Entrevista a Francisco Tamarit: “Nunca tuve pertenencia partidaria”

0 slide - copiaPor Jorge Camarasa

 -¿Me pongo el saco, o así está bien?- le pregunta al fotógrafo.
Francisco Tamarit -pulóver azul oscuro y pantalón gris, camisa blanca a rayas finitas, anillo de casado en el anular de la mano izquierda-, juguetea con una lapicera mientras convida con mate.

Su despacho en el segundo piso del Pabellón Argentina de la Ciudad Universitaria,es un ambiente rectangular y luminoso. Al fondo está su escritorio, frente a las grandes ventanas hay bibliotecas y un televisor, y en el centro un juego de living custodiado por la bandera argentina y la de la UNC.

-¿Extraña la cátedra?

-Uy, muchísimo… Hasta hace un año y medio daba clases. Podía, aunque era decano. Hoy, lo único que me queda es la supervisión del doctorado de dos alumnos. ¡Claro que extraño! Me gustaría volver.

Tamarit (Avellaneda, 1961, hincha de Racing) es un doctor en Física especializado en neurociencias, y desde marzo de 2013 rector de la Universidad Nacional de Córdoba, la mítica Casa de Trejo cuatro veces centenaria.

Hasta principios del año pasado, cuando asumió tras una elección indirecta que él mismo critica y con la que promete terminar, Tamarit era el decano de la facultad de Astronomía, Matemáticas y Física, donde había hecho casi toda su carrera académica.

-La Famaf y Química son como las joyas de la abuela, ¿no?

-Estoy orgulloso de pertenecer a Famaf…Con Química, y tal vez con Derecho, son de las facultades que tienen fama de ser más prestigiosas, y yo quiero jubilarme en Famaf. Pero en todo caso, en la universidad tienen que convivir todos los modelos académicos.

En marzo del año pasado, después de dos períodos como rectora de Carolina Scotto, una doctora en Filosofía especialista en Ludwing Wittgenstein y la semántica de los conceptos mentales, Tamarit la sucedió en el cargo tras ganarle la elección al radical Alfredo Blanco. Desde 2007 la Universidad era conducida por Cambio Universitario, una alianza entre independientes, radicales y peronistas de izquierda que finalmente naufragó en las aguas revueltas de kirchnerismo y antikirchnerismo, y Scotto asumió como diputada nacional por el Frente para la Victoria, cargo al que renunció a los seis meses para regresar a la cátedra.

-Tamarit, a usted le queda otro mandato, todavía. ¿Va a ir de nuevo por el rectorado?

-No sé, pero puede ser.

-¿O la candidata del espacio será otra vez Scotto, ahora que está de vuelta?

-No la veo, no creo que le interese… Carolina está muy bien con su Wittgenstein, y además me parece que está dirigiendo un doctorado. Así que no sé, no creo…

-Parece que la está sacando de competencia, usted. Ella era la candidata del consenso en Cambio.

-Sí… Ella, Hebe Goldenhersch, Ana Alderete…

-Pero al final, el candidato fue usted. ¿Por qué se rompió Cambio Universitario?

-Se rompió porque había muchas tensiones externas. La candidatura de Alfredo Blanco era una candidatura partidaria, y aunque él y yo pensábamos muy parecido sobre la universidad, no se pudo resolver la sucesión y nos separamos.

-De usted también se dice que es “partidario”. Que es K.

-Yo nunca tuve una pertenencia partidaria. Fui un dirigente universitario, no político. Pero claro que avalo muchas cosas de este gobierno: la política de derechos humanos, la política exterior, la de inclusión social…

-Bueno, ya con eso parece más K que algunos funcionarios nacionales.

-Pero no corresponde que me defina políticamente. Además, pensar que los que me votaron lo hicieran porque soy K… Sería menospreciarlos a ellos y a mí.

-¿Se va a rearmar Cambio, o es un proyecto que ya se terminó?

-A mí me gustaría que se  rearmara, volver a la unidad… Los que estaban en el espacio siguen siendo mis amigos. Como John Boretto, por ejemplo. Él sigue siendo mi amigo John de siempre…

-¿Y con De la Sota cómo se lleva? Políticamente, parecen representar dos modelos distintos.

-A De la Sota lo vi tres veces. Siempre fueron conversaciones amigables, cordiales, para reconstruir el vínculo entre la universidad y la provincia.

-¿Y nunca discutieron de política?

-Es que siempre hablamos de políticas públicas, y en eso estamos todos de acuerdo. Igual que con el intendente Ramón Mestre…

-¿Qué son, en este caso, políticas públicas?

-Las que permiten que la universidad se articule con la jurisdicción. Los profesionales que se reciben tienen que trabajar en la provincia, la universidad está en Córdoba y se tiene que ensamblar en ese ámbito.

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La Universidad Nacional de Córdoba tiene el tercer presupuesto en la provincia, después de la Gobernación y la Municipalidad de la Capital. Fundada por los jesuitas en 1613, con trece facultades, ciento veinte mil alumnos, casi diez mil docentes y tres mil no docentes, una veintena de bibliotecas y dos colegios preuniversitarios, egresan de ella siete mil estudiantes por año.

-¿Para qué sirve la universidad? Quiero decir: ¿cuántos de esos siete mil egresados, sumando todas las facultades, consiguen trabajo enseguida?

-¡Ah, no… No todos! Pero la universidad pública no puede limitar los ingresos. Lo que hay que hacer es fomentar las carreras de acuerdo a las necesidades del país. Pero volviendo a para qué sirve: sirve para transmitir los saberes y para formar a las personas que los puedan aplicar.

-¿Y cómo se vincula concretamente con la sociedad?

-Cada vez más la universidad sale hacia la gente. Tenemos en marcha proyectos para la recuperación de la red ferroviaria de la provincia, para acercar la ciencia y la tecnología a los colegios secundarios, para lanzar la primera agencia de comunicación de la ciencia y un laboratorio de reproducción asistida… Y le doy un ejemplo que me pone muy orgulloso: hace poco firmamos un convenio con la Cámara de Diputados de la Nación, donde les proveemos la capacitación para una diplomatura universitaria en gestión legislativa. Son acuerdos con la provincia y con la Nación que firmamos con distintos ministerios y dependencias oficiales.

-¿Solamente K?

-No, no, también con la provincia…

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En 1995, Francisco Tamarit fue nombrado por la Bolsa de Comercio uno de los Diez Jóvenes Sobresalientes de Córdoba. Para ese año ya se había doctorado y post-doctorado en Física, en Brasil y en Córdoba, y luego sería investigador principal del Conicet en algo tan difícil como “propiedades dinámicas de sistemas magnéticos, redes neuronales y otros sistemas complejos”.

-Entonces, ¿aplican las leyes de la Física para dirigir la universidad?

-No… Las neurociencias y la gestión son dos mundos distintos. Para dirigir la universidad hace falta política, pero a los científicos no nos ha ido tan mal.Fíjese que el de Córdoba es un caso particular. El primero en traer científicos acá es Sarmiento; después llegan los naturalistas, y ya a mediados del siglo XX, en la década del ’60, más naturalistas y científicos sociales. Es un fenómeno parecido a los de La Plata y Tucumán, pero con sus particularidades.

-Será por eso lo del prestigio de Famaf y Química…

-Sí, puede ser. Lo que pasa es que éste es un país pobre, pero con desarrollo científico. Tenemos los saberes técnicos. Entonces, hay que combinar la ciencia y la investigación con la gestión.Lo que más cuesta es innovar.

-¿Y qué innovaciones va a hacer en la gestión?¿El próximo rector va a salir por elección directa?

-Bueno, me comprometí a trabajar para eso cuando asumí el rectorado, y lo estamos haciendo. No es algo que dependa únicamente del rector sino de la Asamblea Universitaria, que preside el rector pero está formada por los concejos directivos de las trece facultades.

-¿Y habrá facultades de Ciencias Sociales y de Ciencias de la Comunicación?

-Lo resuelve el mismo órgano: lo tiene que decidir la Asamblea.

-¿Se terminó el conflicto de los docentes del Belgrano y el Montserrat, los dos colegios universitarios?

-Espero que sí, pero ese conflicto no depende de nosotros y sólo podemos tratar de mediar. Es un conflicto salarial entre el gremio que los agrupa, el Adiuc, y la Nación, que es la que paga los sueldos.

-Dígame de nuevo: ¿en 2016 va a tratar de seguir siendo rector, o va a volver a la cátedra?

-No sé, vamos a ver. Pero ya le dije: me quiero jubilar en Famaf.