Entre globos de ensayos y peleas

Por Gabriela Origlia

Las últimas semanas están marcadas por la confrontación. Del Gobierno nacional con los buitres, con los empresarios –sea por el proyecto de modificación de la Ley de Abastecimiento sea por el intento de aplicación de la Ley Antiterrorista-, con los gobernadores de provincias petroleras por la iniciativa de cambios en la norma del sector y, en la oposición, con los desplantes internos que vive Unen (un nombre que, claramente, no es “un destino” como decía Jorge Luis Borges). El país está inmerso en peleas reales y fabricadas y, a la vez, en una situación económica e institucional cada vez más desgastada.
Envalentonados por una suba en las encuestas sobre popularidad, los funcionarios nacionales profundizaron la estrategia que más les gusta y en la que más cómodos se sienten, la de confrontar; no debatir. Poner al otro en la vereda de enfrente y adjudicar complots y movidas destituyentes por doquier. Era el camino elegido incluso cuando gozaban de picos de popularidad y buena imagen de gestión. Los problemas no surgen nunca a raíz de un error de gestión o de diagnóstico, hay un otro tendiendo una red para catapultar a la Argentina (no sólo al kirchnerismo) al fracaso. Ese otro va desde el “mundo” a la derecha más ortodoxa pasando por aquellos que compran dólares para preservar lo que tienen o los empresarios que alientan la inflación.
En su línea de acción el oficialismo logra imponer agenda, incluso con lo que podrían ser una suerte de globos de ensayo. El planteo de aplicación de la Ley Antiterrorista y la modificación de la de Abastecimiento determinaron que casi todos los actores del escenario político-económico opinen y debatan sobre dos temas en el que, en el primero, se requiere una definición de la Justicia y, en el segundo, un acuerdo en el Congreso que parecería lejano. Mientras tanto, los temas complejos ceden espacio y, por algunos días, salen de escena.
Economistas cercanos al oficialismo insisten en comparar la situación de hoy con el 2003, cuando el kirchnerismo llegó al poder. Un método, al menos, tramposo. Repiten que “ahora” empezarán a verse los resultados de las últimas medidas de Gobierno y reiteran que los críticos no son más que voceros de un desastre que nunca llegan. Plantean el argumento aún cuando nadie dice que se está en una situación similar a la del 2001 ni que hay un estallido en puerta. Los que se marcan son los mismos problemas que vienen hace meses y que no hacen más que profundizarse porque el Gobierno los desatiende.
La suba en las encuestas de la mano de la idea “patria o buitres” será efímera si los ciudadanos siguen viendo cómo su situación económica decae. Hay antecedentes que demuestran que el entusiasmo nacionalista se descascara cuando el bolsillo adelgaza. A la par de esos sondeos están los que marcan que inflación, inseguridad y empleo encabezan las preocupaciones de los argentinos. Una opinión no fue en desmedro de otra.
¿Un arreglo con los buitres (sea porque triunfara la posición oficialista o porque algún privado terminara comprando la deuda) cambiaría la economía? Probablemente no. Los dólares que llegarían serían producto de un endeudamiento y no de inversiones genuinas. Para éstas hace falta confianza y no la hay. Parece improbable que esta gestión logre recrearla a pocos meses de su salida. El endeudamiento sería “pan para hoy y hambre para mañana”, ya que seguramente las divisas irían a sostener una estructura que cruje.