Cristina y el peronismo “del 45”

Por Daniel V. González

538f16c15c5d0Pese a gobernar durante más de diez años en un contexto altamente favorable, el kirchnerismo se apresta a cerrar su ciclo dejando al país con complicaciones impensadas.
El canje de deuda “más exitoso de la Historia” está derrapando hacia un fiasco completo, si tenemos en cuenta los resultados concretos que hemos obtenido y el escenario real a que ha sido llevado el país como resultado de aquella negociación.
Como consecuencia de este canje “exitoso”, el país está nuevamente en default y, por lo tanto, subcalificado para recibir inversiones y préstamos.
Pero no sólo eso. Hemos recuperado un nivel de inflación en la franja del 35/40%, que nos coloca en el top five a nivel mundial en materia de aumento de precios. Como sabemos, la inflación es una tragedia que erosiona la economía y siembra de conflictos la vida cotidiana.
Otro regalo que nos dejará este gobierno es el desequilibrio en materia energética, que supone importaciones netas que oscilarán en la franja de 7.000 a 10.000 millones de dólares. Una verdadera hipoteca difícil de revertir en el corto plazo.

Con Néstor estábamos bien
Entre los ex kirchneristas abundan los que rememoran con nostalgia los años de Néstor Kirchner. Dicen: “¡Néstor sí que sabía gobernar! No era como Cristina, que ha complicado todo. Néstor tenía superávits gemelos, el país crecía, la inflación no era tan alta, el dólar no estaba tan bajo…¡todo estaba bajo control!”.
En realidad, la realidad económica actual es la consecuencia natural de la política económica desarrollada en los años de Néstor Kirchner. Probablemente Néstor hubiera sido un poco más prudente y no hubiera dejado que todos los tornillos se aflojaran a la vez. Hubiera hecho un ajuste aquí y allá pero sustancialmente habría obtenido resultados similares a los que está cosechando su señora esposa, la presidenta de la Nación.
Para llegar a donde estamos llegando, necesitábamos el período florenciente de Néstor. O, dicho de otro modo, los años gloriosos de Néstor, aquellos que todos recuerdan como los más prósperos y carentes de problemas de la década, son los que han llevado al país a su situación actual, asaz complicada.
Es el sino del populismo, que podría sintetizarse de este modo: en un escenario de recursos abundantes, se llevan a cabo innecesariamente políticas expansivas, subsidios y derroches que significan dilapidación de recursos, renace la inflación, los recursos no alcanzan y se hace necesario un ajuste que resulta doloroso para los sectores más postergados.
Eran muchos los economistas que advirtieron acerca de la evolución previsible de la economía. Pero el gobierno estaba entusiasmado con los resultados obtenidos hasta ese momento, que resultaban de la malversación de una oportunidad histórica para la realización de obras y emprendimientos que solidificaran la situación del país por largos años.
Es que la tentación del poder es grande: la abundancia de recursos se dilapida en la obtención de apoyos políticos fáciles, a través del despilfarro en subsidios que suponen un alivio efímero para la situación postergada de amplias franjas de la población pero que, en el mediano y largo plazo, pueden visualizarse claramente como una dilapidación estéril de recursos.

Los años de Perón
A muchos peronistas “clásicos” no les gusta la comparación. Pero la situación actual tiene muchos puntos de comparación con el peronismo de la primera época, el de los años dorados que van del 45 al 50. En esos años, Argentina era una fiesta. También entonces el país vivió momentos de prosperidad fundados en una situación privilegiada en materia de recursos (“los pasillos del Banco Central llenos de oro”).
En aquellos años, igual que ahora, los problemas llegaron cuando los recursos tornaron insuficientes. Pero entonces Perón, a diferencia de Cristina, intentó rectificar el rumbo. Este intento fue truncado por su derrocamiento. Pero quedaron señales claras de la firmeza de su intento.
En el Segundo Plan Quinquenal, Perón reformuló claramente muchas de las políticas desarrolladas durante su primera presidencia. Decidió convocar a la inversión extranjera para extraer el petróleo pues entendía que YPF carecía de capitales y tecnología para hacerlo. También cesó con la política de estatizaciones y fundación de empresas públicas, llamó al Congreso de la Productividad para buscar asociar los aumentos de salarios con la eficiencia productiva
y establecer una mayor disciplina laboral, hizo aprobar una ley de Inversiones Extranjeras buscando atraer capitales al país. En materia de política exterior, intentó un acercamiento con los Estados Unidos.
Cristina, en cambio, realizó otro cálculo. Si bien al poco tiempo de asumir su segundo mandato intentó corregir algunos aspectos de su política económica, tras el fallo de Griesa decidió quemar las naves. Quizá pensó que puede continuar hasta el final de su mandato sin llevar a cabo rectificaciones importantes. Ellas resultarán inevitables para el próximo gobierno. El intento de continuar hasta el final con esta política supone creciente emisión monetaria, recesión e inflación. Llegar hasta el final del mandato por esta vía, sin ajustes, será sumamente complicado y se coqueteará con el estallido.
Como Cristina no querrá que las complicaciones se carguen a su cuenta y tampoco a la de Kicillof, a quien mira con embeleso intelectual, entonces intentará que sea el próximo gobierno el que se haga cargo. O Griesa.
¿Lo conseguirá? ¿O la fragilidad de la situación derivará hacia un agravamiento más evidente antes del final de su mandato? De esto depende claramente su futuro político y el del kirchnerismo.
Pero, además, si esa situación de deterioro manifiesto llega durante el mandato de Cristina, entonces habrá abundante material para discutir si el fracaso de esta política es exclusiva propiedad del kirchnerismo o también involucra al intocable peronismo “clásico”.
El del 45. El de Perón y Evita. Se vienen meses apasionantes.