet a su vez pareciera querer recuperar el tiempo perdido, en el sentido de haber hecho un gobierno anterior demasiado conservador cuando otros líderes de la región lo hicieron más reformista, distribucionista o populista. Su riesgo es asumir notas de estos modelos justo cuando ellos están mostrando sus limitaciones y fracasos.
En cuanto a la Presidenta argentina, para ella Bachelet es un modelo de estrategia política. Ve en ella su modelo para dejar el poder en 2015 y retornar en 2019, tras cuatro años de un gobierno de centroderecha que sea eventualmente ejercido por un empresario volcado a la política, como sería el caso de Mauricio Macri.