El default en su marco histórico, regional y mundial

Por Rosendo Fraga
para nuevamayoria.com

0003039284Algunos analistas internacionales sostienen que este default o “cesación de cobros” -como comienza a decirse en el oficialismo- es el octavo en la historia argentina: hubo dos en el siglo XIX, cuatro en el XX y dos en el XXI. Hay opiniones que elevan incluso su cantidad a diez. De acuerdo a ello, no se trataría un hecho excepcional para el país, sino una suerte de recurrencia.
Pero la visión histórica muestra que la cesación de pagos ha coincidido con crisis políticas de envergadura. El primero fue en 1827. Al año siguiente se produce el fusilamiento de Dorrego y se precipita una sangrienta guerra civil, que terminará llevando a Rosas al gobierno con la “Suma del Poder Público”. El segundo tuvo lugar en 1890 y generó tres años de fuerte inestabilidad política: se inicia con la revolución que ese año produjo la renuncia del Presidente Juárez Celman y se cierra con la revolución de 1893.
En el siglo XX, el primero fue en 1951, año en el cual Perón en su primera presidencia enfrenta el primer intento de golpe militar en su contra -que fracasa- y las huelgas obreras que lo desafían -y que reprime con energía-. Seis años después, en 1956, tiene lugar el cuarto “default” durante el gobierno de facto denominado “Revolución Libertadora”. Ese año tiene lugar la “contrarrevolución” peronista que es reprimida con fusilamientos.
Un cuarto de siglo más tarde, en 1982, tiene lugar el sexto, en el año que Argentina es derrotada en Malvinas y se inicia la etapa final del último gobierno militar. Al finalizar la misma década, en 1989, se declara el sexto default, que coincide con la hiperinflación y la entrega anticipada del poder por parte de Alfonsín.
Entrando en el siglo XXI, el séptimo default es el de 2001, que coincide con los saqueos, los cacerolazos y la renuncia de De la Rúa a la Presidencia. Ahora se da el octavo y tiene lugar al final del segundo mandato de Cristina Kirchner. Como hemos visto, la historia señala que este tipo de situación económica suele coincidir con crisis políticas y sociales. No es inexorable que así sea, pero puede serlo.
En la visión regional, de los veinte países de América Latina, el único que ha caído en default desde 2001 ha sido Argentina y lo ha hecho dos veces. Puede ser un hecho frecuente en la historia argentina, pero no lo es en los últimos años en el ámbito regional. Ecuador entró en default en 2000 y desde entonces no volvió a incurrir en esta situación, aunque postergó pagos en 2008. Mientras Argentina vuelve a entrar en default -por lo menos para las discutidas calificadoras de riesgo y los bancos y fondos que definen el pago de los seguros de default-, Paraguay coloca deuda en dólares de largo plazo al 6% y Bolivia lo hace al 4,5%. En consecuencia, no es para nada frecuente que un país latinoamericano entre en default en el siglo XXI.
En la visión global, el default tampoco es algo común en el siglo XXI. La situación había sido diferente en la última década del siglo anterior y el caso de Rusia quizás sea el más relevante. Dadas las bajas tasas de interés en el mundo y el auge de las materias primas que favorecen al mundo emergente, casi no ha habido países en default en el siglo XXI. Algunos han tenido que renegociar sus deudas, como fue el caso de Uruguay a raíz de la crisis que sufrió a consecuencia del default argentino de 2001, o los casos más recientes de Grecia y Ucrania, que también lograron reestructurar sus deudas.
En el continente con mayor porcentaje de pobreza, que es África, media docena de países ha colocado deuda en los últimos meses a tasas de interés en torno al 6%. Una de las excepciones ha sido el Congo Brazaville, que la Presidenta ha mencionado poco felizmente como argumento a favor del caso argentino la semana pasada.
Políticamente, todo aquel que en el mundo quiere limitar el poder de EEUU da algún tipo de respaldo al reclamo argentino para no cumplir la sentencia del juez Griesa, aunque ello no implique ninguna acción concreta de solidaridad en lo económico.
Hay voces en el mundo occidental que respaldan la posición argentina y una de ellas es la de Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía. Sin embargo, hay que señalar que, al igual que Stiglitz, hoy hay tres decenas de economistas vivos que han recibido esta distinción.
La historia muestra que Argentina ha tenido cierta recurrencia hacia el default, pero que esta situación no se ha registrado en los demás países de América Latina en lo que va del siglo XXI y los casos en el mundo han sido excepcionales desde 2001. Planteado en estos términos, no debe olvidarse que hasta ahora todas las cesaciones de pagos han coincidido con graves crisis políticas, las que han cambiado de acuerdo a los tiempos y las circunstancias.