Baldazos reveladores

Por J.C. Maraddón
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Retro TVDesde esta misma página, en el momento en que se verificó su irrupción, dimos cuenta de la envergadura de ciertos fenómenos mediáticos que –disimulados bajo la fachada de una moda pasajera- entrañaban severos cambios en la forma en que se imponían las tendencias globales. Calificados como “memes”, se expandieron a través del fértil terreno de las redes sociales hasta instalarse como tema obligatorio de consumo, de conversación y de interacción para todos, sin distinción de países ni clases sociales.
En julio de 2012 explotó el video “Gangnam Style” del coreano PSY, un opus de ritmo poderoso y coreografía bizarra al que en las regiones de habla hispana se lo conoció como “el baile del caballo”, por el modo en que se movía su intérprete, como si estuviera cabalgando. Ha pasado poco más de dos años pero parece que hubiera transcurrido un siglo desde que miles de personas se lanzaron a imitar ese guiño a la equitación, en imágenes virales que recorrieron de ida y vuelta las redes de computadoras.
En febrero de 2013, un nuevo tsunami virtual iba a arrasar con todo: el llamado “Harlem Shake”, más ocurrente y efectivo que el “Gangnam Style”, fue repetido sin fin en todo el planeta hasta tal punto que resultaba difícil saber quién había sido el primero en lanzar la iniciativa. Del “baile del caballo” se sabía el nombre del autor, pero el “Harlem Shake” implicó una vuelta de tuerca sobre el asunto, al desatar una fiebre mundial sin que se conociera a ciencia cierta quién era el responsable del revuelo.
Uno de los denominadores comunes entre ambos hallazgos audiovisuales fue lo breve de su apogeo. En pocas semanas, alcanzaron una figuración desmesurada y despertaron una adhesión masiva que parecía no tener límite. Sin embargo, tan rápido como llegaron, terminaron desapareciendo de las pantallas, sin que nadie presentara quejas al respecto. No hubo multitudes que reclamasen por su pronto retorno a la web, ni grandes expectativas acerca de una segunda parte que superase a la primera, como ocurre con los sucesos cinematográficos, por ejemplo.
Y es que se trataba de productos únicos, de naturaleza demasiado particular, que no admitían una nueva instancia de consagración, ni en el mismo ni en otro formato. Se agotaban en sí mismos en el momento indicado y las pinceladas del olvido cubrían su superficie hasta ocultarlos por completo. Por lo visto, sólo otro meme sería capaz de tomar esa posta y volver a demostrar de qué la van estas modalidades tan típicas del siglo veintiuno.
Y así fue como 2014 nos tenía reservado el “Ice Bucket Callenge”, una campaña solidaria que se disparó desde los Estados Unidos y que ha llevado a miles de personas (famosas o no) a echarse por la cabeza un balde de agua helada, para registrar esa proeza en video y compartirla en las redes sociales. A diferencia de sus predecesores, este virus virtual se propone una finalidad tan loable como lo es recaudar fondos para una fundación dedicada al estudio de una enfermedad degenerativa, la esclerosis lateral amiotrófica. Se supone que además de multiplicar los baldazos, la campaña debía promover donaciones, pero este segundo propósito no fue tan exitoso.
Lo cierto es que, más allá del agua derramada, una suposición se ha vuelto certeza. Y es que la televisión, aquel medio de comunicación que hasta no hace mucho monopolizaba los procesos de imposición de nuevas tendencias, empieza a ceder ese trono de manera irreversible. Ahora, la tele va detrás de lo que circula en internet. Un síntoma de los tiempos que corren, en los que la gloria es tan efímera como un cubito de hielo.